TRES MURCIANOS EN ZAHARICHE

En Sevilla, concretamente en el localidad de Lora de Río, a diez kilómetros de su casco urbano, y a cinco de La Campana, se encuentra la finca Zahariche, territorio comanche donde pastan los toros del hierro de la A con asas propiedad de la familia Miura, poseedora de una de las ganaderías de toro de lidia más importantes del mundo, que cuenta con casi dos siglos de historia.

Hasta allí se han desplazado estos días dos toreros y un novillero con picadores murcianos para entrenar de cara a la temporada 2021, probándose ante las bravas y complicadas embestidas de las vacas de Don Eduardo y Don Antonio Miura.

La finca de los Miura es un lugar de peregrinación para los que aprecian la crianza del toro bravo y de miedo y responsabilidad para los que se tienen que poner delante de él. Hay gentes que hasta tienen un tarrito con tierra de este lugar de alquimia de la bravura, como símbolo de fuerza de poder. La Meca del toro.

En 1842 comienza la aventura de la familia Miura, cuando Juan Miura Rodríguez, propietario de una sombrerería en la sevillana calle Sierpes, con taller en la zona de la Encarnación, adquiere las ganaderías de Albareda y Cabrera, motivado por uno de sus hijos, concretamente Antonio Miura Fernández, apasionado del toro bravo. La primera lidia de toros de los Miura tuvo lugar en Madrid en 1849. Tras el fallecimiento de Juan Miura y su esposa Josefa Fernández, la ganadería pasó a nombre de Antonio Miura.

En 1893 la ganadería pasa a manos de Eduardo, hermano de Antonio y se mantiene a su nombre hasta 1917, año en el que ésta adquiere su máximo esplendor. En 1941 ceden la ganadería a Eduardo Miura Fernández, hijo de Antonio Miura. Y ya en 1996, Eduardo y Antonio Miura Martínez, actuales propietarios, heredan el ganado y se comienza a lidiar bajo el nombre de Hijos de Eduardo Miura, para quedar más adelante solo con el apellido, el temido Miura, ese que el diccionario de la RAE define, además de apellido ilustre ganadero, como “Persona aviesa, de malas intenciones”, haciendo claro sinónimo con el juego peligroso y difícil que ofrecen en la plaza los toros de este legendario hierro y con su historia negra, ya que estos astados acabaron la vida de varios toreros importantes: “Jocinero”, que mató a José Rodríguez Pepete en la plaza de Madrid en 1862, “Chocero”, que mató al banderillero  Mariano Canet Llusio en Madrid en 1875, “Perdigón”, que mató a Manuel García “El Espartero” en Madrid en 1894, “Receptor”, que mató a Domingo del Campo Dominguín en Barcelona en 1900, “Agujeto”, que mató al novillero Faustino Posada en 1907 en Sanlúcar de Barrameda o “Islero” que mató al célebre Manuel Rodríguez “Manolete” en la plaza de Linares 1947.

Los primeros en tentar en esta histórica casa fueron el matador de toros calasparreño Filiberto y el novillero José María Trigueros. Ambos tuvieron que poner todos los sentidos para superar las dificultades que les pusieron las exigentes vacas miureñas. Filiberto, que ya toreó una corrida de toros de Miura en Hellín, mostró que está preparado para afrontar cualquier reto y que el toreo clásico no está reñido con la garra y el pundonor que hay que derrochar ante el peligro de este ganado.

José María Trigueros comprobó de primera mano que torear Miuras es algo muy complicado, que ni muchas figuras del toreo son capaces de hacer. Un tentadero que le sirvió para coger experiencia y seguir creciendo en la profesión.

Este miércoles, ha sido el catedrático de los Miuras, “Rafaelillo”, llamado así por ser el toreo que mejor ha entendido a estos toros en la última década, dando tardes memorables como la ofrecida en Madrid ante el toro “Injuriado”, el que ha tenido la oportunidad de engrasar la máquina del valor para ofrecer lo mejor de sí en su inminente vuelta a los ruedos. El murciano ha compartido la jornada campera junto a Manuel Escribano, otro de los toreros que son los que son gracias a sus batallas sinceras ante toros de esta ganadería.

@elmuletazo