AUGURIOS DESEABLES por Marcial García

Hace pocas horas, en el amanecer del día 25, se ha producido el solsticio de invierno. Según ancestrales creencias, la nueva luz solar, que comienza en este amanecer, arrastra todo lo malo y viene a iluminar el mundo con pureza, fuerza y verdad. Es por eso, la iglesia primitiva quiso sustituir esta celebración pagana, sustituyéndola por el nuevo Sol Invicto, Cristo, que en realidad habría nacido a finales de verano.

            No escribo esto por ánimo ni alarde erudito, ni pretendo que sea comienzo de polémica alguna. Simplemente, me sirve como hermoso símil para llevarlo a nuestro campo, el de la tauromaquia actual, que también hunde parte de sus raíces en ancestrales cultos solares.

            Así pues, siguiendo el camino enunciado, espero que la nueva luz barra los viejos vicios que encenagan en la actualidad a esta luminosa verdad consiguiendo:

-Que desaparezcan de una vez  los fraudes institucionalizados del toro, ese dios vilipendiado por los tiranos de los despachos y los “ganaduros”, para que triunfen en las parodias y montajes  que realizan, esas figuritas de papel, aunque sea papel cuché, que han fabricado.

-Que desaparezcan esos ilusos indocumentados que están actuando como promotores de un asesinato premeditado de esta fiesta, partiendo de torticeros planteamientos animalistas, que en realidad son un burdo bajonazo a la libertad del individuo.

-Que se descubran y aireen los oscuros intereses que manejan este asunto, que, so capa de falso animalismo sensiblero y disparatado, en realidad defienden intereses del gran negocio que mueven las mascotas en el mundo capitalista y desvalorizado-desnortado.

-Que esa supuesta nueva izquierda de antisistemas subvencionados sea desenmascarada, pasándoles el recibo con la pérdida de votos correspondientes.

-Que los “crisoles” mediáticos, esa pantomima –a medio camino entre un ballet amanerado y una farsa de tablado barata- sea desbancada por el único y eterno crisol de arte y sacrificio: un toro de verdad, en plenitud de su vigor y bravura; y un torero de bronce y corazón, dispuesto que se lo partan por la gloria de esta vieja liturgia de la vida y la muerte.

            De la misma forma, espero que esa luz ilumine las zonas más umbras de la vieja liturgia y fortalezca y dé vida al enfermo que empieza a ser:

-Luz a un plan integral de defensa de esta vieja manifestación cultural mediterránea, que, como la dulce y sensata France ha hecho, impida los navajazos barriobajeros que desde algunos parlamentos regionales se están propinando.

-Luz a un mundo de ilusiones que florece en torno a la novillería, sin olvidar el viejo principio de hermanar formación taurina y formación humana, porque un gran torero solo puede surgir de una gran persona. Formación en valores, se llama en el campo de la didáctica.

-Luz a un escalafón de verdad, ganado en el ruedo con arte y valor, no a base de engañifas y montajes de poderosos, que planean con táctica comercial su manejo de las grandes ferias, convertido en un vulgar trapicheo de cromos.

-Luz que abra las mentes de los que se llaman aficionados, para que aprendan a defender lo que dicen amar, limpiándolo de tanta rémora y falsedad.

            Y, por último, desde el punto de mira personal, deseo:

-Que la afición murciana vuelva a la sensatez, si fuere posible; que el viejo coso capitalino deje de ser el hazmerreír en que se ha convertido, antes que queden sus graderías más desoladas de lo que están; que se deje de vetar a toreros de raza y arte, que, en su día, fueron utilizados y ahora excluidos.

-Que Calasparra siga siendo el faro y espejo de lo que se debe hacer; que su Feria del Arroz obtenga el reconocimiento que sus hechos confirman; que Lorca recupere Sutullena y su espíritu; que ese gitanito rubio que anda sonando por ahí, se haga una triunfadora realidad y que los toros vuelvan a recuperar protagonismo en las fiestas de la Región.

-Que Paco Ureña siga siendo el espejo de la verdad absoluta del torero; que Rafaelillo deje de ser el proscrito en su tierra; que Puerta sea tratado con justicia por los que en su momento lo exprimieron como a incauto limón… y que Filiberto, mi gran debilidad, encuentre el camino que le permita manifestarse como ese dechado de elegancia, valor y arte que acrisola en su interior, para disfrute de los catadores del buen toreo y consolidación de su exquisita personalidad.

            Que así sea.

Por Marcial Garcia