“CHISPEANTES, FLAMENCAS Y VICEVERSA” por Fran Pérez

José tomás en MadridLlenar la plaza de toros de Las Palomas de Algeciras es algo que solo puede hacer José Tomás. Bendita virtud esa de llevar gente a las plazas de toros. Se puede torear bonito y puro, se pueden dar lecciones de torería y lidia o jugarse los muslos como si no hubiera un mañana, pero si eso no se refrenda con una fuerte demanda del público por verte, el esfuerzo solo queda en la memoria de unos pocos. Los empresarios taurinos, que se mueven por el negocio como empresarios que son, te descartan rápidamente en favor de la ley de la oferta y la demanda.

Lamentablemente la afición a los toros está en peligro de extinción y hace que esa ley sea injusta. Quedamos cuatro gatos. No lo nieguen. Fíjense en la primera plaza del mundo y sus dos últimas corridas después de San Isidro, donde se han anunciados toreros que han sido revelación de la feria más importante del panorama taurino. Entradas paupérrimas. Y la excusa no es el mundial de fútbol ni el calor. El problema es que el gran público no sabe quién son esos toreros.

Hagan la prueba y pregunten a sus vecinos de localidad en el próximo festejo que asistan de estas ferias del verano. Hablen de Chacón o Cortés, de Fortes o Lorenzo, si saben ustedes quien son. Seguro que obtendrán caras de extrañeza. Si esa cara se les ha quedado a ustedes en este momento, siendo decirles que no son aficionados a los toros y pertenecen a esa nueva hornada de público que va a una plaza de toros a disfrutar.

Hace tiempo que el sector taurino está reconvirtiendo la afición a los toros en una especie que pone el disfrute y el morbo por encima de la emoción. Ir a los toros se convierte en un acto social más, para que te vean, para hacer campaña política o empresarial, para codearse con los de los chispeantes y engrandecer al postureo. Para llenar los callejones como el de Olivenza, y demás familia, llenos de personajes de hierros en camisas y manoletinas sin calcetines. Aquello de ver un toro en puntas, ver como se arranca al caballo de lejos y apreciar la mano izquierda cadenciosa y valiente del que se viste de luces ya no importa. Eso para los bichos raros. Se acabó el rito para darle paso a la escena, al indulto y a sacar a hombros a toreros, como Castella el pasado domingo en Vinaroz, cuando le han dado los tres avisos. Todo color de rosa. Un anuncio de tampones. Una foto al Facebook de recuerdo. Si es con un político que dice ser taurino mejor. Pregúntele a este si sabe quién son los toreros antes citados.

Es por eso que nos encontramos en las ferias con toreros que no se merecen estar en ellas pero que como José Tomás en Algeciras tienen el don de que la gente compre entradas para presenciar sus actuaciones y hacer su actuación. No van a ver torear, ¡Error! Como el anuncio de televisión. A las del de Galapagar van, por muy duro que suene, a ver si lo mata un toro en lugar de apreciar su concepto del toreo y decir ¡Yo estuve allí! Otros a ver si les sonríe en la vuelta al ruedo sin importarles que se pase al toro por las afueras y a este le falte una cuarta de pitón. Algunos porque salen con esa que han dicho en el programa de telecirco. Es tan asqueroso esto que hasta algún torero ha tenido que dejar caer en los medios una relación con la nieta del que tocaba la corneta en la bochornosa España del hambre para tratar de que lo conocieran……….

Como no hay suficientes famosas o famosos que merezcan la pena para ennoviar a los toreros que tienen y deben estar en las ferias, y hacer eso de “chispeantes, flamencas y viceversa” no nos saldría rentable, desde el talibanato que resistimos cual mudéjares con los Reyes Católicos en Granada, no debemos dejar de hablar de ellos y demandar su presencia. Somos pocos, no llevamos clavel, pero tenemos la fuerza de seguir “molestando” cual mosquito en noche de verano. Es hora de demostrar nuestra afición y contar que delante de unos Saltillos vimos la lidia más maravillosa hecha en Madrid en años o que Fortes está para echárselo a las figuritas acomodadas.

Me niego a pensar en una tauromaquia que solo se acuerde de lo banal, debe seguir habiendo bohemia, locura y emoción, sobre todo eso, emoción. Y que la tauromaquia se quede con nosotros no por lo que disfrutamos sino por lo que vivimos. Sigamos siendo Búfalos, por favor.

“Yo tenía siete añitos cuando me llevó mi padre por primera vez a los toros al Puerto de Santa María, y toreaba un torero muy grande, José Álvarez Juncal……….”

Fran Pérez @frantrapiotoros