“YO SOY MÁS TORERO QUE TÚ”

Hoy, 14 de enero, se cumplen 20 años de la muerte de uno de los toreros más importantes de la tauromaquia de los años 80, Julio Robles.

Avelino Julio Robles Hernández nació en Fontiveros (Ávila) el 4 de diciembre de 1951. Desde muy temprana edad estuvo en contacto con el campo charro: se vistió por vez primera de luces el 28 de agosto de 1968 en Villavieja de Yeltes (Salamanca). Su paso de novillero por la plaza de toros de Madrid fue arrollador desde su presentación el 10 de junio de 1972.

Tras sus éxitos compartidos en la primera plaza de toros del mundo con el que sería su rival directo, Pedro Moya “Niño de la Capea”, tomó la alternativa en 8 de julio de 1972 en la plaza de toros “Monumental” de Barcelona con Diego Puerta como padrino y Paco Camino como testigo.

Excelente capotero, confirmó la alternativa en Las Ventas el 23 de mayo de 1973, de manos de Antonio Bienvenida y con Palomo Linares de testigo. Entre sus mejores actuaciones en Madrid, destacan las del 18 de mayo de 1975 y el 24 de mayo de 1978, pero sobre todo las de los años 1983, 1985 y 1989 donde consiguió salir por la puerta grande que mira a la calle Alcalá.

Memorables fueron sus tardes de competencia en quites con la figura del toreo murciana José Ortega Cano. Rivales en la plaza y amigos fuera de ella. El pundonor de los dos espadas y su excelente manejo de la labor capotera pusieron la plaza de toros de Las Ventas boca abajo.

Joaquín Vidal, eminencia de la crítica taurina, escribió en el diario El País tras la tarde protagonizada por los dos toreros el 27 de Mayo de 1986:

Hacía falta la competencia en los ruedos, esa que genera pasión en los tendidos y obliga a los toreros a superarse. Hasta ahora, las competencias taurinas se habían dirimido en los despachos de las empresas: “Usted me quita a ese espada del cartel, o el mío no torea”. Era, claro está, una competencia al revés, la negación absoluta de la competencia. La fiesta necesitaba que un diestro de los buenos le dijera a otro “yo soy más torero que tú”, y éste le respondiera lo mismo.

Dos toreros así estuvieron ayer frente a frente en Las Ventas, y se dijeron una cuantas veces “yo soy más torero que tú” con el lenguaje del orgullo, del valor y del arte, que son componentes esenciales de la torería. Corrida adelante enconaron la disputa, y protagonizaron un tercio de quites memorable. Fue en el cuarto toro, que correspondía a Ortega Cano. –

Días después Robles y Ortega se enfrentaron en mano a mano en la Corrida de toros extraordinaria de Beneficencia frente a toros de Rocío de la Cámara.

Al año siguiente, en una corrida de toros celebrada el 2 de junio, el de Fontiveros y el de Cartagena volvieron a enloquecer a la afición con sus quites frente a toros de Felipe Bartolomé. Fue tal su éxito que desde los tendidos, se gritaba, tras el éxtasis sentido: ¡Viva la fiesta!  

Posteriormente, tuvo que interrumpir varias corridas debido a una lesión de abductores y reapareció en mayo de 1988 en San Isidro. Ese año toreó un total de 55 corridas, en las que cortó 33 orejas. En 1989 realizó buenas actuaciones en la Feria del Pilar de Zaragoza, en Valladolid, Salamanca, Madrid, donde salió a hombros y en Pamplona, donde fue uno de los triunfadores. Esa temporada participó en 63 corridas, en las que cortó 66 orejas.

El 13 de agosto de 1990, después de torear en Pamplona y en Santander, resultó gravemente herido al ser volteado por un toro de Cayetano Muñoz, de nombre “Timador” en la plaza gala de Béziers. Sufrió un traumatismo del raquis cervical entre la quinta y la sexta vértebra, que le provocó la tetraplejia. Desde que padeció el grave percance Julio Robles paso la mayor parte de su vida en su finca salmantina donde logró el sueño de ser ganadero de bravo.

Tras muchos altibajos de salud, el 14 de enero del año 2001 fallecía a la edad de 49 años víctima de una perforación de colon con peritonitis aguda y difusa.

Ortega Cano, su compañero, ese murciano que alimentó junto a él la afición a los toros lo calificó como “espejo de toreros y espejo también en la vida por la lección de fortaleza que ha demostrado en los últimos años en silla de ruedas”.

El diestro de Cartagena declaró a Efe: “Como torero guardo muchos y grandes recuerdos, y, entre todos, uno inolvidable, la famosa tarde del mano a mano, la de los quites en Madrid. Julio tenía mucha facilidad para torear de capote y de muleta, pero el capote lo manejaba con mucha variedad y personalidad. Eso me motivaba muchísimo y siempre lo recordaré”.

@elmuletazo