“CRISANTO” Y “PEDRO ENRIQUE”

Tal día como hoy, 19 de mayo, de hace 18 años, Pepín Jiménez aparecía en Madrid, en la octava corrida de abono de la Feria de San Isidro, vestido de verde botella y oro. Un vestido sensacional, con el empaque de todos los que el maestro de Lorca se ponía, que destacaba por las letras bordadas en oro en la chaquetilla, situadas a cada lado de su pecho. Dos bordados que eran sentimiento y cariño, y que alguno quiso ver como mera publicidad.

Ni en la tele sabían que significado tenía. Marco Rocha, con el micrófono en el callejón esa tarde, tuvo que preguntarle al rubio e imponente maestro de Lorca que significaban esos nombres.

“Crisanto” y “Pedro Enrique” no venían financiados por ninguna empresa, era el gran marketing del afecto, porque no hay nada más grande que un padre luzca el nombre de sus hijos.5534199563_d297ff61f2

Era domingo, Pepín compartía cartel con José Luis Bote y David Luguillano frente a toros de los dos hierros de la casa Valdefresno.

En cuarto lugar, salió un toro con un gran pitón derecho con el que Jiménez sacó la magia de los elegidos, ese manejo único de las telas que creó una religión, un sentimiento y una pasión. Ese que cuando se pasa por la escultura de Lola Arcas a los pies de Sutullena o se persigna en el azulejo del Puerta Grande, en el cuartel general del “7” de Madrid,  eriza la piel.

Antonio Lorca, en el diario “El País” escribió: “posee una muñeca privilegiada, toreó al cuarto, un auténtico bombón, con elegancia y empaque por la derecha, y algunos redondos tuvieron gracia, hondura y ceñimiento. Una tanda más por el mismo lado que abrochó con un precioso pase de la firma”.Juan PelegrínJuan PelegrínJuan Pelegrín

La espada no funcionó y todo quedó en una vuelta al ruedo.

Así se vio en la tele:

Fotos: Juan Pelegrín, Las Ventas

Vídeo: Vía Digital