OPINIÓN: “EL CABALLO DE ESPARTERO” por Fran Pérez

Triunfador en San Isidro. Triunfador en Valencia. Triunfador en Bilbao. Triunfador en Nimes. Triunfador en Santander. Triunfador en Almería. Triunfador en Murcia. Triunfador en Logroño. Triunfador de la temporada taurina 2019. Y por si eso fuera poco, triunfador ante uno de los peores problemas que te puede poner la vida, (véase Albacete 2018).

Todo con solo un ojo, para rizar el rizo del triunfo. Para ponerle sentido al camino de agallas que como él emprenden todos los que se encuentran obstáculos para ser felices. Tiene nombre propio.

Paco Ureña es santo y seña de los que luchan por la tauromaquia, de los que aman este espectáculo porque representa a la perfección sus valores, por encima de que les guste más o menos como torero, pero sin embargo, desde esa maquinaria podrida y corrupta que lamentablemente mueve los hilos de esta fiesta a los que algunos nos resistimos a abandonar (aunque lo hemos pensado muchas veces), su grandeza, conseguida por méritos propios, está lejos de ser bienvenida para darle alas y valor al espectáculo.

El murciano molesta. La vieja guardia taurina, con el comandante de “Los Caños” al frente, no aguanta que sea bueno en la plaza y pida en los despachos lo que en el ruedo se ha ganado. El pasado año le dejó revolotear para ver si lo sumaba a su entramado de viejas glorias, pero en 2020 al ver que se iba con un desterrado del grupo, desde ese “establishment” que dijo el diputado malagueño, se trató de hacerle la temporada lo más complicada posible.

Luego vino el coronavirus, pero sabíamos que en Valencia entró por los pelos, y no en el cartel estrella, siendo el triunfador de esa plaza en 2019, de Sevilla se quedó fuera por no querer aceptar las migajas que otros le habían dejado y que el “medio pelo” iba a ser una constante en su temporada porque los de arriba lo evitaban en los despachos excepto en los sitios donde sabían que el de Lorca podía llevar gente a la plaza.

En la peor crisis taurina que se recuerda, su apoderado da toros en el Puerto de Santa María y no le incluye en el cartel del festejo. No lo incluye porque desde las altas esferas (anti)taurinas le instan a que el cartel lo tiene que abrir Enrique Ponce, porque Morante (o su apoderado) no quiere abrir cartel.

José María Garzón, después de postularse como la alternativa a la mafia durante el confinamiento, va y se alinea con ella. Iba a ser el rey de la “nueva normalidad”, el valiente empresario que buscan los aficionados, y finalmente ha huido otra vez a casa cual hijo prodigo buscando al padre Antonio entre el humo vendido. Sin dar explicaciones de por qué ha fallado al torero al que representaba cuando le dijo que iba a luchar por él. Sin decir que ha pasado con esa corrida de toros que daba en Málaga el 25 de Julio y que, sorpresivamente, tampoco iba a estar anunciado Ureña. Sin comentar por qué ha salido corriendo de Granada si decía que iba a dar toros allí. Y sin rendir las cuentas de aquella corrida benéfica televisada desde Cáceres en la que “El Juli” toreó seis toros.

Después de todo ello, Paco Ureña tenía dos opciones, o ser víctima, como tantos otros toreros y profesionales, de las redes de la camorra taurina, o tirar al “Espartero” al suelo y dejar bien claro que los “huevos” los tiene el caballo.

Ha elegido lo segundo, sabiendo que los esbirros del entramado taurino tratarán de ponerle las cosas todavía más difíciles y que saldrá más de un asustado con bigote con temor a ERE de periódico para buscar lectores atacándolo por tan valiente decisión, pero dejando claro, que como hace en la plaza, su dignidad y el respeto por la profesión y los aficionados es lo primero y que sus arrestos, como la canción de Mecano que titula este artículo, no son fiestas de guardar.paco-urena-las-ventas-san-isidro-kOOD-U302541673295zCH-620x420@abc

Fran Pérez @frantrapiotoros