SUERTES, HEROICIDADES Y MOJIGANGAS MURCIANAS (II) por Julián Hernández Ibáñez

En esta segunda parte de suertes, heroicidades y mojigangas murcianas, quiero comenzar recordando dos historias genuinamente murcianas, ambas crueles, grotescas e intemporales, pero que aun siendo desagradables, tenemos el deber de conocer, sin ánimo de juzgar al menos por mi parte, lo que antes era y ahora no es. Si todavía no has leído la primera parte de este curioso artículo puedes hacerlo en este enlace [Pincha aquí para acceder a SUERTES, HEROICIDADES Y MOJIGANGAS MURCIANAS (I)]

CUADRILLA DE TOREROS BUFOS CARTAGENEROS

Nuestros paisanos del pasado, tenían un “peculiar” sentido del humor, cuando querían organizar un festejo cómico, solían echarle mano a desdichados, inocentes  con poquitas luces o con exagerados defectos físicos. Esta cuadrilla cartagenera estaba integrada por unos personajes llamados “El Jaqueta”, “El Mudo” , “El Carpo” y “El Amapola”, entre otros, personajes grotescos, que vestían con trajes de torear antiguos , muchos de ellos alquilados y con escaso acierto en las medidas.12

Antes de la corrida y para evitar que salieran por piernas, los encerraban en la misma plaza de toros, les daban comida y bebidas alcohólicas, para más tarde hacerlos salir al ruedo en un estado lamentable, siendo el blanco de la burla del público. Cuando se abría la puerta de toriles y salía la res, se veía correr a los tres o cuatro desgraciados huyendo despavoridos, mientras el animal les iba persiguiendo con estrepito.13

LOS DEL GARROTE

Me tomo la licencia de llamar así al grupo de aficionados, que bien entrado el siglo XIX, en los pueblos de nuestra bendita región y provistos de un palo o  garrote y mucha mala leche, se convertían en guardianes del callejón y repartían estopa a quien tuviera la idea de entrar al burladero.

En muchos pueblos se daban becerradas o novilladas con el único propósito de demostrar valentía ante las reses, y provistos de estoque y muleta, los jóvenes y no tan jóvenes torerillos, la mayoría sin mucha idea del oficio, se tiraban al ruedo (groso error) para intentar dar unos muletazos al animal, la mayoría al no poder dárselos, por no saber o por no tener luego las agallas necesarias para ello, querían tomar las de Villadiego, pero en esto que los “simpáticos” lugareños, pertrechados de gruesos garrotes, lo impedían a garrotazo limpio en la cabeza y en las costillas, con el consiguiente daño del estacazo y lo que es peor, de la cornada segura que les ocasionaba el “animalico” que estaba al acecho cuando a golpes empujaban a los zagales a volver al ruedo.14

LOS BARBEROS

Parecida a la historia anterior del garrote, pero esta vez golpeando el ego y la vergüenza torera del torerillo.  Los barberos eran lugareños que sentados en el tendido, iban provistos de grandes tijeras, para que, cuando un novillero tuviera una mala tarde y se le fuera vivo el animal, por no saber o no querer matarlo, saltaban al ruedo y ante la pasividad de la autoridad que solía en muchos casos ser peor que el que saltaba, no se les ocurría otras cosa que agarrar al de luces entre muchos y RIS.. RAS.., coleta cortada, con el consiguiente disgusto del impotente torerillo, que llorando y maldiciendo se iba a su casa y veía su amor propio herido y truncados para siempre los deseos de torear en su pueblo, ni en las cercanías.15

SUERTE DEL ESTAFERRO

La última vez que se practicó fue el 18 de marzo de 1858, y que consistía en unos dispositivos giratorios en forma de cruz, que se colocaban en el centro del ruedo, en cuyos brazos se colocaban colgando muñecos, cuando el toro embestía a uno de ellos, el otro le daba en el trasero, quedando sorprendido el burel, ante la diversión del público. Estos artilugios se usaban en la Edad Media para entretenimiento de la tropa.

