“GEOMETRÍA EUCLIDIANA” por Marcial García

Bergamín, un antitaurino converso, habló de la música callada del toreo y el taurineo, como gallinero asaltado por vulpeja inexperta, se revolicó y clamó contra el intruso que osaba salir de los viejos conceptos. ¿Acaso toro o torero eran instrumentistas silenciosos? ¿Por ventura existía una partitura con tempo para la lidia?

            Del mismo modo, nunca creí que en una mañana brillante de tentadero excepcional, el viejo rito acabara descubriéndome, nada menos que los ya olvidados conceptos y axiomas de la geometría, la hermosa ciencia de medir el espacio, que los griegos, como casi siempre, estructuraran, fijaran y delimitaran las normas de esa perfecta medida, hace ya muchos siglos.

            Ni se me había pasado por las mientes volver a escuchar dictar el verbo lúcido de Euclides de Alejandría, quién, a través de sus “Elementos”, explicó de modo inapelable las viejas cuestiones del espacio, tanto plano como tridimensional, es decir, llevado al mundo de la tauromaquia: “los terrenos”, del toro o el torero, que tanto han dado que hablar. Y no es que Euclides fuera taurino. No. Era simplemente sabio.

            Sabio de prosapia y empeño se me ha manifestado esta mañana el torero al que sigo con devoción y esperanza. Y no es que dudara de tal facultad -la de la sabiduría- en su bien amueblada cabeza, sino que uno, amante de la vieja y sabia Hélade, tiende a idealizar en exceso un camino tan hermoso, duro y sacro como el que él ha elegido como irrenunciable. Pero ahí estaba, dictándolo ante un nobilísimo, encastado y bravo  novillo, al que había que saber hacerle las cosas, porque, a pesar de todas las virtudes apuntadas, pedía papeles.

            Pero aquí los hay. Casi tantos como en la biblioteca de Alejandría.

            Uno a uno, glosados, demostrados y embellecidos, ha dado su clase magistral sobre los cinco postulados del sabio alejandrino, que tratan de puntos, planos, rectas, espacios, tangentes, paralelas, secantes, ángulos correspondientes… Es decir, todo el tratado del temple, la colocación y las distancias que exige la pureza de esta perfección, científica y artística, que es el buen toreo.79346960_1170032663202827_5312994181466030080_n

            Las pupilas y pupilos de Merenciano estaban siendo fieles a las señas de la casa, a esa autenticidad que buscaba el añorado patriarca y que hoy mantiene Antonio, por convicción y como el mejor homenaje a su progenitor, cuyo espíritu impregna toda la casa. Con casta, bravura y tipo, algunas pedían los papeles a los toreros, que pugnaban por salir airosos, por dibujar un lance, por cultivar el temple, ese ingrediente mágico del que emana cualquier suerte que merezca tal nombre.

            Sé que, a estas alturas, algunos estarán rumiando maldiciones por estas líneas oscuras. Sé que se preguntarán que a cuento de qué viene este soliloquio con mis viejas manías.

            Lo sé. Pero no me importa.

            Llegué a la tauromaquia por devoción y con pasión la vivo. En mi mundo interior, cada vez se afianza más el goce estético y el cultivo de lo puro y mágico. De eso que engrandece la faena cuando deja de ser un alarde circense o gladiatorio y se convierte en una creación de arte.  Maldigo de los viejos tópicos, hoy tan en el belfo de tanto “entendido-voz de su amo”, esos que hablan, cuando intentan justificar lo injustificable, de que “se han inventado” la “faena”. Los pobres no saben que cuando la faena no es inventada, desde el cerebro y el corazón, este hermoso rito se convierte en una vulgar pantomima.

            De regreso a casa, en el coche del torero y en la única compañía de su padre, les he trazado el esbozo de estos mis pensamientos. Ha flotado un largo silencio expectante.

            Desde el retrovisor, después de ratificarme en el concepto, he contemplado una sonrisa contenida y una profunda mirada, a medio camino entre la conmiseración y el agradecimiento. Seguramente, mi amigo, estaría dudando entre la confirmación de mi locura o la agradecida sorpresa de que haya violado el secreto de su estética.

            Mando deberes:

-Para los que lo deseen, que repasen los viejos postulados y la geometría euclidiana. Cuando lo hayan hecho, analicen esta foto que acompaño.

-Para los que sigan pensando que ando en otras cosas, que me manden directamente a donde pican los pavos.

La Losica, día de la Purísima.

Por Marcial García García