“CAGANCHO, TORERO CUMBRE, ARTISTA GENIAL, EN MURCIA DOCTORADO Y CASI LINCHADO” por JULIÁN H. IBÁÑEZ

   “Sus zapatos de charol, rompen las dalias del aire.., no hay palma que le iguale, ni emperador coronado, ni lucero caminante” Cagancho.

En la historia de la magnifica y soberana plaza de toros de Murcia, quedará como uno de los hechos mas memorables, el de haber tomado en ella la alternativa el gitano de los ojos verdes “Cagancho”, el enorme y discutido torero trianero.

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Se llamaba Joaquín Rodríguez y su apodo era “Cagancho”. Cagancho es un nombre en calé, que significa pájaro cantor, era el apodo de una familia gitana de Sevilla, en las que destacaron unos grandes cantaores. El bisabuelo del torero, el tío Antonio “Cagancho”, fue un gran cantaor de seguidillas gitanas, hombre de voz misteriosa y antigua, temblorosa y emocionada. El hijo del tío Antonio, Manuel “Cagancho”, y a la vez abuelo del torero, fue también cantaor poderoso, con voz misteriosa y de una calidad extraordinaria, un enamorado de su cante. Cuentan que los gitanos que lo escuchaban, pagaban su arrebatador delirio destrozándose la ropa y tirando por el aire todo lo que tenían delante de ellos.

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De esta estirpe de gitanos casi sobrenatural, procede Cagancho, y él llevó esa misma inspiración al toreo.

El día 17 de abril de 1927, Murcia se vistió de gala para un gran acontecimiento, Cagancho eligió Murcia para la toma de la borla de doctor en tauromaquia, una expectación sin parangón en la Murcia taurina y en toda España, pero que acabó en un sonoro fracaso.

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No se podía tener un cartel más memorable para ese día: Toros de la magnífica ganadería de Carmen de Federico, antes Murube, para Rafael “El Gallo”, Chicuelo y Cagancho.  Las tres cumbres del arte clásico sevillano, las tres figuras de un toreo por ellos creado, las tres gracias artísticas e imperecederas.

Cagancho llegó a su doctorado aupado en unos grandes triunfos como novillero, sobre todo en Valencia, Madrid y Barcelona, donde pega tal alboroto que sale de la monumental como un novillero estelar. Pero Cagancho era Cagancho, un lidiador desconcertante, un día fracasaba en Zaragoza y dos días después triunfaba en Barcelona. Cuando venían mal dadas, no le gustaba el toro o simplemente el frasco de las esencias taurómacas estaba cerrado, no podía disimular, y las almohadillas volaban dirección al entrecejo del gitano. Entonces los amores se convertían en odio irascible y la copla que se cantaba era una de estas:

          –A la puerta de la cárcel no me vengas a cantar, que está Cagancho dormido y lo vas a despertar.

Cagancho toreaba con la preocupación lógica de las normas que en esos años era lo predominante, habían empezado los parones y lógicamente no era un torero igual a los demás. Cagancho interpretaba esos parones con una gracia gitana tan natural y tan personal, que no había más que pedirle.

Un día enloquecía al publico con su toreo de muleta y en la misma corrida flojeaba con el capote. Dos tardes después no quería ni mirar a los toros que le habían tocado, y al día siguiente por esas cosas de la inspiración, hacía un don Tancredo, templando al animal una enormidad, y con las zapatillas bien agarradas al piso, para cuajarlo por el derecho y por el izquierdo, sin perjuicio de que en algún momento perdiera el engaño y tomara la espantá característica de los toreros geniales.

¿Que pasó en Murcia? Pues que tuvo su día malo e intentaré argumentar la razón.

La prensa nacional durante todo el invierno publicitó de manera exagerada tan magno acontecimiento. Toda la España taurina se encontrara en la plaza de la Condomina, incluidos diestros y profesionales del toro que no quisieron perderse tan señalada fecha. La plaza se llenó, la ciudad enloqueció, los trenes llegaron repletos de forasteros…

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Un servidor piensa que tantísima expectación vino en perjuicio de un novillero que, aunque había tenido muchos triunfos, aún era novel y la presión fue demasiado grande para el neófito torero de Triana. El gitano de los ojos verdes no tenía su punto fuerte en su fortaleza mental, sino en la inspiración que solía regalar su toreo sin la presión tan brutal que tuvo ese día de Pascua de Resurrección en Murcia.

Se le tachó de tener un miedo insuperable, poco comprendían nuestros paisanos de esa época, que el miedo es un misterio que nadie puede dominar ni entender, del miedo salen bellas creaciones y Cagancho era de esos toreros que con un miedo insuperable, construía  faenas con esencias de olores y colores incomparables.

