LAS PERIPECIAS DE JOAQUÍN “EL GITANO” Y OTROS PERSONAJES DE LOS PRIMEROS AÑOS DE LA PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA (1ª Parte) por Julián Hernández Ibáñez

Corre el año 1887, años difíciles para todos, hambrunas, riadas y enfermedades que no pueden con el ánimo de los murcianos. Los toros son el espectáculo más importante de España, mueven masas de una localidad a otra, las ciudades se engrandecen alrededor de sus plazas de toros, y a Murcia ya le tocaba un nuevo coso más moderno y con capacidad para miles de personas. La plaza de San Agustín, que era donde se albergaban los festejos taurinos, ahora ya queda para menesteres más mundanos. Como reemplazo se construye una Plaza Monumental, la primera de España por capacidad. La Condomina nace para quedarse en nuestros corazones y los primeros personajes, hoy olvidados por casi todos, aparecen en su regazo.plaza

Sirva esta humilde historia taurómaca sobre los primeros años de la plaza de toros de Murcia, para recordar hechos, aventuras, sustos, peripecias y personajes nacidos a su vera. Y para comenzar quiero resucitar del olvido a:

Joaquín el gitano

Este personaje entrañable de la plaza de toros de Murcia, estaba al cuidado de la cuadra de caballos, incluso en muchas ocasiones hacía las veces de alguacilillo desde su inauguración hasta aproximadamente 1910, luego se le perdió la pista por completo. Joaquín, el gracioso gitano, como se le conocía, se imponía para sí mismo cualquier tarea que los primeros conserjes de la Condomina le atribuían, a cambio solo de un plato de comida y de cobijarse en su plaza los días de toros, y que en esos años eran bastantes. Joaquín dicen que era sanjuanero, como se les hacían llamar a los moradores del entrañable barrio de San Juan de la capital murciana.

Este simpático Joaquín, siempre estaba al auxilio de los caballos y de los picadores, estos últimos sentían adoración por el gitano.

En una ocasión, había un toro en la plaza pegando firme a los de a caballo. Los picadores querían ganar tiempo y apelando a sus marrullerías no encontraban caballos de su gusto para salir a la plaza. El público gritaba: —caballos, caballos. Joaquín el gitano, en la puerta de arrastre juraba, hasta en arameo, pero los piqueros no montaban en ellas, siempre poniéndoles defectos. —Eza zilla eztá floja, decía uno; —ezte caballo eztá muerto, decía otro; y en esto llegó un inspector de policía para obligar a los picadores a que montaran. Y Joaquín, que tenía una gracia sin igual, dirigiéndose a este, dijo:  —venga osté, venga osté, zeño guardia, que estos hombres quieren montarse en la Equitativa; toos los caballos les paecen malos. (La Equitativa era una aseguradora muy en boga en el año 1900).

Juan Baños, el primer conserje de la plaza

Juan era un compendio de sapiencia taurina y un gran entendido en reses bravas. Él fue uno de los chulos de toriles de la antigua plaza de toros de San Agustín. Tengo constancia que en festejos amateurs, que en esos años eran muy numerosos, hacía también las veces de picador. Luego pasó a desempeñar la labor de torilero y conserje de la nueva plaza de toros de La Condomina. Sin Juan Baños, la plaza de toros, hubiera sido un caos en los años de su inauguración.

Juan era el veedor de la plaza, era quien representaba a la empresa y viajaba para elegir los toros que luego se correrían en plaza.  También se encargaba de esperar al ganado en la esquina de la plaza, recordemos que en esos tiempos el ganado era conducido a la plaza a pie y a caballo, para luego encerrarlo en los corrales.  Por su avanzada edad, requirió la ayuda de otra persona, para que le ayudara en las faenas propias del cargo, que eran muy pesadas y requerían mucho esfuerzo, ahí es donde llega Benito Belmar, al principio  ambos se encargan de esa labor, pero pocos años después ya Benito en exclusividad se queda con el cargo.

Benito Belmar Abellán, su hijo y la señora María

Benito belmarBenito Belmar Abellán, patriarca de la familia Belmar, conserjes de toda la vida de La Condomina, era un erudito en materia taurómaca, hombre a la antigua y de buena madera, trabajador, formal y muy honrado.

