“DESPERDICIOS” Y LAS PELEAS DE GALLOS EN MURCIA por Julián Hernández Ibáñez

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle retrato)_thumb[4]Manuel Domínguez, torero que visitó Murcia en el año 1870, hoy día es recordado, como uno de los toreros más importantes del siglo XIX. Según contaban los que pudieron verle en la capital murciana, no fueron solamente motivos taurinos, los que le trajeron a la capital del Segura, sino también por su gran afición a las peleas de Gallos. Murcia en ese tiempo era una potencia en ese deporte, existía un local llamado Circo Gallístico en la carretera de Algezares. Este local recibió la visita de Manuel Domínguez, hecho que ocasionó gran revuelo entre los parroquianos de esa pedanía murciana.gallos

Recordemos algunos pasajes de la semblanza de Manuel Domínguez, hoy más conocido como “Desperdicios”.

El día 19 de abril de 1868 en la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla, en la segunda de las corridas de feria, el diestro Manuel Domínguez  Campos tuvo uno de los mayores desastres de su vida taurina, un verdadero desastre. Dicha tarde se lidiaron toros de Saltillo para el citado espada sevillano y el cordobés Rafael Molina “Lagartijo”. Este último tuvo una tarde de verdadero triunfo, pues si con la muleta estuvo colosal, con el estoque rayó a inconmensurable altura, mató a sus tres enemigos, de tres estocadas formidables.

El señor Manuel, señalado como torero prototipo del valor, del arrojo y la vergüenza profesional, perdió dicha tarde los papeles y se dejó los tres toros vivos y coleando. No pudo con ninguno de los tres, en los tres oyó el toque de la media luna, toque equivalente a los tres avisos actuales.

Tuvo ocho cornadas graves. Bien es verdad que tenía 52 años cumplidos, ya que había nacido en Gelves (Sevilla) el 27 de febrero de 1816, y llevaba en su cuerpo las cicatrices de ocho cornadas graves, en una de las cuales perdió el ojo derecho, el 1 de junio de 1857, toreando mano a mano con “El Tato”, en el Puerto de Santa María, al entrar a matar al primero, de Joaquín Pérez de la Concha, llamado “Barrabás”, y dejar una estocada trasera, fue enganchado por el brazo derecho, derrotó el bicho, sufrió una herida en la mandíbula del mismo lado y llegando el pitón al ojo, se lo vació. “El Tato” tuvo que despachar el “regalo” de los ocho toros que se lidiaron esa tarde.Manuel Dominguez capeando al natural (Anales del Toreo) 001_thumb[3]

Apodo

Es por esta cornada, por el que se le conoce con el apodo de Desperdicios, que como consecuencia de esa cornada en la cara, quedando el torero con el ojo derecho en la mano y pronunciando la frase, ¡Fuera desperdicios! Aunque otra fuente cuenta que viene de cuando era alumno en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, cuando el famoso Pedro Romero dijo: ¡Este chico no tiene desperdicio!

Apodo que nunca le gustó, y tanto le molestaba que existe una carta, por el escrito al director del Boletín de Loterías y Toros, que le anuncio con tal apodo, que dice así:

“Señor director del Boletín de Loterías y Toros. Muy señor mío,  un amigo me ha hecho    advertir que en el suplemento número 137 del periódico que usted dirige, y al anunciar que el día de Santiago trabajaré en Jerez, usa  un apodo que no debo consentir, sólo por mi nombre he querido ser siempre conocido. Ruego a usted, por tanto, que en lo sucesivo, si alguna vez se ocupa de mi humilde persona, tenga la bondad de excusar un mote que no consiento, pues en otro caso me obligaría a emplear cuantos recursos estuviesen a mi alcance para evitarlo.

Queda de usted atento s. s. Manuel Domínguez,  Sevilla, 9 de julio de 1867”

Fue un diestro valiente y parado, pero torpe, de una pesadez física que le impedía realizar suertes de adorno. Aunque intentaba por todos los medios adornarse, no lo conseguía por ser poco habilidoso, y en uno de esos intentos inventó el farol, lance de puro adorno.

En Madrid no logró nunca consolidarse como torero y durante su larga vida de lidiador, solamente  lo hizo en diecinueve corridas.22cc57bc246671d2c6ba1d3ffce367b5

La última corrida que toreó en Madrid fue el 28 de mayo de 1871, con “Currito” y “Frascuelo”, a quien cedió el primero y el segundo. Mató el tercero, “Meleno”, berrendo en colorado, y al cuarto “Farolero”, negro, de Joaquín Pérez de la Concha. El rey don Amadeo de Saboya le obsequió con una petaca de plata.

Su última corrida la toreó en Málaga, el 15 de agosto de 1876 en la que estoqueó reses de Pérez de la Concha, junto a “Gordito” y “Bocanegra”. Desde 1853 a esta fecha toreo con los mejores espadas, siendo muy respetado y querido. Tomo parte en 186 corridas y dio muerte a 481 toros. El 6 de abril de 1886, a los setenta años de edad, falleció en Sevilla, en su casa de la calle de Boteros, número 3.

Julián Hernández Ibáñez.    @julianhibanez