MILAGRO EN EL COSO DE LA ERA

Estaba cuajando Ureña al cuarto toro de Juan Pedro, toreando para él, sintiendo el toreo al natural, templado, de verdad. Para calentar al personal se fue por “manoletinas”, el toro se revolvió, tropezó con el torero y este cayó al suelo, a merced del animal. Las cuadrillas no pusieron el turbo, hubo demasiada lentitud, y el Juan Pedro zarandeó a Ureña de escalofriante manera. Parecía que el pitón había calado por la pantorrilla derecha y el glúteo de Paco. Se repuso como pudo, sin aire, sin fuerza. Mató al animal con acierto y la emoción vivida desembocó todo en el premio de las dos orejas y el rabo. No paseó los trofeos y se fue a la enfermería donde el doctor Ricardo Robles no le apreció cornada alguna, solo un posible esguince de la rodilla derecha.

Cuando nadie esperaba que saliera a matar al sexto, el de Lorca tiró de fuerza, de valor, de compromiso con su compañero “Rafaelillo”. Paco quería un final de fiesta feliz, una foto final a la altura del gran torero que conmemoraba su XXV aniversario de alternativa. De su amigo del alma. Paco se abrió de capa de buena manera, el burel negro le tropezó los trastos en uno de los lances, el torero cayó al suelo y se levantó presto a tomar el olivo, pero resbaló, y el toro, vestido de parca, se fue hacia él buscando las puertas de San Pedro. Lo estampó contra la barrera y el sonido heló la fiesta, para más horror, le pasó el pitón por la yugular y un nudo se hizo en el estómago de todos los presentes. La tragedia sobrevoló Abarán a las ocho de la tarde.

Las caras del callejón eran como las de María al ver clavar a su hijo en la cruz, en los tendidos se mojaban pañuelos como las antiguas fotos de Chavela Vargas. Drama puro, como el toreo del lorquino.

Ya en la enfermería, el suspiro de alivio. Dios estaba cerca. El milagro estaba presente. La firma, unos varetazos en el pecho y una costilla rota.

ÚLTIMA HORA DEL ESTADO DE SALUD DE PACO UREÑA:

Por Fran Pérez @frantrapiotoros

Fotos: Paco Sastre, Pedro Laforet y Toromedia