¿Qué fue de la Tauromaquia?

El tiempo apremia. Y abril ya se ha puesto en marcha. Una vez reconquistada cierta calma institucional en el Palacio de San Esteban tras la ruptura del pacto de Gobierno entre el Partido Popular y Ciudadanos, con el grotesco espectáculo de una moción de censura fallida al grito de la nueva revolución: “¡Todos a por la poltrona!”, y que supuso un auténtico terremoto político en España, el ejecutivo de Fernando López Miras no puede continuar anclado en el mutismo y la indolencia respecto a un plan que garantice la viabilidad de los festejos taurinos durante esta temporada.

Más allá de los nuevos escenarios que nos tenga reservados el virus chino, no podemos seguir perdiendo el tiempo aguardando la acción de aquellos políticos que en momentos de imperiosa necesidad no hacen nada por la tauromaquia. ¿De qué ha servido a efectos prácticos que la Asamblea Regional de Murcia aprobara años atrás —por aplastante mayoría, por cierto— la declaración de la Tauromaquia como ‘Patrimonio Cultural Inmaterial’? Pues eso.

Como ya anunciamos días atrás en ‘El Muletazo’, la remodelación del nuevo Gobierno regional, tras la incorporación de expulsados y tránsfugas, no ha supuesto una gran revolución respecto a la tauromaquia. Todo lo contrario. Será Francisco Abril, como director general de Administración Local, quien siga estando al frente de los asuntos taurinos en la Región.

Muchos son los retos por abordar si la Región de Murcia quiere sumarse al plan de revitalización de la tauromaquia que ya apoyan otras comunidades autónomas. Pasada por alto la opción de que Murcia fuera sede de la Liga Nacional de Novilladas, organizada con gran acierto por la Fundación Toro de Lidia, el Gobierno regional de López Miras debe de asumir sin más reparos y de una vez por todas su responsabilidad y garantizar la celebración de espectáculos taurinos con, al menos, un 50 por ciento de aforo.

El sector taurino, uno de los más golpeados por la crisis del Covid-19 y por las nefastas decisiones adoptadas por el Gobierno de la nación, también ha sido completamente olvidado por el Gobierno regional en esta pandemia. El coronavirus ha cambiado tanto el escenario como las reglas de actuación, por lo que urge un ‘plan C’ repleto de previsión, imaginación y capacidad gestora.

Ante este escenario de tan pobre anticipación, que nos abocaría a una segunda temporada en blanco, los espectáculos taurinos se verían amenazados hasta su probable desaparición. La ausencia de un guion de trabajo más o menos garantista, siempre acorde a la situación pandémica, hace imposible la celebración de festejos taurinos en la Región de Murcia al ser económicamente inviables. Además, los ayuntamientos siguen sin poder trabajar en pliegos y fórmulas a la hora de sacar a concurso sus ferias debido a esta pasividad.

Al margen de esta realidad, no podemos obviar la escasa voluntad política del Gobierno de López Miras para ofrecer una solución rápida y efectiva al problema. Mientras el Gobierno regional mira hacia otro lado, el sector taurino se aproxima a ritmo endiablado hacia un punto de no retorno. Calasparra, Blanca, Lorca, Cehegín, Abarán, Murcia, Yecla o Mula son sólo algunas de nuestras ciudades cuya idiosincrasia sigue ligada de manera muy íntima al toro. Por todo ello: sigan alerta. Apuesten por un asociacionismo taurino intransigente que decididamente siga protegiendo la tauromaquia. Este es el único y verdadero salvavidas que conseguirá sostenernos.

Antonio José Candel @AntonioJoCandel