Fue nombrado  conserje a los pocos años de ser inaugurada la plaza. Si la familia Belmar ha estado ligada a la plaza de toros de Murcia, durante más de un centenario, fue gracias a Agustín Ruíz, cirujano notable en Murcia, y miembro de la Cooperativa de Empleados, que era la propietaria del inmueble, que fue su principal valedor y padrino.

Benito fue el artífice de que la plaza de toros fuera admirada en toda España por su hermosura, embelleciéndola mucho con enrejados, naranjales, jazmineros, higueras y flores, que convirtieron los entornos de la plaza en auténticos vergeles.

Benito era el encargado de fabricar las banderillas y moñas que luego se usarían para los festejos taurinos, era tan bonitas y artísticas, que incluso se publicitaba para venderlas a las empresas taurinas o al público en general. El anuncio decía así:

 —Los empresarios que deseen adquirir banderillas superiores de todas clases iguales a las cordobesas, pueden dirigirse a Benito Belmar, conserje de esta Plaza de Toros, quién se las facilitara a precios económicos—.

Benito era tan cumplidor y exigente, que un día que recibió la consigna de no dejar pasar ningún coche al patio de caballos, hizo salir de él al del propio gobernador civil.

Benito sufrió la pérdida de su esposa en 1899 y esto le sumó en una profunda pena, que le debilitó mucho en ánimo y en salud, hasta que finalmente fallece en 1901. En la página web de la plaza de toros de Murcia y en algún que otro libro, como el de 125 años de la plaza de La Condomina, aseguran que el “primer” conserje lo fue hasta el año “1905”. En ambas fuentes se dan errores importantes que han seguido hasta hoy. Primer error, el primer conserje de La Condomina, no fue Benito, fue Antonio Baños. Segundo error, Benito Belmar Abellán, no pudo ser conserje hasta 1905, el fundador de la saga Belmar, murió en 1901, más concretamente el 22 de julio de 1901, difícilmente puede uno ser conserje después de muerto—.benito hijo

A su muerte le sucedió, su hijo Benito Belmar Lucas, hombre bueno y noble como el padre. Belmar hijo fraguó una gran amistad con el torero cordobés Machaquito, que en esos años era primera figura del escalafón, el califa de Córdoba le escribía con frecuencia y Benito hijo, filtraba estas cartas a la prensa para que salieran a la luz y demostrar que aunque las malas lenguas decían que Machaco no quería venir a Murcia, eran sospechas infundadas. Rafael González Machaquito, tenía un gran cariño por esta región, no en vano se casó con una cartagenera, de ascendencia inglesa, Ángeles Clementson, en el siguiente enlace, pueden recordar esa historia tauromáca publicada hace algún tiempo. https://elmuletazo.com/2017/12/18/la-boda-de-machaquito-con-una-cartagenera-por-julianhibanez/

Falleció Benito Belmar Lucas, en 1919, la Cooperativa nombró para sustituirle a su viuda, doña María Carrillo, por la corta edad de sus hijos, fiel cumplidora de su obligación, que siempre contó con la ayuda inestimable de sus hijos.

La señora María, como su suegro, tenía el patio de caballos  lleno de macetas siempre en flor, azucenas, geranios, claveles reventones, sin olvidar un frondoso jazminero y la apacible sombra de una tupida parra, de la que colgaba un botijo rezumante de agua fresca. Como dato paradójico de esta señora, reseñarles que jamás presenció una corrida de toros, siempre se quedaba de puertas para adentro, haciendo los quehaceres del cargo.mujer

Anselmo Lorencio, único empresario al que le dieron dos vueltas al ruedo póstumas

Anselmo era un bonachón, simpático y amigo de sus amigos. Luchador infatigable, llegó a sus manos la explotación de la plaza de toros, como gerente de la empresa Pages, a primeros años del siglo XX, cuando esta era un inmueble poco productivo e inexplotado. A partir de entonces todos los años organizaba la feria con los toreros más relevantes. Dando novilladas y festejos prácticamente todos los meses. Don Anselmo los 18 años que estuvo como empresario dejó una huella y una labor que nunca olvidaron nuestros paisanos. Anselmo Lorencio, todos los años organizaba la feria con relevantes toreros. Su lema era:

 –a tales fechas, tales carteles–.

