UN SAN ISIDRO DE RECUERDOS: “A HOMBROS HASTA LA CIBELES”

El 4 de junio de 1995, Pepín Jiménez firmó en Madrid otra bella obra de arte. Se celebraba la vigésimo tercera de abono de la feria de San Isidro, y junto al maestro de Lorca actuaron ese día Raúl Gracia “El Tato” y Jesús Pérez “El Madrileño”.

La tarde estuvo marcada desde el principio por la invalidez de los toros de Román Sorando, pero el cuarto se sostuvo con alfileres en la muleta y el lorquino aprovechó tal circunstancia para firmar una de sus mejores obras en la plaza de toros monumental madrileña.

Pepín convirtió el ambiente hostil en una borrachera de torería.

Así lo plasmó en su crónica en El País, hace 25 años, el gran cronista Joaquín Vidal:

“Pepín Jiménez -don Pepín para sus alumnos, que somos todos- toreó al toro inválido de maravilla. La maravilla del toreo puro interpretó don Pepín y sirvió de recordatorio a quienes lo tenían olvidado; de revelación a cuantos jamás lo habían visto. Fue como si, de repente, se hubiera aparecido el arcángel San Gabriel. Y el dorado atardecer venteño se llenó de magia…

A medida que don Pepín iba desgranando su lección magistral, el coso era un asombro, una vibración, una fiesta, y así hubiera seguido hasta bien entrada la noche..

Escuela es lo que necesita la joven torería. A fin de cuentas, torear no es tan difícil. Don Pepín demostró la verdad axiomática del teorema mediante unos someros apuntes en su primer toro, y luego dictando la lección magistral en el cuarto: redondos, naturales, pases de pecho, trincherillas, instrumentados desde la naturalidad, trayéndose al toro toreado para cargarle la suerte, vaciar donde es debido, ligar… Y, al verlo, la cátedra se venía abajo. No llega a estar inválido el toro de Don Pepín, y los, alumnos le llevamos a hombros hasta La Cibeles”

Un pequeño apunte de lo que se pudo ver en la televisión:

Fran Pérez @frantrapiotoros