VÁMONOS JUANA, A LOS TOROS DE MURCIA, QUE SON MAÑANA. MURCIA 1840 por Julián Hernández Ibáñez

13668190Septiembre entraba con sus preparativos taurómacos, ya las casas de huéspedes y posadas se iban atestando de forasteros, y las particulares de particulares. La diligencia de Lorca llegaba atestada de gente y la de Cartagena hasta en la cubierta venía repleta de pasajeros. Los apeadores respectivos estaban repletos de individuos que esperaban a sus amigos y familiares.

La afluencia de forasteros se propaga por todas partes, solo se notan caras nuevas, nuevas fachas, trajes raros. Los negocios se paralizan desde el primer día de la corrida a las diez de la mañana, y solo están los cuernos a la orden del día.C24Ox7dXUAEbRn-

La hora se acerca, los guardias a paso redoblado marchan hacía la plaza,  situada entonces al otro lado del río, en la plaza de Camachos.  En la puerta de la plaza pugna una nube de los de entradas caras por penetrar e invadir la sombra. Pisotones por doquier, malas voces, algún improperio se escucha, la gente se apretuja en las entradas.

A las doce ya están los tendidos ocupados por la multitud con una paciencia franciscana y es que hasta las cuatro no se tiene previsto que salga el primer toro al ruedo. Después entra lo más lucido de la concurrencia y van ocupando sus asientos, un griterío general anuncian los preliminares de la función. Allá en el palco se aposentan jóvenes lorquinas y de la vecina localidad de Orihuela.AKG167645

Y sale el primer toro y la emprende con el primer picador, le despacha el jaco y da una costalada al jinete que retumba en la plaza,  las jóvenes se asustan, cierran los ojos y se desmayan. ¡Jesús que angustias! las que no habían sucumbido al trastorno abren sus ojos en ocasión que el toro se dirigía al segundo picador: ¡ay! ¡ay! que lastima, exclamaron, dando paso al desmayo. El toro salta la barrera y un grupo de cartageneros sentados en contrabarrera, se afanan intentando quitarle la divisa al toro.  Entre muchos sustos, algunos aplausos y no pocos percances prosiguen y termina esa tarde taurina de 1840 en Murcia.

Por Julián Hernández Ibáñez @julianhibanez