Huir de la autocomplacencia, ser autocrítico, suele ser el mejor camino hacia la mejora continua y la excelencia. El halago debilita y la crítica fortalece.
Dicho lo anterior, no podemos minusvalorar lo que tiene Calasparra. El arraigo de la cultura taurina al pueblo, es más fuerte de lo que se puede vivir en cualquier otra feria de novilladas. Como decía un afamado periodista que visitó este año por primera vez Calasparra, “no sabéis lo que tenéis”. Conviene viajar más y ver otras cosas, para apreciar lo que se tiene.
Aparcamos con esta entrega hasta el año próximo la sección “Las personas que hacen única Calasparra”, con muchos reconocimientos que se han quedado en el tintero, como las peñas, las asociaciones taurinas, las televisiones… pero no queríamos hacerlo sin antes mencionar a las personas del servicio de la plaza de toros y a los que se ocupan de la logística del vallado.
Asombraba a profesionales y visitantes el estado del ruedo. Es habitual seguir festejos en plazas de obra y portátiles con alberos impracticables. En Calasparra arrastraban al último novillo y sorprendía las perfectas condiciones en las que quedaba el ruedo. Y eso que durante la mañana hay encierro, vaquilla, etc. Todo ello es fruto de la esmerada labor de Antonio Moreno y del equipo de personas que forman parte del servicio de la plaza de toros. ¡Ni en “Las Ventas” está así! Y es que, una cosa es la categoría administrativa de una plaza, y otra bien distinta la categoría real.

Qué decir también del equipo de profesionales de Luis Egea, que hace que el vallado del encierro se encuentre en perfectas condiciones de seguridad y practicidad, sirviendo tanto de refugio a corredores, como de plataforma privilegiada para poder seguir los encierros. Una auténtica garantía y un ejemplo de profesionalidad.

A todos ellos, nuestro reconocimiento y que sepan que su labor no pasa desapercibida.
El Muletazo @elmuletazo
