Rafaelillo se impone a su lote en Pamplona

[Img #8911][Img #8917]La última corrida de la Feria del Toro acogía el jueves la plaza de toros de Pamplona. Rafael Rubio “Rafaelillo”, Eduardo Dávila Miura –en el cincuentenario del hierro familiar- y Javier Castaño –sustituyendo a Manuel Escribano- hacían a las seis y media en punto el paseíllo.

 

Muy en la línea de Miura era el primero de la tarde, “Rayito”, un toro colorado con 605 kilos de peso que recibió Rafaelillo con una larga cambiada en el tercio. A la verónica lo llevó encajado Rafael a un toro que no anduvo sobrado de fuerzas en ese prólogo. Corta fue la primera vara de Juan José Esquivel por esa falta de fortaleza del toro. Desarrolló mucho el toro en el tercio de banderillas. Al cielo de Víctor Barrio brindó Rubio, que le dio tiempos al toro, tornado en peligroso a pesar de su falta de fuerza. Fue acortando su viaje el de Miura y no le permitió al murciano más que justificarse ante su peligrosa condición. Sin recorrido el toro, intentó robarle Rafael muletazos sueltos por el derecho sin que fructificase su labor en premio. Corrección valerosa del veterano. Una buena estocada acabó con el toro.

 

Más hecho que el anterior estaba el segundo, “Arenoso”, número 9, de 535 kilos de peso, al que intentó sin lucimiento capotear Dávila. Espartaco marcó bien en el primer puyazo, sin terminar de meterle las cuerdas y cuidando al animal, que embestía franco al capote del lidiador. Trasero fue el segundo puyazo y templadísima la lidia de Javier Ambel. Calidad tuvo el toro en la muleta de Dávila, permaneciendo muy firme el torero sevillano en su cara por el pitón derecho. Por ese pitón prosiguió para enlazar otra buena tanda a diestras. Peor respondió el toro por el izquierdo, por donde se los sacó de uno en uno Dávila, teniendo que tragar en los de pecho. Tras los muletazos por bajo finales, lo mató de un estoconazo soberbio. Poquísimo tardó en caer el astado.

 

También agalgado, muy en el tipo de la casa, ancho de pitones, de nombre “Agujeta”, que perdió las manos al humillar en el capote de Castaño, blandeando al igual que su primer hermano. Se le dio poco en el tercio de varas, cuidándolo mucho Javier Castaño y Marco Galán en una magistral lidia. Valiente y capaz, además de brillante, anduvo Fernando Sánchez en banderillas. Al cielo de Víctor Barrio brindó su labor Javier Castaño. No tenía fuelle un animal a menos, con el que lo intentó por momentos el salmantino, incluso echándose con las dos rodillas en tierra ante el animal. Por el pitón derecho se tornó en mirón el cárdeno, pero se sobrepuso Castaño con cabeza al animal. Con buen oficio llevó los últimos compases del trasteo, que llevó en una faena larga incluso hincándose también de rodillas en el epílogo. Muy valiente a la hora de entrar a matar, dejó una estocada entera que hizo caer al animal.

 

De 635 kilos de peso era el cuarto, segundo del lote de Rafaelillo. De rodillas recibió al animal, que respondió con boyantía en su capote y no lo hizo mal, atisbando algo que no repetiría en la faena de muleta. Largo lo dejó en el caballo para darle espectáculo al animal, que se paró un momento antes de entrar al puyazo. Le dio bastante en la segunda vara puesto que quedó crudo de la primera. Le costó meter en el canasto al animal, un toro al que era difícil templarlo, le faltaba transmisión. No era fácil y acusó un fortísimo golpe que se dio contra el burladero en el inicio muleteril. Le tuvo que buscar las vueltas el murciano, pero no valió la pena el animal. De estocada lo mató.

 

No hizo las cosas mal en el capote el quinto, un toro que entró a las telas de Dávila con humillación. Protestaba más en el caballo, manseando, pero manteniéndose templado en el capote del torero sevillano. Javier Ambel y Alberto Zayas colocaron banderillas, mientras que Joselito Rus lidió al toro. Un inicio de mucha madurez dejó el torero hispalense, con varios muletazos con gusto para ponerse pronto a torear por la mano derecha. Le tiró el viaje al pecho, arrancándole el chaleco en un derrote angustioso y sin consecuencias finales. Sin perder la tranquilidad, se quitó de encima el chaleco y prosiguió con su labor. Sin humillar nada el toro, lo intentó Dávila por el pitón izquierdo consiguiendo muletazos sin hilo. Lo pasó mal con la espada ante un toro que se mostró intransigente, manseando, sonando dos avisos.

 

“Apelador” llevaba por nombre el sexto, último toro de la tarde y de la Feria. Con motor le embistió al capote de Castaño un toro con 610 kilos de peso. En buen sitio le metió la cara al peto, pero se complicó la labor a partir de un tercio de banderillas protagonizado por Fernando Sánchez. Por gañafones embistió en la muleta de un Castaño que lo intentó en todo momento sin lucimiento. Toro que tiraba derrotes cada vez que le planteaba faena el salmantino. Una estocada tendida y atravesada puso fin a la labor.

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Plaza de toros de Pamplona. Última de la Feria del Toro. Corrida de toros. Lleno.

Seis toros de Miura.

Rafael Rubio “Rafaelillo”, ovación y vuelta al ruedo. 

Eduardo Dávila Miura, oreja y ovación. 

Javier Castaño, vuelta al ruedo y palmas. 

 

Texto Javier Fernández-Caballero y fotos Emilio Méndez. De Cultoro para El muletazo

 

Foto de Rafaelillo en interiores: Javier Arroyo

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