“SE VEÍA VENIR” por Marcial García

No hay nada peor que tener memoria y recordar las cosas pasadas, los dichos, las declaraciones, las fotos…

            Uno, al que por ahora parece que la edad no le ha pasado mucha factura, se precia de recordar cosas y casos. Y recordando algunos, me entra la flojera.

            Estas y otras reflexiones que callo, por razones varias, entre ellas ciertas insinuaciones sicilianas, me dan flojera. Pero, a pesar de eso voy a ver si doy tres cuartos al pregonero.

            Antes que se hiciese la presentación oficial de la feria septembrina de la capital del Segura, comenté con amigos que, conociendo el paño que unos y otros tenían en el arca, pues que no. Que a mí no me entraba en el caletre que se diera tal evento, sobre todo después de tanto yermo y pedrisco que había endurecido el ruedo condominero.

            Cuando, a bombo y platillo se hizo la presentación, a algunos les faltó tiempo “pa refregármelo por la trompa”. Acepté el sopapo, pero les invité a apostar conmigo sobre la celebración real de lo anunciado. Lógicamente, como los escribas y fariseos que llevaron a Cristo la prostituta para que la condenara, uno tras otro, calladamente, se fueron escabullendo.

            Ahora (aunque tengo noticia de radiomacuto desde el jueves), cuando ha salido la nota oficial de la empresa-propiedad, Toros Sureste, aún con el resabio de conocer el proceloso mundo en que se mueve, por una vez y sin que sirva de precedente estoy de acuerdo con el propietario-empresario, sobre que la suspensión es lo más adecuado para sus intereses, que, lógicamente no son los de la afición.

            Lo que ocurre es que, a estas alturas, después de décadas de palmas de tango, de limpieza de corrales y de “enmojamados”, uno duda que tal cosa -la afición- exista a estas orillas del milenario Thader. Pero aun así, con duda y todo, apoyo el espíritu empresarial del dueño

            Y lo apoyo por:

-1º) Que la plaza es suya, que estamos en una sociedad de libre mercado y que el parné arriesgado, en buena parte, es suyo.

-2º) Que sus “amigüitos” se la han jugado bien, metiendo ese nvmervs clavsvs en el aforo, sin parar a pensar en otras cosas (que tendría todo el derecho de pensar este servidor).

-3º) Que los hechos consumados han llevado a que a La Condomina no van ya ni los de capaza y bota por todo argumento taurino. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por el Bojal, con el tema del aforo, me voy del toro/a/e. Y

-4ª) Que de esta manera me libro de poner a quien casi me han impuesto, también aprovechando lo del Pisuerga, que es un río muy socorrido para estas cosas.

            Dicho esto, señores encargados de “la cosa” ¿Por qué tanto interés con el aforo? Por su manera de actuar en otros campos, está visto que eso de los aforos les importa un pito, de esos baratos, de los del tío del carrico de los globos y golosinas. Si fuera -o fuese- lo contrarío ya habrían puesto coto hace más de veinte años a otros aforos. Sí, sí. Revisen las cosas que se puede medir por aforos y luego me dicen. No me voy a molestar en recordárselos, porque ya habrán gastado el presupuesto de pitos. Pero podría hacerles una nómina bastante larga, casi tanto como la que tienen no registrada de “asesores”, que deben estar ustedes -aunque no lo parezca- muy bien asesorados.

            Ay, qué pena. Tiempos añorados de Alegre, Puchades y Barceló, cuando lo ocurrido en el coso que ideó don Justo Millán Espinosa era un referente para toda la vieja Piel de Toro.

            Volviendo al tema de la suspensión. Comprendiendo, como comprendo, el punto de vista empresarial, hay un párrafo que, como poco, me siembra una duda:

La realidad sanitaria nos obliga a cancelarla como ya sucediera el año pasado, pero desde este momento trabajamos para darle a Murcia una gran temporada en 2022, en la que por fin podamos reencontrarnos en plenitud con la Fiesta de los Toros”.

            ¿Ustedes saben qué es reencontrar en plenitud la Fiesta de los Toros? ¿Piensan dar un giro copernicano en sus tomas de decisiones? Cosas semejantes, la otra parte firmante, lleva más de veinte años prometiendo e incumpliendo.

            ¿A qué llaman ustedes gran temporada en 2022? ¿Sota, caballo, rey y el bufón don Calabazas?

            No señores, no. No es esto. No es esto, como dicen que decía el tornadizo señor Ortega, un poquito hastiado de los desmanes de unos descerebrados, y un muchito porque no lo habían nombrado ministro (o cualquiera otra “asesoría” bien remunerada)

            Por desgracia, se veía venir. Como se dice en mis Cañadas natales, “donde crees que hay marrano, no hay ni estaca”. Esa fiesta del toro que, sobre el papel ponen en mayúscula, luego se convierte en esa mojiganga gazmoña que es el hazmerreír de cualquier feria que merezca ese nombre. Aquí ya no hay conciencia de toreo, y, mucho menos, de gloriosa seña de identidad. Y, los que, según sus soflamas, debieran -o debiesen- velar por la supervivencia de un rito milenario, ni están ni se les espera. (Bueno, a lo mejor para la foto, sí)

¡San Pedro Regalado bendito, ruega por ellos!

Amén

(Cerradas estas léneas me pasa Fran Pérez una nota del señor Abril, diciendo que están dispuestos a oír al propietario-empresario. Pues, desde el jueves ¿qué estuvieron haciendo? ¿Jugando al parchís?).

Por Marcial García