“EL MURCIANO” EL PICADOR DE POSTÍN DE BENIAJÁN

Captura de pantalla (29)Y Murcia no lo sabe. Para eso está un servidor, para darlo a conocer y resucitar la memoria de un murciano de pro, un héroe y benefactor.
Según mis indagaciones y búsqueda particular, nace en 1793, en Beniaján (Murcia), su nombre completo era Antonio Arce Martínez, hijo de Antonio Arce y de Tomasa Martínez.
Su padre que era labrador, tenía un terreno donde trabajaban afanosamente todo tipo de hortalizas y arboles frutales, que con tanta abundancia y calidad nos regala esta tierra murciana. Antonio desde pequeño ayudaba a su padre con ayuda de caballos, fue aprendiendo su manejo con mucha solvencia y se erigió en todo un jinete y debido a su afición por los toros, se fue labrando un pequeño prestigio actuando en todas las fiestas taurómacas que se daban cerca de esa pedanía de la capital murciana.
Cuando contaba 20 años, se traslada a Madrid, trabajando como representante de una empresa conservera murciana. Frecuenta cafés y fondas donde profesionales del toro hacen amistad con el, le animan a probarse en el campo haciendo la labor de picador, gusta y mucho. Empezó su peripecias taurinas, acompañando a torerillos de poca prestancia, aunque poco a poco se gana un lugar cada vez mas importante. En el año 1820 se anuncia como reserva en algunas novilladas otoñales de la capital del reino.InkedCaptura de pantalla (31)_LI.jpg
Antonio se presenta en Madrid un 24 de junio de 1821 y se anuncia en los carteles con el apodo de EL MURCIANO, los espadas eran Francisco Hernández “El Bolero” y nada menos que Juan León “Leoncillo” y Manuel Lucas Blanco. La corrida de toros era una de las que se celebraban a beneficio de los hospitales de la capital madrileña. Antonio en un rasgo de generosidad infinita, donaba todos los emolumentos que tenía que recibir por su trabajo, en favor de los pobres y enfermos. Arce por esto se ganó el favor de la corte de Madrid y la simpatía de todo un pueblo. Antonio demostró ser una picador habilidoso con el caballo y con una gran fortaleza.
Antonio Arce desde 1821 hasta 1835 fue uno de los picadores asiduos en la plaza de toros de Madrid. Picó toros que pertenecían en suerte a Montes “Paquiro”, Roque Miranda “Rigores”, Lucas Blanco, “Leoncillo” y toda la flor y nata de los matadores de toros de mediados el siglo XIX.Jean-Leon-Gerome-Bull-and-Picador
Durante todos esos años actuaba la mayor parte de festejos de manera altruista, donaba toda su ganancia a obras de caridad y hasta el rey de España en ese tiempo don Fernando VII, agradecido de la generosidad del picador murciano, le llamaba al palco en mas de una ocasión, para agasajarlo y regalarle algún obsequio en agradecimiento por su bondad.
1835 fue su último año, actuó en catorce festejos, haciendo puerta junto a picadores que hoy día son recordados por su majestuosidad, como José Trigo y Curro Sevilla.
Antonio Arce estuvo como picador en una de las últimas corridas del gran maestro Jerónimo José Cándido. El espada gaditano se encontraba en la ruina mas absoluta, por esa razón había vuelto a los ruedos, cumpliendo ya los sesenta años. El de Beniajan, guiado por su corazón de oro, le cedió integro sus honorarios, que ese día eran la estimable suma de 1.100 reales. Cándido agradeció el gesto de su compañero y gran amigo.
Arce fue un picador por afición, nunca dejó de lado su trabajo como representante alimenticio y cada vez que actuaba por alguna causa noble, siempre donaba sus reales, se le vio de manera puntual en temporadas posteriores en algunas despedidas de los toreros que fueron sus amigos.
Cuentan sus descendientes que en las corridas que Antonio cobraba su sueldo, lo usaba en gran parte para socorrer ancianos, desarraigados, y gente que tenía necesidades. Tampoco se olvidaba de picadores o toreros amigos que por falta de festejos pasaban penurias. Antonio ayudaba a todo el que llamaba a su puerta.
Tuvo un hijo también llamado, Antonio Arce, nacido en Madrid en 1834. Arce hijo tuvo un carrera mas dilatada que su padre y estuvo entre los cinco picadores mas afamados de su época, picando muchos años a las ordenes de Julián Casas “El Salamanquino” y otros espadas de renombre como Lagartijo.
Antonio Arce padre, volvió a Murcia por el año 1850 y pocos años después de volver a su Murcia querida, murió en el anonimato mas absoluto.
Hubiera sido justo que Antonio Arce tuviera algún reconocimiento de la tierra que le vio nacer. Ni la Murcia torera de hoy, ni el pueblo que le vio nacer, se acuerda de este picador. Primero porque fue un picador importante en su tiempo, segundo por su corazón noble y altruista, y tercero porque paseó el nombre de Murcia, con el apodo que el pidió expresamente que se le llamara. ANTONIO ARCE “EL MURCIANO”.
@julianhibanezbfaeeb5e-13ed-46fc-b6ed-b87615faf1f8_570