TOROS EN EL TEATRO CIRCO DE MURCIA

A finales de Febrero del año 1899 la ciudad de Murcia se sorprendía por el anuncio de la celebración de una corrida de toros en un escenario distinto al de la plaza de toros de La Condomina.

El empresario Enrique Villar, que impulsó la construcción del coliseo taurino de la capital de la Región, se armó de valor y organizó en el Teatro Circo Villar, de su propiedad, una corrida de toros nocturna para el 2 de abril. Enrique quería estrenar a bombo y platillo la iluminación del edificio y pensó en el espectáculo taurino como la mejor manera para dar a conocer la mejora.

El Teatro Circo Villar inició su actividad en el año 1892. Proyectado por el arquitecto ilunense Justo Millán a rebufo de la corriente parisina de construcción de estas infraestructuras que se expandió por toda Europa, el edificio acogió desde su apertura espectáculos de toda índole para competir con la programación del Teatro Romea. Su magnífica cubierta de 40 metros de diámetro es testigo de espectáculos circenses, ecuestres, veladas de boxeo, espectáculos deportivos y sociales de la época, exhibición de animales salvajes y proyección de largometrajes, entre otros eventos.

Villar pensó que la amplitud de la pista del circo era la idónea para la celebración de un festejo taurino y materializó su idea loca convirtiendo el teatro en una improvisada plaza de toros para competir también con La Condomina. La idea del propietario era celebrar más festejos de la especialidad, así lo reflejan los carteles que colgó por las calles, donde anunciaba la corrida de toros como la inauguración de un nuevo coso taurino.

Para la ocasión anunció a Rafael Bejarano “Torerito”, Antonio Escobar “Boto” y Miguel Báez “Litri” (primer eslabón de la dinastía torea onubense), ante toros de Carmen García y hermanas (antes anunciados como ALEAS).

Lo cierto es que el festejo no causó ningún impacto entre la afición. Un cartel de toreros con poco tirón y unas entradas con precios astronómicos convirtieron la idea en un rotundo fracaso.

La asistencia de público fue paupérrima y el desarrollo de la lidia tampoco fue nada lucido. El improvisado ruedo se les hizo pequeño a los toreros y a sus cuadrillas, acostumbrados a lidiar en espacios más amplios. Para colmo, los toros de las hermanas García fueron unos tíos, excelentemente bien presentados, con muchos kilos y puntas limpias, con lo que el “cangui” sobrevoló durante toda la noche de toros por el teatro murciano.

La corrida de Aleas tuvo de todo, toros regulares con el primero, segundo y el sexto del festejo, un animal extraordinario, el quinto, y otros mansos como el tercero y el cuarto. Entre todos recibieron 40 picotazos, tumbaron 20 veces las cabalgaduras y acabaron con la vida de 14 equinos.

“Torerito”

“Torerito” cortó una oreja al primero tras una faena brevísima compuesta por cuatro pases naturales, tres cambiados y uno con la diestra. Recetó una estocada caída y delantera y paseó una cariñosa oreja, de las que Murcia regala cuando el público quiere iniciar la fiesta.

Con el cuarto estuvo catastrófico y superado por los arreones de manso del animal.

Antonio “El Boto”

“Boto” ejecutó lo mejor de la tarde con el capote en ambos toros de su lote. Realizó una actuación solvente pero con la tizona falló más que con una escopeta de caña. Fue silenciado pero pudo salir a gorrazos del teatro. La buena gente de Murcia lo respetó.

“El Litri”

“Litri” trasteó al mansísimo tercero tomando demasiadas precauciones. Lo mejor fue la estocada honda que ejecutó tras pinchar al primer intento. Recibió las palmas del respetable.

Con el que cerraba el festejo, el onubense estuvo más entonado. Realizando una faena poderosa por ambas manos. Al menos le quitó el sueño a buena parte del poco público presente en la plaza-teatro. Mandó al animal al desolladero de un pinchazo bien señalado y de una estocada al volapié, entrando perfectamente. Paseó una oreja.

Entre los picadores que actuaron en este experimento destacaron Granito de Oro y Cerrajas y entre los subalternos, Rolo bregando y Aragón banderilleando.

El festejo fue presidido con poco acierto, según las crónicas de la época, por el concejal del Ayuntamiento de Murcia D. José Illán.

Tras la experiencia negativa, Enrique Villar pensó que los toros en Murcia eran para la plaza de La Condomina. Algo que se reflejó dos días más tarde, cuando la localidad se vistió de gala para acoger un magno acontecimiento taurino con gentes llegadas de todas las localidades vecinas en donde participaron Rafael Guerra “Guerrita”, Antonio Reverte y Ricardo Torres “Bombita” ante toros de Cámara.

Fran Pérez @frantrapiotoros