MI AMIGO JOSE por Marcial García

Mi amigo Jose, así, sin tilde en la E, eligió hace mucho tiempo su pasión. Ella es parte importante de su vida, que sus circunstancias personales se la ha reducido en espacio geométrico, pero no intelectual ni espiritual. Lo que la movilidad física le limita, él lo ha sublimizado con su manejo de las nuevas tecnologías. Con ellas, su mundo se enriquece y amplía, visitando los ruedos, leyendo las revistas y diarios, enterándose en blogs y muros de Facebook de todo lo que se escribe, malicia y “engrasa” del mundo cerrado de su objetivo casi único. Pocos habrán tan enterados y al día como él, conociendo y comentando los dimes y diretes de cronistas, limpialevitas y plumas mercenarias que, a toque de vil metal u otras menos confesables compensaciones jalean a los favoritos del cotarro.

Pero, a pesar de eso, mi amigo Jose (así, sin tilde) tiene un criterio propio que diseca, cual bisturí de buen cirujano (taurino, por supuesto) la verdad de la furufalla, lo auténtico del postureo. Mi amigo Jose sabe dónde hay rica almendra, nutritiva y sabrosa, o dónde simplemente cascaruja. El puñetero tiene ese raro sentido que pocos de los que comparten -compartimos- su pasión sabemos emplear. Por eso, da gusto escuchar a mi amigo cuando habla, frenándose su impulso  de razones, comentando carreras y afinando pronósticos. En su caletre ha ido almacenando datos, discriminando verdades enteras, medias verdades o simple embuste interesado. Por eso, su opinión va cargada de razones y criterios ponderados, porque aparte sus intocables, mi amigo no tiene inquina predeterminada contra nadie que, aunque sea solo de vestido, se dedica a ese sacerdocio que le embriaga. Mi amigo no suele cargar tintas ni escatimar elogios. Por eso me gusta -nos gusta- escucharle, casi como a un oráculo.

Para mi amigo Jose (sin tilde, reitero) hay unos cuantos nombres intocables: venerados hasta la abnegación, y que llenan sus devociones a vaso colmado. Unos, mejor dicho, uno, se dedica a criar la mitad de los elementos de su pasión. Tiene su campo de acción en la lejana dehesa trujillana, que, con nombre de figura geométrica, hierra y anuncia sus crianzas, teniendo como nombre propio el del santo protector de la garganta. Sus amigos (mi amigo tiene bastantes y buenos) le organizaron el sorpresón de su vida, llevándolo a esa mítica estancia, donde toda la familia le agasajó como lo que es, un rey de la amistad. Con métodos inverosímiles le fabricaron artefactos para que disfrutara hasta el éxtasis en la visita y en la tienta. Mi amigo lo recuerda con piedra blanca, como uno de los factos más inolvidables de su vida. Mi amigo es agradecido hasta decir basta, y aquello reforzó sus ya firmes afinidades. El otro (¡ay, el Otro!), merece punto y aparte.

El intocable señero es la otra parte, si me apuráis, la principal de sus pasiones. Él suele eufemizar con heterónimos, para no desacralizar el nombre adorado. Heterónimos tales como “mi Niño”, “nuestro Chico” o “el que sabes”. Ambas tres formas solapan a la misma persona idolatrada. Por él cuenta los días, por él realiza cuadrantes y estadísticas, por él tiene asaeteadas a peticiones de amparo y suerte a su querida Esperanza y su adorado Ecce-Homo, que, seguramente habrán tenido que habilitar un canal exclusivo de comunicaciones y plegarias expeditas para él, porque mi amigo es hombre de fe. Por lo menos de esa fe cuasi parental de los sagrados iconos de su pueblo, tan intocables como los que acabo de nombrar de carne y hueso. Y por él, a no dudarlo, daría parte de su existencia.

Pero, en estos últimos días, mi amigo Jose (sin tilde, repito) anda un poco mosca por habladurías que le llegan, por insinuaciones mal pensadas  o por simples murmuraciones malintencionadas que le hacen llegar. Todas tienen como núcleo venenosos las inquinas, reales o figuradas, que arrojan sobre quien encarna su modelo admirado. Estas puyas enviadas socavan un tanto su previsión de las importantes jornadas que se avecinan. Y ese estado lo pone triste. Muy triste y nervioso. Yo, sabedor de sus cuitas, intento insuflarle ánimos y le aconsejo haga oídos sordos a esas y otras maldades, porque el futuro solo está en las manos de Dios, o de su Ecce-Homo y su Virgen de la Esperanza.

Imagino, que a estas alturas, ya habrán adivinado que mi amigo Jose (sin tilde, claro) se llama para el D.N.I.: José (con tilde) Antonio Navarro Miranda, y sus intocables son:

-El ganadero de “El Cubo”, Blas Gómez Millán, y toda la familia, claro.

Y su Niño -nuestro Niño-, Filiberto Martínez de Haro, foco de sus cuitas, ansiedades y mejores deseos.

Espero, amigo Jose (eso, sin tilde) que te sosiegues y disfrutes.

Se aproximan días importantes para el torero, pero su personalidad y su arte es garantía para que sigas esperanzadamente entusiasmado. Ya verás cómo irás sumando días y trofeos a esa tu particular estadística y todos nos alegraremos: por tu alegría y por sus triunfos.4

Por Marcial García