LOS TOROS Y EL NOVIO DE LA MUERTE por Alberto Castillo

El pasado domingo el periodista y escritor castellonense, Manuel Vicent, publicaba un artículo de opinión en el diario “El País” con el título de La Matanza donde, el reconocido autor mezclaba churras con merinas de una manera generalista y con un “totum revolutum” digno de mención. Vaya por delante que, desde siempre, he sido y soy lector de Vicent hasta el punto de que, de no haberlo seguido en las páginas del periódico, se me habría escapado esta columna a la que hago referencia. Es más, lo confieso, soy lector asiduo de sus novelas y dos de ellas “Tranvía a la Malvarrosa” y “Son de mar” las considero magnificas. Dicho lo cual, me centro, en esa columna de “La Matanza” (que el curioso lector puede encontrar en El País con fecha 13 de mayo) donde entre otras lindezas, para mí sin sentido, asegura que los toros son un espectáculo de “derechas”.

Primer absurdo que me encuentro. Si los toros, efectivamente, fueran de “derechas” viendo como se llenan los tendidos en temporada, si esto fuera así como asegura Vicent, el Partido Popular estaría gobernando con mayoría cómoda y holgada desde la muerte de Franco. Cosa que no comparto en absoluto. Nunca está bien generalizar en ningún orden de la vida y mucho menos en este tipo de espectáculos de masas. Decir que todos los aficionados taurinos son de derechas es un insulto a la izquierda y especialmente a los que desde esa ideología han defendido y defienden la lidia. ¿Hace falta que le mencione a Manuel Vicent la pléyade de personajes, de toda índole, que desde una ideología de izquierdas han defendido y defienden la fiesta? ¿Hace falta que le recuerde al señor Vicent comunidades y ayuntamientos donde gobierna la izquierda que protegen, cuidan y trabajan en favor de la tauromaquia? ¿Hablamos de Andalucía señor Vicent? En fin, lo dicho, generalizar no es bueno nunca. Me comentaba, al hilo de esta columna, mi querido profesor el también escritor Santiago Delgado que los ataques de Vicent a los toros siempre coincidiendo con San Isidro son tan típicos y previsibles como que en Madrid se encuentra “la señá Cibeles o la Puerta de Alcalá” el profe Delgado me decía, no exento de su fina ironía de siempre, que las críticas de Vicent son fijas todos los años en el mes de mayo. “Como las tormentas, Alberto, que muchas veces descargan sobre las Ventas en una tarde isidril” Y, como siempre, mi querido profe lleva toda la razón. Mas adelante, si seguimos leyendo la columna del castellonense, ya forma el “taco” cuando compara la España taurina con la España que, en mi querida Málaga, reza cantando o canta rezando cada jueves santo “el Novio de la Muerte”.CRISTO DE LA BUENA MUERTE

Imagino que el insigne escritor y columnista sabrá el origen de ese cuplé, convertido en canción militar, que los malagueños y foráneos entonan con fervor ante el Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Pero como imagino que no todos los lectores de esta columna, si los hubiera, desconocerán sus orígenes me permito comentarles que “El novio de la muerte” era un cuplé que se estrenó en la ciudad de Málaga, en el desaparecido Teatro Vital, la noche del 20 de julio de 1921. Letra de Fidel Prado y cantando en el escenario la cupletista Lola Montes. Está basado en un hecho real pues se centra en la historia del legionario, cabo de la primera bandera de la legión, Baltasar Queija de la Vega. Fallecido en combate, sus compañeros, encontraron en un bolsillo de su camisa una carta dirigida a su novia con el deseo de reunirse prontamente con ella en la otra vida. Este cuplé gustó mucho, al parecer, al fundador de la Legión, Millan Astray, que ordenó se utilizara como “música de marcha para los tercios bajo su mando”. Años mas tarde, en 1952, Emilio Ángel García Ruiz, director de la banda de música del Tercio, la adaptó para interpretarla como música de procesión. Marcha lenta. Y desde entonces, “El Novio de la Muerte” se ha convertido en himno de la Semana Santa malagueña que, desde chicos, los niños aprenden. Dijo en cierta ocasión un ilustre pregonero de la Semana Santa malacitana que “el Novio de la Muerte es la oración del pueblo malagueño que se repite cada jueves santo. Una forma de rezar cantando a quien dio la vida por nosotros” …  He retransmitido para radio y televisión, durante mas de quince años, el jueves santo malagueño y he visto a lo largo de todos esos años a muchos “ilustres visitantes en la capital de la Costa del Sol” cantar con fervor esta canción legionaria. Y por supuesto de todas las ideologías. La relación sería larguísima y al nombrar alguno me puedo olvidar de otros. De ahí que no de nombres de nadie solo llamo la atención del lector al indicarles que mi estancia en aquella ciudad, y mi trabajo cada Semana Santa, fue desde 1986 a 2003. Es decir durante muchos años con diferentes gobiernos en España. Y tanto a socialistas como a populares los he visto, doy fe, cantando con fervor esta oración castrense.  El Novio de la Muerte, en Málaga, no es un canto “de la derecha” sino que lo entona todo el mundo que asiste al traslado, o posterior procesión, de ese Cristo al que usted no menciona y que incluso parece menospreciar diciendo textualmente “ El hecho de que unos ministros del Partido Popular canten con fervor Soy el novio de la muerte al paso de la procesión de un Cristo muerto llevado por brazos legionarios no es muy distinto a que, después de una sarta de puyazos, estocadas y descabellos, se aplauda con entusiasmo desde una barrera de Las Ventas a un toro ensangrentado, que se llevan al desolladero las mulillas. Comparar a Cristo con un toro muerto. Comparar a los legionarios españoles y al pueblo malagueño que lleva ese Cristo en sus brazos, con unas mulillas que arrastran un toro es pasarse no uno sino mil pueblos a la vez.

Alberto Castillo @castillo_albert