PERO A TU LADO por Fran Pérez

Reconozco que me embeleso al escuchar a Manolo Molés contar la vida de Chenel. Su trovo a la vida, obra y hazañas del maestro madrileño ha hecho que todos los que nos consideramos aficionados a los toros, aun sin haberlo visto en la plenitud de su carrera, sintamos la grandeza del que fue la revolución torera de la movida madrileña e inspirador de una de las épocas más gloriosas de la música española mezclada con la moda en tragedia enmascarada de la droga. Dios de luces venerado en la Biblia Sabinera, en el salmo de Gabinete o en el testamento de Los Secretos.31

Decía el maestro, en sus noches de radio de voz ronca, cigarro al natural, suspensión de humo en forma de toro blanco, pulmón hinchado y lección de sabiduría torera, que los toreros de Madrid eran solo los nacidos en la villa y corte. Los madrileños de los barrios del extrarradio o de los pueblos de la comunidad de Madrid no podían ser toreros de Madrid. Aquel “Tú no eres de Madrid chaval” a veces se compensaba con su bendición urbi et orbi de “Pero sabe torear” que hoy día sigue marcando tendencia. Que se lo digan a Javier Cortés.

Me acuerdo de Don Antonio paseando por la alameda de mi barrio un domingo de mayo de esos que ponen colofón a la primavera. Los gorriones pían más contentos que la semana pasada. Su cantar son “bienes” de faena grande. El sol se siente como el capote mecido a la verónica. El viento, vestido de luces mueve las ramas de los árboles con la mano izquierda, mientras el silencio solo se rompe por el sonido de los olés y las palmas desgarradas de unas hojas contra otras.

Me siento un privilegiado. No podía haber elegido mejor sitio para vivir. Si esto fuera Madrid y mi corazón hubiera sufrido los miedos de ponerse delante de un toro, “Antoñete” no me podría decir que no soy de aquí.20170728_122119

Pero esto no fue siempre así. Hacía siete años que un domingo de mayo no le ponía alegría al final de la estación que coronó Vivaldi, y que de las notas del concierto para violín no salían sonidos del pasodoble de la catalana Elvira Checa. Lo que hoy son gorriones antes eran murciélagos en el día. El canto alegre era el grito del cuadro de Edvard Munch y el sol quemaba a la esperanza hasta convertirla en cenizas.

Menos mal que el tiempo se revistió de lila y oro, se embriagó de la torería frente a un toro de Garzón y reseñó a gentes que como la bendición del maestro torearon a las dificultades. El verbo torear mutó en trabajar en la misma conjugación. Saber torear está al alcance de  muy pocos. Pero saber trabajar y no recibir nada a cambio, solo la satisfacción de hacerlo por algo a lo que amas, aunque no te toque de cerca, eso no lo hace casi nadie.

Han sido muchos los que han puesto su granito de arena para que el esfuerzo por la recuperación de la plaza de toros de Lorca, por la Sutullena que hoy paseo, vaya por buen camino. Algunos se han fajado ante los marrajos y han conseguido triunfos sonados para ir de figuras en los carteles electorales o en la barra del bar. Buscar las puertas grandes siempre fue de toreros. Sacar barriga de fanfarrones. Pero los triunfos con el paso del tiempo se olvidan. Y las palmas en el bar se acaban. Lo que hoy es comprar una plaza de toros más adelante se puede convertir en transformarla en otra cosa porque me lo demandan. Y si no cumplir las plegarias conlleva dejar de estar en los carteles en los que pone ¡Vota!, el valiente que torea a los marrajos se agarra a lo que sea. Faenas coronadas con estocadas impropias de figura del toreo. Ojalá no haya que mandarle al maestro Andrés Vázquez para que los enseñe a matar.

Otros saben torear mejor que las figuras. En la vida también. Serán recordados por su concepto, por su pureza y por la verdad con la que han hecho las cosas. Muchas veces son utilizados por la figuras del toreo para darle remate a sus carteles y llevar público a las plazas. En la vida a las urnas. Estos suelen creérselo y abandonar sus creencias para ir de la mano de los poderosos, abandonando a los que un día les empujaron para estar ahí. Luego, cuando a la figura, o a los intereses, ya no les valen para llenar plazas, los abandonan a su suerte. Y para resurgir, si lo consiguen, tienen que llamar otra vez a los que negaron.

También los hay de los que no hacen nada, pero se apuntan los tantos. Llueva de donde llueva el agua siempre les cae. Dichosos ellos.

Varios que creyeron. La fe que mueve montañas. Por los que merece la pena luchar y rezar. A pesar de la Iglesia…..

Y luego están los que no se ven. Los que no salen porque en la cueva no se puede hacer fotos. Los que curan heridas, los que hacen carteles, los que visten toreros. Los que llaman a puertas, los que escuchan dudas, los que se quitan el tiempo. Ahí es donde reside la alegría. Y en donde está el motor, para que hoy, en este paseo, todo se me trasforme en una reinauguración a la que todavía le queda mucho trabajo y muchos obstáculos que salvar.

Que siga esta sensación de muerto resucitado. Pero siempre, a tu lado #SutullenaYa

Fran Pérez @frantrapiotoros