CUANDO EL FRÍO NO PUDO CON LA TORERÍA

El 6 de febrero del año 2000, hace hoy la friolera de 21 años, la torería murciana con la firma de ese rubio de Lorca único e irrepetible inauguró la temporada.

Por aquel tiempo la madrileña plaza cubierta de Valdemorillo, donde se celebra la primera feria taurina de importancia del calendario, era todavía un sueño. Allí se instalaba una portátil donde se pasaba más frío que en la Antártida. Los aficionados de Madrid y alrededores llenaban el coso de metal dispuestos a llenar su depósito de afición tras el parón invernal y calentarse con el toreo ofrecido por los espadas que allí se anunciaban.

Como no podía ser de otra manera, la tarde a la que nos referimos era de total expectación. El cartel, que completaban Víctor Puerto y Canales Rivera, lo abría el gran maestro. El ídolo de ese sector de afición que sabe diferenciar lo cotidiano de gourmet. Solo con verle hacer el paseíllo les merecía la pena. La palabra torero se le quedaba y se le sigue quedando corta a Pepín Jiménez.

Lleno en los tendidos y en los chiqueros aguardaban seis toros de Fernando Peña (ganadería de infausto recuerdo por lo que sucedería unos años después en Aranjuez). La corrida salió decorosa, flojita y manejable, algo que aprovecharon los entonces toreros jóvenes Puerto y Canales para desorejar a su primer oponente. Ambos se llevaron los titulares y el triunfo de la tarde, pero el sabor, ese que se recuerda y no se olvida, y ya van veintiún febreros, lo dejó el artista lorquino.

A Pepín Jiménez le correspondieron los toros más duros del festejo. El cuarto violento y agresivo no le permitió esbozar su magia muletera, sin embargo, por las singulares chimeneas de esta localidad madrileña ya había salido la fumata blanca de toreo.

Sucedió en el primero de la tarde. Pronto y en la mano, como le dicen. Jiménez se relejó y bordó dos tandas de naturales con temple impecable de singular belleza. Y entre ese cante grande, unas trincherillas de cartel y una expresión brutal.

No hubo orejas, solo la ovación atronadora del público que el murciano recogió desde el tercio, pero ya había merecido la pena pasar frío y pagar la entrada.

La tecnología muchas veces no le hace bien al toreo porque no es capaz de captar el sentimiento que se desprende al ver al torero desplegar su arte, pero esta vez, David Cordero, consiguió captar al genio saliendo de la lámpara.

Érase una vez la torería.

Fran Pérez @frantrapiotoros

Fotos: David Cordero

Vídeo: TVE