LA CORNADA MORTAL A “ANGELETE”, EL NOVILLERO QUE TOREABA CON LOS OJOS VENDADOS, EN TORRE-PACHECO

Hace 53 años un novillo de Tomás Sánchez Cajo asestaba una mortal cornada al novillero albaceteño Ángel Alcaraz Alcalá “Angelete” en Torre-Pacheco.

Aquel 8 de octubre, con motivo de las fiestas de la localidad murciana, se celebraba una humilde novillada económica en la que frente a dos novillos de Sánchez Cajo se enfrentaba este tremendista novillero manchego que realizaba suertes poco ortodoxas, como banderillear o muletear sentado en una silla, muy de moda en aquella época, o torear con los ojos vendados.

Ángel Alcaraz Alcalá nació en Albacete el 29 de mayo de 1937 y pronto descubrió que su pasión eran los toros y el baile. En las plazas se anunció como “Angelete” y en los tablaos flamencos como “El Pajero”, por el oficio que desempeñaba su padre. En ambos sitios quiso marcas la diferencia por sus dotes extrañas. Quería llamar la atención a toda costa. Lo mismo bailaba descalzo sobre un tablado astillado por el taconeo que toreaba con los ojos vendados. Buscaba lo distinto para destacar y ganarse la vida en estos dos mundos, como él decía: “reúno el arte de saber bailar y estarse quieto”.

Y la verdad que quietud y valor demostraba en la plaza, donde prácticamente salía a cornada por actuación, aunque muchas veces su arrojo quedara empañado por la actitud circense que imprimía a sus faenas.

“Angelete” actuó por primera vez delante del respetable en la plaza de toros de Albacete el 29 de junio de 1957. En esa fecha, el Club Taurino de la ciudad manchega organizaba una novillada de promoción para descubrir a nuevos valores de toreo, que en aquella época eran muchos, por la irrupción de los toreros de la tierra Pedro Martínez (Pedrés), Juan Montero y Manuel Jiménez (Chicuelo II), que hicieron que despertara la llama taurina en el interior de muchos chavales.

Ángel Alcaraz no destacó por su manera de interpretar el toreo pero se metió al público en el bolsillo por su carisma. Con él no había olés, afloraban las risas. Precisamente por eso su carrera no despegó. Debutó con caballos en 1966, también en su Albacete, con casi 29 años, el 23 de mayo de 1966 en un festejo que compartió con Ricardo de Fabra y Carlos Jiménez. Ese día resulto herido de gravedad por su tremendismo delante de la cara del toro.

El veterano novillero afrontaba la tarde de Torre Pacheco con la ilusión del que empieza. Al primer novillo de Sánchez Cajo le dio fiesta y obtuvo el triunfo con él, con el segundo, más avispado, sucedió la tragedia. El burel le cogió en un pase de muleta y le infirió una tremenda cornada en el muslo derecho. La herida era gravísima. Tras la primera cura el doctor autorizó su traslado al sanatorio de toreros de Madrid. Pero a su paso por Albacete el novillero pidió que se le ingresara en la Clínica Santa Cristina. Allí fue intervenido quirúrgicamente de una extensísima cornada que había rozado por un lado la femoral, la vejiga, y el recto; y penetrado por otro en la cavidad abdominal en la que destrozó el mesenterio y lesionó el bazo.

Al día siguiente se trasladó a Madrid, pero allí su salud fue empeorando. La herida tenía cada vez pero aspecto y las hemorragias eran continuas. Muy débil, “Angelete” pidió ser trasladado a Albacete para morir allí.

La mañana del 13 de octubre una ambulancia se dispuso a cumplir la petición del torero, que no se pudo cumplir porque la parca apareció por Quintanar de la Orden.

Fran Pérez @frantrapiotoros

Foto: José Antonio Román Romero