OPINIÓN: ENTRE TALIBANES Y ENFERMOS por Fran Pérez

maxresdefault (2)Escuchaba recientemente una entrevista a la gran comunicadora catalana y aficionada a los toros, Mercedes Milá, en la que se lamentaba de como Televisión Española le cerraba las puertas hace un año por ser “incontrolable y peligrosa”. La profesionalidad y los años al servicio del ente público de la presentadora con programas líderes como Dos por dos o De Jueves a Jueves no cuentan para una institución donde el control político ha vencido a la pluralidad y calidad informativa.

Como Mercedes, hay un montón de profesionales de la comunicación apartados por el simple hecho de ser independientes. La libertad de ideas asusta. Que alguien de su opinión y pueda dañar el castilllo de arena en el que otros viven provoca ardores de estómago e ira de los acomodados que viven en su mundo idealizado.

De esta metástasis tampoco se libra el sector taurino. Vivimos en tiempos donde los grandes medios de comunicación taurina son cómplices de las tropelías del sector a cambio de un puñado de dólares cada mes en forma de publicidad. Seguro que estos días no han visto en estos medios ningún reportaje sobre el toque de atención del ministro de Hacienda a las empresas taurinas por no bajar el IVA del precio de las entradas. Tampoco habrán escuchado en los micrófonos del canal taurino ninguna mala reseña a ningún torero, a pesar de dejarse un lote de puerta del Príncipe ni la presencia penosa de los toros que torean las figuras del toreo. Para los micrófonos del canal taurino la culpa siempre es del toro. Y para eso convierten lo evidente en un ejercicio mágico de palabras para que el fracaso del torero pase desapercibido.

Pobre del que diga las cosas tal y como han pasado en la plaza. Sus palabras son bombas contra la muralla de cristal de ese sector que piensa en el beneficio de dos y no en la satisfacción de muchos. Si denuncia el estado bochornoso de los pitones de los toros que salen en la mayoría de plazas, si reclama más compromiso al torero o defiende al que se sienta en la piedra de una plaza de toros y ha pagado un dineral por ello tiene por seguro un sitio de lujo con mono naranja en el Guantánamo del sector por ser considerado un talibán.

Así está el asunto, la verdad, que a veces duele pero es verdad, vilipendiada en lugar de utilizarla como forma de mejora y los tapujos, los tapujos son vítores, son la gasolina para seguir quemando como Nerón Roma este magnífico, único y sin igual mundo de los toros.

Entre talibanes y enfermos, existe esa rara especie que predica con los de los misiles en la cueva y que saca el babero con los enfermos. En mi pueblo los llaman falsos. O políticamente correctos. Esa habilidad de mimetizarse como los camaleones mandando al carajo sus ideas solo por pasarle la mano a los poderosos, y cuando más poder más pasar la mano, trae consigo a la cobardía. Y la cobardía muchas veces va de la mano del verbo chivar para evitar la muda. De temerosos está el mundo del toro lleno. Quizá, por eso, esta como está. Como siempre hay gente que va por delante, alguno hasta ha conseguido hacer del miedo su cortijo.

Si queremos que esto sobreviva, si queremos que la tauromaquia perdure en el tiempo, antes de luchar contra los anti taurinos hay que ser valientes y tomar las palabras de poeta mexicano Octavio Paz por bandera “La masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. Del miedo al cambio”  Y a la libertad, añado yo.

Fran Pérez @frantrapiotoros