Instauro la tradición, de ofrecer a todo el que asistía al encierro, un vaso de “canario”, que era una bebida hecha a base de anís con limón. Al encierro, le sucedían aperitivos varios, pues la señora María tenía como norma agasajar a todo el que entraba a su patio, cocinando un arroz caldoso que debía ser exquisito y que mojado con buen vino hacía las delicias de todos los amigos, periodistas y gente del toro que esperaba la hora del festejo y que no se levantaban del sitio hasta que prácticamente sonaban los clarines.

Anselmo era hombre de convicciones fuertes y de gran inteligencia, desarrollo un trabajo cargado de anécdotas, que estoy dispuesto a relatarles algunas:

Anselmo no era una persona que se le engañara con trucos ni con buenas palabras, al poco de entrar como mandamás de la plaza de toros de Murcia, convocó a una reunión al jefe de acomodadores de la plaza, para restringir los cientos de personas que se colaban, recomendaos, enchufaos y demás frescos cada vez que había función taurina. Y la entrevista se desarrolló en estos términos:

  —A ver, amigo; ¿cuántos porteros necesita el servicio de palco?

       —Noventa respondió el jefe de los acomodadores sin titubear.

—Están ustedes despedidos—replicó al momento don Anselmo, eso es un abuso.            Y tan ancho despidió al jefe y a los acomodadores que eran un auténtico comando fraudulento y sangrante para la plaza.

En otra ocasión, en una corrida, el cartel anunciaba entre los matadores, al excelente matador y califa, Rafael González “Machaquito”. En el contrato de “Machaco” figuraba una cláusula en la que obligaba a la empresa a aceptar el matador sustituto que el citado diestro eligiera en caso de resultar herido en anteriores corridas a la de Murcia. Mas el sustituto habría de ser acompañado y torear con la cuadrilla de Rafael, cobrando así hasta la última peseta aunque el matador cordobés no estuviera en la terna, y esa suma era nada más y nada menos que 8000 pesetas de las de 1910.machaquito

Y en estas que Machaquito fue herido en otra plaza con anterioridad, y el aplaudido torero hizo uso de la cláusula leonina que había impuesto, y en el día señalado para la corrida de Murcia, hizo aquél llegar al sustituto, un matador de escasa categoría y desconocido por completo hasta por los plumillas taurinos.

Tan pronto llegó el espada representativo de “Machaco” con la cuadrilla de este, don Anselmo pidió ante el Gobernador la plantilla efectiva de los toreros que componían la citada cuadrilla del célebre espada, y al observar Lorencio que no correspondían todos los nombres a los anunciados, faltaba un banderillero y un picador reserva, anuló el contrato y ni el sustituto de Machaquito ni sus peones ni piqueros actuaron aquella tarde.

El señor Lorencio, que no tenía un pelo de tonto, cuando días antes se enterara de la cogida de Machaquito, con mucha prisa contrató con mucho secretismo, al gran artista Rafael Gómez “Gallo” para sustituirlo, y el famoso calvo de las “espantás” llegó a Murcia el día de la corrida momentos antes de la hora de comenzar procedente de Barcelona, el viaje hubo de realizarlo en automóvil.

“El Gallo” tuvo una gran tarde, la afición quedó absolutamente complacida y el empresario consiguió un éxito de organización, librando a Murcia de un contrato leonino y perjudicial a la ciudad de llegar a torear el neófito que había exigido el diestro cordobés.

Anselmo Lorencio, fue un gran arquitecto, muchas edificaciones, sobre todo casas baratas en el actual barrio de La Fama, las proyectó el. También fue empresario de las plazas de toros de Lorca y Cartagena. Murió joven todavía, víctima de una penosa enfermedad, el 10 de septiembre de 1927, y era tan querido por todo el firmamento taurino, que cuando la comitiva fúnebre pasaba por la plaza de toros, le abrieron la puerta de la plaza y le dieron dos vueltas al ruedo al coso de La Condomina.

Continuará…

Por Julián Hernández Ibáñez Twitter: @julianhibanez