UN GRAN TRIUNFO Y UNA BRONCA 15 DÍAS ANTES DE POZOBLANCO

Lleva 36 años en el Olimpo del toreo y sigue llevando dinero a su casa, a la de los amigos y hasta la de sus enemigos. Eso es grandeza. Lo demás sobra y no le hace justicia a lo que él sembró en las plazas de toros, regándolas con su misma sangre hasta perder la vida.

La historia de Francisco Rivera “Paquirri” va más allá de los montajes de sus familiares para salir de la ruina y de sus cargos de conciencia de no saber mantener el legado del torero, aprovechados por una televisión privada para hacer su agosto a las puertas del invierno.

Lo primero es que los asuntos de herencias mal avenidas se disputan en los juzgados y no en los platós de televisión. Hacerlo en Villa Vasile, con el presentador del pelo teñido que utiliza cualquier momento para atacar a la fiesta de los toros, da muestra de la poca importancia que se le da a la memoria y trayectoria del gran torero de Zahara de los Atunes y del gran interés por llenar las alforjas vacías de los que han vivido por encima de sus posibilidades sin agachar el lomo.

Decir Francisco Rivera “Paquirri” es hablar de toda una figura del toreo del siglo XX. Un torero que surgió de la humildad gaditana influenciado por Rafael Ortega y “Miguelin”, que con gran esfuerzo, disciplina y tesón logró ver su sueño de mandar en el toreo hecho realidad. Francisco Rivera salió por la Puerta del Príncipe de la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla la primera vez que hizo el paseíllo de novillero en el Baratillo, logro que volvió a conseguir el mismo año, ya convertido en matador de toros. Desde sus inicios tuvo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, carga que trasportó con gallardía, mucha valentía y la raza de superar tremendos percances.

La crítica especializada no se le entregaba, pero si los públicos que llenaban las plazas de todos los países taurinos al ver su nombre anunciado en los carteles.

Luego llegaron 6 salidas a hombros por la Puerta Grande de la plaza de toros de Las Ventas y la coronación con el toro “Buenasuerte” de Torrestrella con el que tapó la boca de los críticos al son de la frase que le dijo su apoderado Pepe Camará: “aprende a ser yunque para cuando seas martillo

En el culmen de su trayectoria, su carrera profesional se mezcló con la personal, quizá por eso no logró ver la retirada a tiempo, como ya la habían visto otros toreros de su generación. “Paquirri” se acomodó en el cartel de los banderilleros, donde logró ofrecer todo lo que le pedían los públicos, pero donde no consiguió los honorarios que merecía un torero de semejante trayectoria.

Corría el 10 de septiembre de 1984 y el torero gaditano hizo el paseíllo en Cehegín para enfrentarse a una corrida de toros de Ana Romero en compañía de Julio Robles y Tomás Campuzano. Ese día Francisco Rivera deslumbró al público murciano que casi llenaba la plaza por su entrega en todos los tercios de la lidia, tanto es así que paseó las dos orejas y el rabo del cuarto animal del festejo. Unos máximos trofeos que nadie pensaba en aquel momento que eran los últimos que pasearía en una plaza de toros.

José María López Guirao, que daba sus primeros pasos en la Televisión de Cehegín, entrevistó al torero gaditano minutos antes de hacer el paseíllo.

Un día más tarde hizo el paseíllo en la corrida del día de la Romería celebrada en la plaza de toros de La Condomina de Murcia. El torero estaba anunciado junto a Luis Francisco Esplá y Vicente Ruiz “El Soro” en la lidia de ejemplares del Marqués de Domecq.

Si la historia quiso que “Paquirri” paseará el último rabo de un toro en la Región de Murcia, también quiso que el gaditano escuchara su última bronca en esta tierra.

Y es que pese a cortar una oreja al primer ejemplar de la tarde, al ferviente público murciano no le sentó bien que el torero mostrara desgana con el segundo toro de su lote. Algo que se hizo patente al ver como desistía de banderillear al toro, provocando la ira del festivo público. El león de Zahara estaba cansado, su mente fuera de la plaza y su forma física pasaba por el peor momento. Todo un cóctel molotov para el que se pone delante de la cara del toro.

Días más tarde, por un millón y medio de las antiguas pesetas, en Pozoblanco, el toro “Avispado” de Sayalero y Bandrés, una enfermería que era una cueva, un equipo médico superado ante la escasez de medios y la magnitud de la cornada, y una carretera hacía Córdoba que era una “guita” (cuerda) en el bolsillo, como dijo el recordado caballero Don Ángel Peralta, hicieron a “Paquirri” eterno.

Antes de su marcha al cielo, en la camilla desnuda de esa fría habitación de Pozoblanco que le llamaban enfermería, dejó esa frase de entereza, de calma cuando todo el nerviosismo te palpa. Con la parca acechándole: “Doctor, yo quiero hablar con usted porque si no, no me voy a quedar tranquilo. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias. Una para allá y otra para acá. Abra todo lo que tenga que abrir y lo demás está en sus manos”

A raíz de su muerte, la sociedad y los políticos comenzaron a tomar conciencia de la importancia de garantizar una asistencia médico-sanitaria adecuada en los ruedos. Con el paso de los años se ha evolucionado mucho en las instalaciones médicas de las plazas de toros, pero algunas quejas perduran hoy en día en el sector. Pese a que todo evolucionó a raíz de este desafortunado suceso, sigue habiendo plazas de toros donde a los toreros les da más miedo la enfermería que las astas de los toros.

En la última vuelta al ruedo del gran torero gaditano en La Maestranza, en la triste mañana sevillana del 30 de septiembre, 100.000 almas gritaban sin cesar ¡Torero, Torero, Torero! mientras el ataúd de caoba negra salía por la Puerta del Príncipe. Detrás, la tez de luto de los toreros que se atrevieron a acompañar a “Paquirri” a las puertas del cielo desafiando a los supersticiosos que decían que si el féretro entraba en La Maestranza no volverían a torear en ella.

Manuel Benítez “El Cordobés”, trasparente, entre la emoción, soltó su frase de amargura: “El toreo da mucha gloria, pero también mucha muerte”

Fran Pérez @frantrapiotoros