OPINIÓN: “¿RECONSTRUCCIÓN? (Y III) PRESENTE DE….” POR MARCIAL GARCÍA

Y con éste van tres y acabamos…

            Hoy, día de Reyes, fuente de ilusiones, pretendo lanzar a las cuatro esquinas del augurio el análisis de este presente tan desesperanzador, apuntando hipotéticas soluciones a esta situación, que aparece planeando sobre el horizonte como fantasma apocalíptico. Para este intento, que tiene de todo, menos ánimos destructores, utilizaré tiempos y modos verbales, que pueden dar más panorama a las insinuadas salidas.

            Empezamos:

FUTURO.- Aunque parezca una aberración lingüística, existe el presente de futuro. Existe, porque cada paso que se dé ahora, será decisivo para el futuro, inmediato o a medio y largo plazo.

            El presente, que siempre es efímero, está tremendamente viciado, podrido. Es más, presenta acusados síntomas de descomposición y gangrena.

            Por ello, tanto en estructuras, como en formas, o se renueva totalmente el cotarro, o vamos de camino a convertirnos en recuerdo. Los nuevos senderos no han de estar ya andados. Han de crearse formas nuevas de organización y gerencia, en las que tenga el papel preponderante el aficionado, que es el que paga. Pamplona puede ser referencia, pero Francia es el ejemplo a seguir.

            Toreros y toros contratados por su valor intrínseco, no por el que le atribuye el marketing de los grupos  “taurinos” o empresariales, siempre viciados por el interés y la componenda. Y con un “sine qva, non”: el que dé el petardo, no vuelve a contratarse. El trilero, fuera del esterado.

            Es muy seguro que con viejos mimbres no pueden hacerse nuevos cestos.

POTENCIAL.- El modo potencial o condicional indica lo que puede hacerse “SI”, es decir, SE PUEDE HACER, pero con una CONDICIÓN. Solo hay tiempo simple y compuesto.

            Hechas estas aclaraciones, vayamos al ruedo.

            SI se quiere, se PUEDE.

            Lógicamente, los que deben querer son los agentes primeros: toreros, de todo tipo, y ganaderos. Ellos son los que ganan o pierden de hacerlo a no hacerlo. Los empresarios son los que van a beneficiar la ganancia de su sudor o su sangre.

            Por tanto: toreros, organícense -cosa poco probable, por causas conocidas- y formen piña o compacta o les bailarán el caldo, no solo los “figurones”, sino todo el engranaje de intereses para los que ellos mismos bailan el zompo. Sé que es muy difícil que ustedes lo hagan. No solo las “fidelidades” a figuras, figuritas, figurones o dones, sino otros intereses menos confesables, hace que el de luces rehúya el compromiso de grupo. Mala, muy mala costumbre ésta, que os hace perder la fuerza como a Sansón, cuando le cortaron sus largas trenzas.

            Lo de los ganaderos, he de confesar, lo veo más difícil. Pero, en una tauromaquia saneada, el toro, por lo tanto también el ganadero, volverá a ser el otro platillo de la balanza.

            Tiene mucho futuro el ganadero que críe TOROS BRAVOS. Habrá quien me diga que eso lo hacen todos, pero andan muy equivocados. Muchos, incluidos algunos de los tradicionales, han caído en la dictadura de los componedores y padres de la mojiganga, dedicándose a criar sucedáneos desvalidos, blanqueados, bobalicones, endebles y desmochados, para los habituales y similares. Vuelvo a repetir que Francia sabe mucho de reservorio de casta, raza y bravura. Que tomen lecciones de las comisiones taurinas, que seguramente estarán dispuestos a darlas.

            De lo contrario, no se quejen. Ya no es tiempo de que la dehesa brava sea refugio de dineros turbios o caprichito de nuevo millonetis. Que se recupere el espíritu de aquellos frailes cartujanos, revividores de los toros de Gerión. Ése es el camino de la recuperación.

IMPERATIVO.- Es el modo de pedir y ordenar. Un servidor, como persona, no es muy pedigüeño, ni mucho menos “mandante”. Pero, como aficionado, sí que ordeno y mando.

            Por tanto, veamos, por una vez, cuál es mi condición de exigencia:

-Exijo, en primer lugar, al gobierno actual que proteja, como es su obligación, al mundo de la tauromaquia, sin birlar las obligatorias ayudas y su empeño en renacer.

-Exijo, a las autoridades regionales y locales, que promuevan espectáculos dignos y decentes.

-Hagan, a quien competa, desaparecer al mafioso que domina la composición de carteles y formación de ferias. Desde que, en la posguerra, un famoso apoderado impuso su dictadura, el concepto de mandar en el escalafón ha perdido la honradez que tenía antaño. Los que dominan escalafones amañados no son los mejores toreros, sino los que protegen las “casas” más fuertes, que ni se prestan a desafíos ni toleran a quien pueda destapar la impotencia de sus protegidos, demostrando en público competente y con toros de verdad quién merece la loa y la palma.

-Desalojen, ustedes que se llaman aficionados y sostenedores de la fiesta, esos cementos contaminados que, como diría Juncal, (“el café es recuelo, la ternera cerdo y el jamón de york papa y ballena...”), dan gato por liebre.

-Organícense, toreros, y destapen con su vergüenza torera las componendas, arrojando a los indignos de lugares que no les corresponden, con el arma de su verdad, pureza y valor.

-Cállense, sicarios de la palabra, escrita o hablada, y vayan a purgar sus pecados varios y abundantes, aunque sea haciendo el camino jacobeo, que es año santo. Échense cenizas sobre sus turbias y sumisas cabezas, como Enrique IV en Canosa, y vayan a llenar los tugurios del último “reality” a esparcir su coprofilia.

                Desesperanzadamente expectante de la cacareada RESTAURACIÓN, un devoto de la milenaria liturgia y de algunos que merecen la “laudatio” y la palma de la profesión que Dignifican. Amem, amem, amem.

Por Marcial García