OPINIÓN: “COLOFÓN” POR MARCIAL GARCÍA

            Afirma el adagio popular: “Quien tiene un amigo, tiene un tesoro”.

            Como casi todas las sentencias de sabiduría popular que se encierran en el Refranero, hay mucha verdad en el aserto. Y lo digo por lo que me toca en esta ocasión.

            Como un auténtico rey mago, al filo de la mañana, mi amigo Ubaldo Berenguer, gran aficionado y mejor persona, me ha saludado con esta preciosidad de vista, captada desde su casa, que, como puede observarse, esta frente a Las Ventas.

            La histórica nevada ha dejado esta estampa histórica del coso de la calle de Alcalá, con ese manto, que es todo un símbolo de la limpieza y generación que, humilde y sentidamente, he intentado analizar en mis últimas tres colaboraciones.

            Ubaldo y este escribidor se conocen desde hace muchos años. Gracias a él, nunca me faltó una boleta para acceder a los asientos graníticos de la cátedra madrileña, casi siempre muy cerquita de ese pozo de sabiduría que era Ángel Luís Bienvenida. Con él viví jornadas de grato recuerdo en casa de Martín Peñato, al que me presentó, disfrutando de su hospitalidad y su especial concepto del toro bravo. De su mano conocí a excelentes aficionados y periodistas, como el recordado y afilado Joaquín Vidal. Últimamente, por mor de los males que denunciaba en los artículos citados, mi amigo Ubaldo anda desesperanzado y distanciado de la “cosa”, hastiado de las componendas y bajonazos que se propician en este mundo.

            No obstante, pese a su parquedad en la palabra, aún se lanza al ruedo del diálogo, cuando ve un resquicio de esperanza o se evoca al recuerdo. Entonces, aún sus ojos lanzan chiribitas de ilusión y pasión. Ambos seguimos cultivando la ausencia del rubio lorquino que tan bien interpreta las antífonas de esta sagrada liturgia. Y también mantiene esperanzas sobre alguna de mis devociones actuales.

            Con su permiso y con el deseo de que sirva de colofón a los artículos ya citados, os dejo esta maravillosa foto.

            Guardadla, porque es un símbolo y un augurio de futuro.

            “Año de nieves, año de bienes”, sentencia el refranero. A ver si fuera o fuese cierto en este caso y este manto de pureza arrastrara todo el légamo que brota de las sentinas del “taurineo” y sus falsos profetas.            

Así sea.

Por Marcial García

Foto: Ubaldo Berenguer