UN SAN ISIDRO DE RECUERDOS: 3 AÑOS DE LA LUCHA ÉPICA ENTRE UREÑA Y “PASTELERO”

Hoy, 6 de junio, se cumplen 3 años de una de las batallas más épicas entre un toro y un torero de la historia de la tauromaquia.

El toro “Pastelero” de Victorino Martín y el torero murciano Paco Ureña convirtieron el ruedo de Las Ventas en un combate de tú a tú, en donde sobresalió la casta brava y la valentía torera. Un lucha grandiosa que descansa en la historia taurina junto a la que protagonizaron Rincón y “Bastonito”.14967831758718

Antonio Lorca es el diario El País comentó de ese encontronazo de grandeza taurina: “Había que ser muy buen torero para estar a la altura de ese toro, tercero de la tarde, Pastelero de nombre, de 520 kilos de peso, descarado de pitones astifinos, que acudió con presteza al caballo, galopó alegre en banderillas y llegó a la muleta pidiendo guerra. ¡Pero qué guerra…!

Había que ser un torero muy poderoso para estar cruzado delante de ese toro, un dechado de fiereza y codicia, remiso a embestir al primer cite, pero duro, exigente y agresivo cuando acudía con acometividad, prontitud y fijeza. Daba miedo desde el tendido verlo cómo perseguía la muleta con aire combativo y vibrante.

Había que tener las ideas muy claras, valor seco, oficio, seguridad, dominio de la situación, pundonor y arrojo para hacer el toreo con ese toro; para emocionar y arrebatar a unos tendidos temerosos de una voltereta que parecía inminente y lejana a un tiempo por la acometividad del animal y la firmeza del torero.

Vendió cara su muerte Pastelero. Tras una larga faena, en la que se empleó como los grandes, y una estocada algo tendida, el toro se negó a morir y deslució el triunfo incontestable del torero.

Mucha verdad mostró Paco Ureña ante ese toro; un poderío insultante; una capacidad fuera de lo común, una encomiable hambre de triunfo. No cortó las orejas, pero quedó para el recuerdo la obra de un torerazo.

Esperaba el toro en los medios, altivo y orgulloso, cuando Ureña tomó la muleta. Primera tanda con la derecha a modo de mutua presentación. Y quedó claro que Pastelero no era blandito ni dulce, sino una papeleta. La fiereza que guardaba en su interior la mostró en los redondos siguientes, y extraordinarios fueron los tres que vinieron a continuación, firme el torero, envalentonado el animal, y la plaza que comenzaba a rugir de emoción incontenida.

Otra tanda de altura, y quedó la plaza, el toro y el torero convencidos de que el que mandaba en aquella pelea era Ureña. Bajó la fortaleza de Pastelero por el lado izquierdo, pero aún tuvo oportunidad para demostrar la mucha vida que le quedaba cuando el matador volvió con la espada de verdad.

Un espectáculo grandioso, el de la lidia total, no coronado con el triunfo, pero igualmente emocionante y arrebatador. Si muchos toros fueran como Pastelero, la mitad del escalafón estaba en su casa y las colas en las taquillas darían varias vueltas a la plaza…”

Así se vio en la televisión:

Fran Pérez @frantrapiotoros