EL INFIERNO DE LA ESCUELA TAURINA DE MURCIA: “LAS COSAS QUE ALLÍ PASABAN Y SE ESCUCHABAN NO ERAN NORMALES PARA NUESTRA EDAD”

Iban a la escuela taurina de Murcia a hacer realidad sus sueños de querer ser toreros y se encontraron con la mayor de las pesadillas. Entre capotes y muletas embestía un presunto abusador sexual, cárdeno, como aquel “Cazarrata” de Saltillo. Seis años de miedo, de dictadura, que llevaron a la escuela taurina a ser para ellos una atracción de terror en lugar de un centro de formación. Así lo atestiguan las declaraciones de los alumnos a la Policía Nacional, a las que ha tenido acceso ElMuletazo.com, por fuentes cercanas a la investigación.

El pasado viernes, al conocer que el juez del caso dictaminaba que el presunto agresor debía entrar a prisión sin fianza, muchos alumnos respiraron como Sánchez Vara cuando vio que las mulillas arrastraban al toro antes mencionado. Dentro de la dureza de la situación, de lo difícil que está siendo esto para gente que todavía no ha pegado el estirón, hubo alegría: “Es una situación rara, un tanto incómoda, pero a la vez reconfortante. Vais a acabar con el sufrimiento y por fin se va a hacer justicia”, comentó uno de los jóvenes corazones que quiere ser torero a los investigadores de la Policía.

Otro de los interrogados no pudo evitar emocionarse ante las personas a las que prestaba declaración: “No puedo parar de llorar, la situación que hemos vivido es muy desagradable, pero peor sería tenerlo aún entre nosotros, verlo arrestado es una satisfacción”.

Con estas declaraciones  podemos hacernos a la idea del infierno que los alumnos de la escuela han vivido, presuntamente, durante este tiempo. Las expresiones son de una dureza extraordinaria: “Era un verdadero infierno, no sé cómo podíamos soportar tanto”, expresó otro de los que quería escapar de la pesadilla.

“Las cosas que allí pasaban y se escuchaban no eran normales para nuestra edad”, añadió otro de los alumnos.

Al parecer, presuntamente, la situación llegó a ser dramática, tal y como relató a los investigadores otro alumno: “Unos sufrían los abusos sexuales y otros un duro maltrato psicológico”. Un interrogado fue más allá: “Llegaba a casa y lloraba en la ducha, para que mis padres no me vieran, no quería hacerles sufrir a ellos también”.

En lugar de cultivar pasión por el mundo del toro en la escuela, las declaraciones a las que hemos tenido acceso hacen pensar que allí se sembraba otra cosa en los últimos años: “Allí no había ganas de entrenar, lo que había era miedo y ganas de salir corriendo”.

Un alumno relató su vivencia al entrar en la escuela: “Tardé poco en darme cuenta que era malo, sinvergüenza y golfo. Se comportaba con nosotros como un ogro. No entendía que para ser torero hubiera que vivir esas situaciones”.

En cuanto a los presuntos abusos sexuales, otro de los alumnos de la institución comentó a los investigadores: “Muchos hemos visto cosas raras e imaginábamos que podrían estar pasando, pero no con esta magnitud”. El presunto agresor incluso parecía presumir: “Le llegamos a oír decir que había estado con la madre y con la hija”, añadió otro alumno.

La igualdad no parecía ser algo instaurado en la escuela. Así lo confirmaría el testimonio de otro de los que ha prestado declaración a la Policía: “Al llegar a la plaza de toros hacía tres grupos, los grandes se quedaban en el patio de caballos, los pequeños en el ruedo y las chicas a una habitación de la plaza porque sus entrenamientos debían ser diferentes, al ser chicas”.

“Te ponía entre la espada y la pared,  era un calvario”, declaró otra de las víctimas.

Según consta en la investigación, otro de los interrogados declaró: “Es que había dos grupos, los preferidos y con los que no podía hacer nada. Para ser el preferido tenía que existir el dinero o el abuso, al alumno o a algún miembro de su familia”.

Otro de los alumnos de la escuela afirmó a los investigadores: “Desde dentro animábamos a las víctimas a que denunciaran, pero había miedo por las represalias que podían tomar contra ellos y contra los que queríamos que dieran ese paso”.

En la escuela también podría haber trato de favor con algunos alumnos según lo declarado por otro afectado: “Unos iban a los tentaderos y a los otros nos ocultaba que iban a entrenar a alguna finca, luego nos enterábamos por fuera. No nos trataba por igual”.

Además del miedo, un alumno relata la dictadura que parece que estaba instaurada en la escuela en los últimos años. “Había que pedir permiso para todo, hasta para hacer una entrevista, que por supuesto revisaba para que apareciera su nombre”.

Un alumno fue más allá: “Sabíamos que tenía varios perfiles falsos en las redes sociales para controlar nuestra actividad fuera de la escuela”. Otro de sus compañeros añadió: “No podíamos subir fotos con profesionales del mundo del toro de la Región de Murcia, solo con los que él quería, porque si no era así se molestaba y te echaba la bronca”.

“Si te pillaban saliendo con los amigos sabias que había bronca al día siguiente”, añadió otro.

El control a los alumnos, según consta en la investigación policial que ha podido conocer El Muletazo,  era tan fuerte, que no podían ejercer nada taurino fuera de la escuela: “No nos dejaba ni ir de tapia, decía que era motivo de expulsión”, comentó otro de los afectados.

En cuanto al desarrollo de las clases otro alumno añadió: “Al principio estaba él con el director, pero ahora estaba casi siempre él (el presunto agresor), al maestro últimamente se le veía poco por la escuela”.

Otro de los interrogados coincidió con esta declaración: Se pasaban los meses sin ver a nuestro director artístico”.

La convivencia  no parecía ser norma del detenido: “Metía acusaciones para que nos peleáramos y consiguió dividir la escuela en dos bandos”.

Ante ese averno, se entiende mejor ahora que la escuela taurina, que gozó de gran prestigio años atrás,  fuera disminuyendo el número de alumnos paulatinamente en los últimos años,  o que muchos abandonaran la institución para ingresar en otras escuelas de otras regiones de España.

@elmuletazo