La prensa murciana fue extremadamente cruel con el diestro sevillano, el escándalo tuvo casi consecuencias dramáticas,  pues el gentío después de tanto bombo y platillo, pensó que la tarde que había dado el gitano era poco menos que premeditada y chulesca. Gracias a Dios, los guardias actuaron de guardaespaldas y ángeles de la guarda, porque si agarran al gitano, lo hubieran linchado. No se andaban con chiquitas nuestros paisanos de hace casi cien años.

Para enriquecer esta historia les facilito la reseña del día después en el periódico Levante Agrario y que cada cual saque sus conclusiones.

         —- Me encargan sea breve, y ¡vive Dios! que lo seré. No merece llenar muchas cuartillas la famosa corrida de la presentación y alternativa de “Cagancho”. El cartel primitivo lo formaban “Gallo” Mejías y Cagancho, pero como Ignacio no piensa torear por ahora, lo sustituyeron con Chicuelo que desde el año 1919 estaba alejado, sin razón, de nuestra plaza. Doña Carmen de Federico envió una corrida muy bien presentada, algo terciada, pero con tipo y muy igual. De bravura sobresalió el sexto que era un toro ideal, lo que se llama una pera en dulce. Le siguió el quinto que se estropeó al final. Algunos hicieron cosas feas de salida, pero en general arrancaron bien a los caballos. El segundo se salía suelto al tomar las varas. Tomaron 23 puyazos y dejaron muertos tres caballos. Los picadores no salieron al ruedo, hasta que fijaron a los toros.

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Cagancho, de blanco y oro, con alamares, nos demostró que ni es torero, ni tiene valor, ni sabe torear. No hizo nada. En los quites apenas intervino, siendo abroncado por el público. En el segundo toro dio media verónica superior, pero nada más. A las 5’12 (hora oficial) fue hecho matador de toros. El toro se llamaba “Orejillo”, era negro bragao y calcetero, y ostentaba el número 205. Empieza el neófito con precauciones con ayudados por bajo, movidos, sin mandar nada (pitos) más pases, huyendo en algunos, y media pescuecera echándose fuera (bronca) acierta al segundo intento, y hay una buena pita. —¿Es éste el Cagancho que torea como no torea nadie?—pregunto. —Espera el otro toro y ¡verás!—me contestan. Pero antes de llegar su toro le vimos tanta ignorancia y tanta apatía, que dudamos de toda la fama que prematuramente le dieron algunos críticos. ¡Todo era fantasía!

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La lidia del sexto toro fue una continua pita a Cagancho, con gritos de ¡Que se vaya! ¡Que se vaya! En los quites salía de estampía a la barrera, y así las cosas, tocan a matar y ¡la debacle!, pases por bajo a dos metros de distancia, perdiendo varias veces la muleta y arreando a la barrera. iSi esto es el día de su alternativa!, más adelante ¿qué será? ¡la karaba! El toro era ideal, embistiendo cada vez que movía la muleta, y entrando franco, sin tirar una cornada, y el espada huyendo, huyendo, huyendo… Un pinchazo en el cuello saliendo de estampía, y media pescuecera. Pasa el tiempo. Más pases. Dos intentos de descabello. Sigue pasando el tiempo, y la presidencia durmiendo, a los 13 minutos le dan el primer aviso (bronca de las grandes) dos intentos más y acierta.

Sale de la plaza custodiado por la policía entre una bronca ensordecedora, escuchando el diestro todas las frases que en estos casos se dicen. En un automóvil va el torero custodiado con la secreta, y rodeado de guardias de seguridad. No se atreve a tomar el tren en la estación y se va en auto, protegido, hasta la estación de Alcantarilla, en donde toma el correo.

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                       — Ya es Cagancho matador, que el Gallo le dio cartel…, y ya da en el redondel el cañí, como orador, el mitin mejor que aquél. ¿Qué va a ser de este gitano? ¿será abismo, cumbre o llano? Nadie lo sabe de fijo; hoy por hoy es un arcano, mejor dicho: un acertijo.

¿Cuándo vuelve Cagancho a Murcia? Se decía en plan sorna al acabar el festejo. Pues muy pronto, un mes después, el  dos de mayo de 1927, Cagancho vuelve a Murcia y la vuelve a liar, incluso peor todavía, en Caravaca de la Cruz, Cagancho ofreció un sainete de espantás, achuchones, desconfianzas y pinchazos  sonrojantes, que acaban con los tres avisos en cada uno de sus toros y los municipales escoltando al diestro a la salida de la plaza.

Y esta es la historia taurómaca de la alternativa de Cagancho en Murcia. Que el desenlace fuera tan escandaloso, no es óbice para que podamos todos recordar como una fecha memorable, si no la que mas, en la historia taurómaca de la región murciana.

                                                                                         Julián Hernández Ibáñez

Twitter: @julianhibanez