SUERTE DE LA MAMOLA

Es una suerte importada de México. Para hacer la “mamola”, el torero, antes de que abran el toril, se acuesta de espaldas al suelo frente a la puerta, a una distancia adecuada para ser visto por el toro en los momentos en que salga al ruedo. Levanta verticalmente las piernas, para sostener entre los pies una olla ”piñata”, llena con ceniza o yeso. En esa postura espera la embestida. El toro rompe con el testuz el cacharro y la ceniza o yeso le baña la frente, ojos y hocico, y queda igual que si lo hubieran enmascarado. El torero es volteado hacia atrás por el topetazo. El inventor de esta suerte, fue el diestro Raúl Salmerón “Torcaz”.16

SUERTE DEL ZAMURRO

En la plaza, muerto el toro, antes de que las mulillas lo retiren, un hombre disfrazado de “zamurro” (ave parecida a un buitre), imitando al hambriento pajarraco, haciendo graciosos movimientos se subía a la res y le picaba imitando al pájaro carroñero.17

LA REDOMA ENCANTADA

Esta suerte es muy antigua y ya se practicaba por el año 1734. En el ruedo se armaba un aparato de madera, y en la parte superior se colgaba un hombre, sujeto por los pies, y boca abajo, que citando a la res, al pasar por debajo le ponía banderillas. Esta suerte se realizaba hasta bien entrado el siglo XIX.18

TOROS CONTRA ANIMALES

Las primeras luchas de toros contra animales tienen mucha antigüedad, carneros, gallos, camellos, perros, tigres, hasta elefantes: Cartagena, 28 de abril de 1867, se celebró un espectáculo, que por su novedad produjo gran expectación. Se trataba de la lucha del Elefante “Pizarro” con tres toros de distintas ganaderías. El toro primero fue el más bravo, y llegó a herir al paquidermo en su tercera embestida.19

La vida del Elefante Pizarro se convirtió en una prisión anodina y monótona, visitando muchos pueblos de España, repitiendo el espectáculo, lo que provocó un lento declive del animal hasta acabar con su muerte en 1873 con una edad estimada de 58 años.20

El 24 de julio de 1904 en San Sebastián, en una jaula en el centro del ruedo, el toro Hurón, contra el feroz tigre “Cesar”. Giran los animales vigilándose desconfiados, sin apartar el ojo el uno del otro, aburrido el público, cansado y excitado, se lanza al ruedo tirando petardos, enfurecido el toro embiste contra el tigre, que estando justamente en la puerta, abre esta y sale al ruedo, quedando libres ambos. Pánico general, desorden por doquier, los guardias disparando, muchos espectadores que llevaban revolver, se unieron a los guardias, en resumen, un espectador muerto por arma de fuego y algunos heridos. El tigre murió abatido de un disparo en el ruedo y el toro de igual manera en el corral.21

Suertes, heroicidades y mojigangas hubo mil, en los años de nuestros retatarabuelos, el ingenio de nuestros antiguos paisanos, era desbordante.

Se cuenta que en la plaza de toros de Santo Domingo de Murcia, una vez se cambiaron los burladeros por cucañas, imagínense a los intrépidos torerillos subiéndose al palo para huir de la res.

También leí que hace muchos años en Murcia, en una plaza de toros, soltaban por igual, perros, gatos y toros, saliendo trasquilado más de un perro por la embestida de la res y más de un gato encontró su final en la tripa del chucho.

Creo que esta historia taurómaca, estructurada en dos partes, es suficiente para darnos cuenta de lo ingeniosos a la par que crueles, que eran algunos de estos espectáculos donde el juego con el toro no tenía límites, solo el de divertir a la concurrencia.

Por Julián Hernández Ibáñez Twitter:   @julianhibanez