CURRO DÍAZ Y SU CARRERA «MY WAY» LLENAN DE TORERÍA LA CIUDAD DEL SOL

Ayer miércoles, 8 de marzo, el torero jiennense Francisco Díaz Flores “Curro Díaz” fue el protagonista de la segunda cita del VII Ciclo Taurino Cultural de Lorca que organiza el Club Taurino de la localidad con la colaboración del Ayuntamiento de la Ciudad del Sol.

Pese a ser de fuera, Curro tiene una legión de seguidores en la Región de Murcia. Así se hizo patente con la gran asistencia de público a la tertulia moderada por Iñigo Crespo. El Centro Cultura Espín se quedó pequeño para escuchar el pasado, presente y futuro del torero de Linares

Hablar de Curro Díaz es hablar de arte, de personalidad, de un torero de alta costura en tiempos de toreros fotocopiados. Es por eso que hace las delicias de los aficionados que quieren beber de la fuente de lo distinto.

Desde su nacimiento, Curro sintió la llamada de la grandeza del toreo, no obstante, y como anécdota, su madre lo trajo al mundo en la misma habitación del hospital de los Marqueses de Linares en la que murió Manuel Rodríguez “Manolete”.

La pasión por los toros la heredó de su padre, al que considera un gran aficionado. Curro se deshizo en elogios a su progenitor que desde bien pequeño le enseñó la grandeza y distinción de los toreros que han nacido en su localidad: José Fuentes, Palomo Linares y Curro Vázquez. Cada uno con sus cosas “distintas” y todos ellos espejos donde mirarse.

Para Curro, torear es vivir: “Uno siempre sueña con torear, con la búsqueda constante de interpretar el toreo despacio. Un día, sin saber por qué, todo surge. Por eso es mágico el toreo. No sabes lo que va a pasar”. De hecho, calificó su carrera como la canción de Frank Sinatra: “My Way”, a su manera. El torero también expresó que su concepto del toreo es como las letras en la caligrafía: “Altas, derechas y encajadas”. En este sentido siguió: “La técnica también es importante, pero no debe ser la base fundamental del toreo”

El de Linares, pese a tener el sello de torero artista, se ha curtido en su dilatada carrera matando infinidad de corridas duras. Se ha salido de la norma establecida y ha conjugado estilista con el torismo. Ya desde bien joven bailó con las novilladas más exigentes en el Valle del Terror y por Francia. Tras tomar la alternativa en 1997 en su Linares natal, el impulso a su carrera le llegó con un toro del Cura del Valverde en su confirmación de alternativa y en la repetición, en plena feria de San Isidro de Madrid, con un toro de Cuadri. En esta época destacó el nombre de Ignacio González (su apoderado por aquel entonces), como un hombre fundamental para lograr todo lo que ha conseguido.

Luego le llovieron los triunfos en plazas de importancia como Logroño, Bilbao, Dax, Vic-Fezensac o Azpeitia. También en Madrid, donde consiguió salir a hombros en dos ocasiones. La plaza de Las Ventas, a la que vuelve el próximo domingo de resurrección, centró por momentos la plática. El torero engrandeció la primera plaza del mundo, sin ocultar la exigencia brutal de su público: “Madrid es como una novia que te hace pasarlo mal, cuando estás con ella quieres que se vaya y cuando no estás con ella quieres tenerla a tu lado”, añadiendo que: “Gracias a Madrid los toreros son capaces de enderezar su carrera, sin duda, es la plaza más justa. Hay días que no nos hemos entendido y otros que se han entregado conmigo”.

Linares también salió a la palestra al considerar que: “Es la plaza que más me aprieta. Se que me quieren, pero quiero que me sigan queriendo”.

Ramón Valencia se llevó un recadito. Y es que este año Curro tampoco aparece en los carteles de La Maestranza: “Yo en Sevilla tengo mi público, considero que no ponerme es de torpes”.

El momento emotivo de la charla llegó con el recuerdo a Iván Fandiño. Curro, que tenía una gran amistad con el León de Orduña, reconoció que su desaparición le afectó: “Le tenía una admiración tremenda. Me entendía de maravilla y conecté con él y sigo manteniendo amistad con su apoderado, Néstor. A él sí que le partió por la mitad el injusto fallecimiento de Iván”. Motivo de esa estrecha relación, y en su homenaje, el de Linares le puso a su hijo Curro Iván. El pequeño ya le ha dicho a su padre que quiere ser torero, pero, de momento, Curro está tranquilo.

La cornada de un toro de Salvador Domecq en Sevilla en 2011 supuso un antes y un después en su carrera por lo que le supuso de sacrificios para poder volver a torear, pese a haber asumido que tenía que tirar la toalla y abandonar la profesión por las secuelas que le acarreó en la pierna y el pie derecho. Toreó con una prótesis hasta que decidió quitársela después de torear un festival en Lorca a beneficio de la Mesa Solidaria por el terremoto que asoló la Ciudad del Sol: “O me la quitaba, o me iba a quedar cojo para siempre”

Para acabar, y referente a su temporada 2023, Curro Díaz dijo estar pasando momentos de incertidumbre hasta ver si van saliendo contratos. De momento, se lo juega todo en Madrid el 9 de abril.

A la tertulia acudieron los concejales de Cultura y Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Lorca, María Ángeles Mazuelos y José Luis Ruiz Guillén y los portavoces del Partido Popular y Vox, Fulgencio Gil y María Carmen Menduiña, acompañados de miembros de su formación política. Entre la gente del toro destacó la asistencia del banderillero de Torre Pacheco, David Lorente, amigo del protagonista del acto.

@elmuletazo

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