AL “GALLO DE MORÓN”, IN MEMORIAM por Marcial García

Al filo de las primeras heladas de este anormalmente cálido invierno, con agujas de escarcha, me ha llegado la noticia de tu partida, querido padrino, admirado maestro.

Hace muchos años ya, por partida doble, se cruzaron nuestros caminos. De una parte, la Universidad, donde nos presentó el llorado Pedro Lillo, compañero de tantas cosas. Por la otra, los toros, unos años después, de manos de Miguel López Bachero, compañero de pasión, en la que le había iniciado. Eran tiempos en que “La Opinión” comenzaba sus andanzas, y vosotros dos formabais parte de la ilusionada tripulación de aquel velero que iniciaba singladura. Aunque, la verdad sea dicha, mi primer contacto con los Flores pimentoneros, de los que eras parte, empezó en Espinardo, en mis tiempos de internado en el “San José”, aquella especial institución, de tendencias semicuarteleras, donde era caudillo Rocamora. Tu pariente Paco, el que coleccionaba esquelas, era uno de mis amigos externos. Con él conocí el mundo misterioso del pimentón, que coloreaba piel y ojos de sus trajinantes. Muchos recuerdos. Mucha añoranza…

Nos caímos bien. Estoy seguro. Trasegamos algunos vinos, compartimos opiniones y visitas, inquietudes y amigos. Hasta algunos viajes de exploración, arqueológica y antropológicos podríamos añadir.

Tu afición a las fiestas populares, como buen barojiano, de las que disfrutabas a la par que investigabas, nos llevó a romerías y santuarios, como la impar de la Cañada del Conejo, donde aprendiste significado y sentido de la paraliturgia de santa María de la Rogativa y el Remedio, la de la frente herida, al pie de Revolcadores. También, en más de una ocasión, visitaste nuestros centenarios encierros y disfrutaste de mis creaciones culinarias en “El Peñón”, siempre con la alabanza y la pregunta a punta de lengua. De esta manera pudimos confraternizar y afianzar una amistad con tantos puntos comunes.flo2

Pero éste es un medio taurino y a los toros regresamos.

Con el alias de “El Gallo de Morón”, por aquello de “cacareando y sin plumas”, tus columnas, colaboraciones y cuadernillos en “La Opinión” se hicieron tremendamente populares. Era otra manera de ver los toros en una tierra y una feria que caía en picado desde los tiempos de oro de un novillero esmirriaillo de Triana, que hizo de esta plaza su catapulta; o de los de plata de aquella mágica tripleta, “Alegre, Puchades y Barceló”, que tantas tardes de gloria dieron al coso condominero. Ahora, aquella otrora exigente afición, se estaba transformando en rebaño de capaza y bota, aplaudidores a golpe de palma de cancha baloncestista, o que pedía las orejas desgalillándose, sin otra razón que la de “que güerva l’año que viene”.

Tus análisis eran de otra calaña a los de la “amojamada” panda de gacetilleros “oficiales”, que echaban pestes de tu libérrima pluma y, aún más, libre y ácida lengua, que manejabas como látigo de la verdad torera o martillo de péndolas mercenarias. Y, claro, eso no te lo perdonaron jamás.

Eran tiempos de aperitivos, charlas, charlillas y charletas, antes y después de los montajitos con “figurones” y desechos de camada, de amogonadas y “ofensivas” astas del monoencaste vinatero. Tu mayor placer, era pasearte por todas ellas, con cierto nivel de Escocia, acompañado de tu inseparable “Luisito” Espada, espejo de presidencia seria, lanzar vuestras “cuatro verdades del barquero” ante la entendida concurrencia, rematando con el versículo: “…y no os molestéis en contestarnos, que nos vamos a otra cátedra”. Pánico despertaba en más de uno vuestra asomada guerrillera.flo1

Pero, conforme ganaba el adocenamiento y el cemento, tu presencia en esta plaza de tus pecados se fue diluyendo, hasta el “ab-renuntio” final. “Tengo cosas más importantes que hacer”, solías decir a quien inquiría sobre esa deserción. Yo también había dejado hacía tiempo mi sitio en las primeras sillas rojas ¿Para qué?

Y ¡vaya si tenías cosas que hacer! Si alguien lo duda que consulte el ISBN y vea tu genial producción. De todo ello me quedo con tu enciclopédico, clarificador y definitivo “Correr los toros en España: del monte a la plaza”. Quien quiera saber algo documentado sobre la HISTORIA de nuestra tauromaquia tendrá que bucear en alguna de sus 336 densas páginas, con abrumadora documentación y amplísima bibliografía.flo3

Sabes que no me gusta hablar de mí, pero nunca olvidaré tu padrinazgo compartido y apoyo inconmovible a mi candidatura y nombramiento de correspondiente a la Real Academia Alfonso X el Sabio, de la que tú eres numerario…

Que la tierra te sea leve, querido amigo. Tu ejemplo de investigador, aficionado-apasionado de toros, antropólogo y estudioso de tantas cosas lucirá sobre el blasón murciano como una de las empresas de Saavedra Fajardo. Tu memoria, grabada a fuego en el corazón de los que tuvimos la suerte de tratarte y compartir ilusiones.

Por Marcial García