PEPÍN LIRIA: “NO SE PUDO CELEBRAR POR LA PANDEMIA, PERO EL FESTIVAL DE LA AECC EN MURCIA ESTUVO A PUNTO DE DESAPARECER DESPUÉS DE 25 AÑOS CELEBRÁNDOSE”

En los Sanfermines más duros que se recuerdan por culpa del COVID-19, Jaime López, nuestro compañero y amigo de patrimoniotaurino.com está hablando con los grandes ídolos de Pamplona. Hoy en la entrevista que compartimos en ElMuletazo.com ha hablado con el torero murciano Pepín Liria.

Liria, curtido a sangre y fuego, cimentó su gran trayectoria en plazas cómo Sevilla y Pamplona. Las peñas le adoptaron en tardes de entrega bajo el grito de ¡Pepín, Pepín! y el diestro les correspondió hasta el punto de, hace dos años, volver a los ruedos en una tarde marca de la casa en la que quedó demostrado el amor que se profesan. Su vuelta a Pamplona, en homenaje a Víctor Barrio e Iván Fandiño, quedó para el recuerdo al igual que su gran trayectoria.

¿Cómo lleva el confinamiento?

Bien, me ha venido muy bien. Lo he respetado al máximo en mi casa y he aprendido a cocinar, he disfrutado de mi jardín, he cambiado cosas de la casa. Prácticamente nunca había estado en mi casa porque siempre ando para arriba y para abajo, lo he disfrutado, y he hecho mucho deporte.

¿Cómo cree que va a afectar esto al mundo del toro?

Esto nos va a causar un problema bastante grave, de hecho, ya lo hay. Los ganaderos, sobre todo, están sufriendo la crisis más gorda del sector en su historia, si acaso hubo otra similar en la posguerra. Los ganaderos hablan de mandar al matadero la mitad del hierro y llevan sin ingresos desde octubre; así es inviable mantener la ganadería.

Los banderilleros, los mozos de espadas, los picadores… están sufriendo también mucho la crisis de la pandemia. ¿Cómo hay que reaccionar?

La parte más positiva de esta historia es que parece que todos los sectores, por una vez, parece que van de la mano. Ese enfrentamiento que hemos tenido con el Ministerio de Cultura ha servido para que todo el sector: desde los empresarios, toreros, banderilleros, todo el mundo a una… nos hayamos hecho presentes y hayamos alzado la voz todos a una. Queda mucho trabajo por delante, al toreo hay que reestructurarlo desde las bases, es el momento de sentarnos y trabajar en la misma línea reconstruyendo un mundo del toro que va a pasar por momentos muy difíciles. 

¿Por qué cree que nunca había llegado esa unión?

Todos hemos vivido preocupados por nuestras carreras, tú no te metas en líos, que lo solucione otro… Así hemos vivido, prácticamente, durante toda la vida. Lo he vivido en primera persona y ahora que, uno no tiene ningún tipo de interés, puede reflexionar y ver todo con claridad, manifestar la idea que uno tiene sin ningún temor a ningún tipo de represalia, a ningún tipo de falta de entendimiento, sin nadie que se moleste por tu forma de decir o entender las cosas… Nuestro mundo ha estado bastante desunido, lo tenemos claro.

¿No piensa que todo el peso se está dejando en las figuras y no en otros sectores cómo los empresarios?

Son las figuras las que tienen que tirar de esto, dar un paso al frente y recuperar la Fiesta perdiendo ellos porque ahora mismo, cómo se prevén los primeros festejos, uno tiene que saber y ser consciente que dinero no va a haber, deben ser conscientes que el poco dinero que haya habrá que repartirlo para las cuadrillas, para el montaje de la corrida…  Son las figuras las que tienen que tirar de esto y están concienciadas por las conversaciones que mantengo con ellos. Están concienciadas y dispuestas a hacer el esfuerzo de volver a vestirse de luces, prácticamente sin ganar dinero. Se van a jugar la vida por sacar esto para adelante.

¿Por qué ahora tenemos el menor número de figuras o toreros que llenan de nunca?

No soy de esa idea, pienso que la Fiesta goza de una salud enorme. Esa es mi tranquilidad y de ello es lo que tengo que hablar, hay un nivel de toreros y ganaderías increíble. Aunque tengamos que estar con ojo avizor con lo que está pasando y los ataques que nos están dando, confío mucho en la salud que tiene el toreo. Los toreros están haciendo grandes cosas delante del toro, tienen una gran capacidad de resolver problemas, una gran capacidad de emocionar, de conseguir hacer cosas al toro tan importantes… Creo que hay una baraja de toreros importantísimas. Hay una serie de chavales jóvenes que he visto en el campo, a los que uno sigue, esto goza de gran salud en estos niveles también. Soy muy optimista.

¿Por qué no se están dando festejos teniendo en cuenta el aforo permitido ya?

