CENTENARIO JOSELITO: SU ÚLTIMA TARDE EN MURCIA

La expectación era grande, la huerta murciana era toda una hermosura, y esta vez no era porque una bella muchacha esbozara su gracejo por la vega, sino porque hasta ella, en primavera, el rey de los toreros acudía para mostrar su soberana grandeza junto a su rival más destacado en plena época de oro del toreo.

Era 6 de abril de 1920 y en las ramas de naranjo brotaban flores con un aroma especial. No era el de siempre, el azahar se mezclaba con el negro destino y la risueña huerta hacía la mueca con desgana, como si estuviera de despedida.

En un tren, de madrugada, después de haber estado cumbre en Madrid y cortarle una oreja a un toro de Vicente Martínez de nombre “Rodador” al que dio cuatro naturales ligados haciendo una circunferencia completa, José, “Gallito”, conversaba con su cuñado, al que había confirmado la alternativa esa tarde. Era un largo viaje hasta Murcia y “Joselito” e Ignacio Sánchez Mejías aprovecharon la circunstancia para ponerse al día en asuntos profesionales y personales.       

Por la tarde estaban anunciados en La Condomina para matar reses de Félix Moreno (Saltillo) en compañía de Juan Belmonte.

Sánchez Mejías iba en el tren desesperado, tuvo el triunfo en la mano en Madrid, pero con la espada fue una calamidad. No atinaba a comprender el porqué de sus fallos con la tizona. Tras ponerse al día de sus asuntos personales, Ignacio, no dudó ningún momento en preguntar al sabio rey los defectos que le veía él a la hora de entrar a matar.

José, con ese tono irónico con el que se les habla a los cuñados, y que ha llegado hasta nuestros días, le contestó: “Porque empujas con el cuerpo, sin despegar el brazo”

A Ignacio se le abrieron las entendederas de golpe y avergonzado le lanzó a “Joselito”: “O sea, que llevas cincuenta corridas viéndome hacer el ridículo y hasta hoy no me dices por qué”

A lo que “Joselito”, ya con Murcia de testigo, replicó: “Es que hasta hoy no me lo habías preguntado”

Paró el tren, se bajaron, y ambos toreros no se vieron más hasta la hora de hacer el paseíllo.

La plaza de toros de Murcia era un hervidero. Los sentimientos por “Gallito” y Belmonte dividían a los tendidos que acogían gentes de todas clases sociales. La majestad y capacidad de la plaza daba lugar a ello.

Joselito y Belmonte en Murcia pocos días antes de la tragedia de Talavera
“Joselito” y Belmonte en Murcia, 8 de septiembre de 1919

La expectación se mezclaba con la incertidumbre de los aficionados. Dos días antes, el ganadero de Surga había mandado una indigna corrida de toros que estoquearon Méndez, Valencia y Márquez. Una tarde en la que si no hubo toros, tampoco hubo toreros. Las broncas esa tarde fueron las protagonistas, algo que contrarresta con lo que ahora podemos ver en La Condomina, cien años después.

“Gallito” había toreado en la feria de septiembre del año anterior, dos días seguidos, el 7 y 8 de septiembre, con gran resultado y la gente lo esperaba. Su última actuación en estas tierras fue el 3 de octubre en Yecla, junto a Flores y Manolete II.

Las gentes de los alrededores de la capital peregrinaron en masa para ver de nuevo a “Joselito” y Belmonte, y la fortuna estuvo de su lado, porque si había dudas por la clase de ganado que iban a estoquear, desde que salió el primer toro de Félix Moreno, se disiparon, pero por el tamaño, no por su bravura, ya que la corrida de los antiguos Saltillos fue mansa hasta decir basta.

El festejo se salvó por la buena labor de las cuadrillas y el empeño de los matadores. Taparon el desastre se puede decir. Y es que esa tarde entre los profesionales, sin duda aleccionados por el mandamás del toreo, había especial interés en que la corrida saliera bien y la ganadería de Félix Moreno remontara tras algunas corridas en las que su fama de bravos había desaparecido.

En los artístico no fue la tarde de Belmonte, no estuvo a gusto con el segundo, y con el quinto se confió más, pero el público se le puso en contra, pese a que puso todo tu arte y valor en el ruedo. Lo mejor fue la estocada con la que acabó con el mansurrón, ejecutada muy en corto y por derecho. Pese a esa entrega, Murcia no le hizo caso.

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Juan Belmonte, Murcia, 6 de abril de 1920

Ignacio Sánchez Mejías, que debutaba como matador de toros en la plaza de toros de Murcia, solo destacó en banderillas. Con capa y muleta estuvo embarullado y con la espada, tal y como había estado el día anterior en Madrid, tampoco estuvo fino. Ignacio siguió empujando con el cuerpo, sin despegar el brazo, como le había dicho su cuñado de madrugada en el tren.

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Sánchez Mejías, Murcia 6 de abril de 1920

La tarde estaba para “Gallito”. José se metió al público en el bolsillo desde el primer momento. Al primero, de nombre “Dudoso” le recetó excepcionales verónicas y navarras de salida. La Condomina crujía. Los quites fueron una obra de arte, hasta tres, de todos los colores. Una sinfonía de torería, a la que le siguieron tres soberanos pares de banderillas. El amable público murciano exigió al de Gelves que banderilleara, y el rey correspondió recentando un primer par de frente, otro de poder a poder y un tercero también de frente. El animal llegó parado a la muleta y “Joselito” realizó lo que hoy conocemos como una faena para la galería. Desplantes de rodillas y agarrones del pitón precedieron a una estocada al volapié de efecto fulminante. José paseó las dos orejas.murcia

El cuarto, negro, “Corajito” de nombre, salió implorando a la madre mansa. A “Gallito” solo le dejó dar dos verónicas porque el animal salía huido, de un sitio a otro de la plaza. La locura fue calmada por las banderillas de fuego. Algún toro más del festejo debió tener también ese deshonor, pero este pagó por todos.

El fuego trajo después una monumental obra de “Joselito”. Un faenón que comenzó con pases sentado en el estribo, desafiando al animal. Ya en pie, la obra fue cumbre. Desde la primera tanda la gente ya le pedía las orejas. “Gallito” al natural estuvo inconmensurable. El clamor inundó la Condomina. El torero paseó sonriente las dos orejas tras un pinchazo y una estocada sin saber que era su último toro en Murcia.

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“Joselito”, Murcia 6 de abril de 1920

Mientras la gente saltaba de alegría en los tendidos sin percatarse de que la parca andaba rondando al ídolo, y que un mes y diez días después, con la ayuda de “Bailaor”, de la Viuda de Ortega, iba a llevárselo a los cielos en Talavera.

100 años después seguimos recordando la grandeza de este torero, la gracia toreadora como plasmó Alberti en sus versos, un genio que revolucionó la fiesta, que la pensó para todos y cuyas ideas deberían ser un pilar fundamental para los tiempos que ahora la tauromaquia tiene que afrontar. “Joselito” se fue joven, pero como la canción de Vicente Fernández, sigue siendo el Rey.

Valga este escrito para homenajearlo en la semana en la que se cumplen 100 años de su muerte (16 de mayo de 1920)

¡Viva la fiesta de los toros!

Fran Pérez @frantrapiotoros