Porque la incertidumbre es muy mala. Entiendo que montar un festejo y que aparezca un brote cómo el de Lleida… Tú montas el festejo y te aparece un brote así y los gastos son muy grandes. Los empresarios están muy expuestos por esto y entiendo el cierto temor a la hora de montar nada. Sé que hay movimientos, he hablado con empresarios que tienen la idea de dar festejos pero están siendo muy precavidos porque la incertidumbre de la pandemia provoca mucho riesgo a la hora de montar un espectáculo.

Tras esta radiografía de la situación, da gusto oír hablar así de claro, nos marchamos a su carrera empezando por Pamplona. ¿Qué tiene Pamplona?

No soy imparcial. Ha sido una de mis debilidades, una de mis plazas. Tuve la suerte de elegir el volver allí para homenajear las figuras de Víctor Barrio e Iván Fandiño, y de celebrar mis 25 años de alternativa en una plaza de primera como ésa porque viví una historia muy bonita a lo largo de muchos años. Fue una feria que me dio mucho, me sirvió y me respetó a todos los niveles. Después de retirarme no había vuelto allí hasta hace tres años que fui con los niños de Espartaco para disfrutar de la Feria. Te das cuenta de la importancia de Pamplona a nivel taurino por la dimensión que da, por cómo nos mostramos al mundo desde las 8 de la mañana, alrededor del toro, hasta el fin de la corrida y por la noche. Es una feria importantísima que hace mucho beneficio al mundo del toro y que es muy necesaria. Siempre he dicho que si no existiera, habría que inventarla porque es de los focos de divulgación del toreo más grandes que tiene la Fiesta.

¿Cómo se llega al corazón de Pamplona?

Con verdad, el primer año que llegué tiré la moneda al aire y fui el triunfador de la feria con la de Dolores Aguirre. Volví al año siguiente, me reconocieron y me contrataron para dos tardes, así me fueron premiando cada una de mis actuaciones en Pamplona. Entré con toda la verdad del mundo, dispuesto a jugarme la vida desde que se pone uno el traje de luces y hace el paseíllo sabedor que es una afición que premia y quiere la verdad y la entrega. Esas armas entendí que las tenía que jugar bien y las jugué hasta en el día de la reaparición, una tarde que todo el mundo recordará cómo yo haré.

¿Las peñas y el ruido llegan a molestar o motivan?

A mí me motivan. Debo decirte que no soy imparcial porque he vivido una Pamplona siempre de cara, siempre valorándome, siempre ayudándome. He entendido que la idiosincrasia es así, hay que entender cómo viven la fiesta y el torero debe ser lo suficientemente profesional para saber cuándo estás en Pamplona, cuando estás en Sevilla o cuando estás en Madrid. A Pamplona hay que entenderla cómo es y sin esas peñas, sin ese sol, sin esa alegría, no sería Pamplona.

¿Afecta el encierro al toro?

Creo que sí pero para bien. Esa descongestión en la carrera por la mañana, ayuda. De hecho, cuando se caían los toros, en el lugar en el que menos se caían era en Pamplona, todo el mundo entendía que era beneficioso para el toro la carrera matinal.

¿Se esperaba un recibimiento tan apoteósico en su vuelta?

Habían pasado casi 10 años y había gente que a lo mejor no se acordaba mucho pero los que se acordaban sí que noté rápidamente el cariño. A otros hubo que refrescarles la memoria y enseñarles lo que había sido Liria en Pamplona para que vieran que no había ido allí de vacaciones ni a soplar las velas de una tarta para celebrar mis 25 años de alternativa. Fui dispuesto a jugarme la vida una vez más y a intentar no defraudar a nadie. Los gritos de !Pepín, Pepín! siempre digo que parece que los habían estado ensayando porque sonaron mejor que hace diez años. Me dio mucha alegría que ese grito siguiera existiendo en esa grada y esos tendidos.

Muchos habrían pasado del sol a la sombra pero nadie lo olvidó.

No, por eso te digo que le tengo tanto cariño, mi casa está llena de recuerdos de Pamplona. Ha sido una relación muy bonita la que he vivido, la Casa de Misericordia me valoró, me respetó, me trató con mucho cariño en mis contrataciones. Los años que toreaba dos tardes, un año tuve la suerte de torear tres tardes, un hito que sólo había logrado el maestro Ordóñez, siempre tuve ese cariño y, sobre todo, esa valoración de que mis triunfos se valoraban en caché, en colocación en carteles, la Casa fue muy justa conmigo, muy generosa, por eso la tengo tanto cariño.

¿Su plaza junto a la de Sevilla?

Y Murcia. Mi historia de amor con Murcia fue fuera de lo normal, fue la que me permitió que me diera todos los caprichos del mundo, que hiciera lo que quisiera. Sevilla fue mi salvadora, había años que si ella no hubiera existido no hubiera podido hacer las temporadas. Llegaban los triunfos de Sevilla y me ponían en el circuito, me daban la posibilidad de estar en todas las ferias, eso se lo debo a Sevilla. Por eso mi despedida de La Maestranza va a estar ahí, en el recuerdo de todos los aficionados. Viví una historia muy bonita, regular hasta el punto de que todos los años, salvo uno, cortaba al menos una oreja. Eso a mí me dio mucha vida.

¿Cómo se entrena el corazón para tantos años en corridas duras?

No es fácil y más ahora, visto desde fuera. Al principio te quieres sublevar contra ciertas cosas que te pasan, piensas que no es justo pero al final te das cuenta que es la historia que te ha tocado vivir. Al final me apreté los machos, tiré para hacia adelante sabiendo que tenía que resolver esto, que era la historia que me había tocado vivir y que la iba a vivir lo más feliz posible con la mayor dignidad y respetando mi carrera y la profesión. En eso me mantuve en esos 15 años consecutivos, no es fácil estar al nivel que estuve, y ésa es la clave de mi carrera con llegar al final feliz. Me fui en mi mejor momento, cuando mejor estaba, cuando los triunfos más se sucedían y elegí que había llegado el fin y creo que no me equivoqué. He sido respetuoso con esa decisión que tomé, que no fue fácil cuando uno llevaba 15 años en la profesión y en ese nivel. Pero también dando la cara en las corridas comerciales, cuestión importantísima para valorar su dimensión cómo torero. Esa fue mi suerte. Siempre tomé conciencia de que cuando entraba en esos carteles no podía fallar. Si uno analiza mi trayectoria y ve mis carteles con Ponce, con Juli y José Tomás verá que esos días no fallaba, eran días de 3-4 orejas en El Puerto, en Huelva, en Murcia, en Granada la tarde de Juan Pedro con José Tomás y Rincón… Tengo la conciencia tranquila que cuando me gané entrar en esos carteles creo que estuve al nivel o más alto que a las otras corridas aunque llamaba más la atención lo otro.

Esos triunfos en las corridas “comerciales”, ¿no le hacían sublevarse al ver que le mantenían en las duras? ¿No mereció más hueco en las otras?

Cómo te dije antes, al principio no lo entiendes. Yo llegué a Madrid sin nada con un toro de Dolores Aguirre. Era la única corrida que tenía, era mi último billete del viaje que había emprendido con meses de alternativa y teniendo que jugarme todo a Madrid a una carta. En ese momento entendí que al sistema, que al empresariado, que a todo el mundo le interesaba que un torero nuevo triunfador de Madrid con las duras estuviera ahí. Fui poco a poco quitándome ese sello, en momentos pude elegir la dura que quería matar y lo fui llevando. Había veces que no entendía que cortar dos orejas al Victorino tenía cómo premio otra de Victorino. Es la historia que me tocó vivir y fui feliz. Si volviera a empezar, a querer ser torero, me gustaría que me volviese a pasar todo lo que me pasó porque llegué al final, llegué bien, contento y satisfecho de todo lo conseguido. Con lo cual te digo, no cambiaría nada.

Ese triunfo en las duras y en las “comerciales” hizo que se ganara el respeto de matadores y aficionados.

Ese respeto lo tengo. El cariño y el respeto de mis compañeros lo tengo. La gente sabe lo que hemos sido cada uno y los toreros somos los que sabemos valorar la historia y la trayectoria de los toreros. Creo que en ese aspecto la admiración, el cariño y el reconocimiento lo tengo de mis compañeros y la afición. Saben que he respetado mi profesión, que he dado por ella todo y que voy a seguir defendiéndola, no puedo estar más orgulloso de ser torero. La Fiesta tiene grandiosos toreros, cómo el año pasado vi con Roca Rey en Sevilla. Ve uno lo que hizo, las rayas que pisó y te das cuenta que es mejor estar en casa porque habría que tomar muchísimos riesgos.

Voy a acabar con la misma pregunta que le hice a los maestros Capea y Espartaco. ¿Si la ocasión lo requiriese volvería a torear?

Este año me tiré para adelante porque el festival a beneficio de la AECC en Murcia estuvo a punto de desaparecer después de 25 años celebrándose. Yo había, prácticamente, nacido con ese festival. Había toreros que, por estrategia, entendían que no toreaban festivales y yo tiré para adelante. Siempre he dicho que si se me necesita aquí estoy cómo hice con el terremoto de Lorca, el 125 aniversario de Murcia… Mientras Dios me de fuerzas, mientras tenga salud, mientras tenga afición, aquí estoy cómo he estado dos meses metido en el campo para poder torear el festival que no se pudo celebrar por la pandemia. Mientras tenga salud y fuerza saben dónde me van a encontrar, siempre.

Pues ahí queda dicho, muchas gracias maestro.

Por Jaime López @ALCOBENDAS82_17394023_651e7ebb