RECORDANDO A MANOLETE

El próximo 29 de agosto se cumplirán 75 años de la muerte en Linares de Manolete. Está enterrado en el cementerio de La Salud de Córdoba, donde descansan también los califas del toreo, Lagartijo, Guerrita y Machaquito.

         Su figura se acrecienta con el paso de los años. Un muerto en un encierro de los muchos que se celebran, nunca será un héroe y, desgraciadamente, tampoco lo será un torero modesto cogido en una plaza de pueblo. Para pasar a la posteridad, se requiere que el torero se halle en la cumbre de su carrera, que la muerte sea rápida, esto es importante ya que, por ejemplo, su compañero de cartel aquella tarde, Gitanillo de Triana, fue cogido un mes de mayo y falleció en agosto, siendo noticia sólo de segunda página en los medios especializados. Finalmente, se requiere que la escultura conmemore la gesta mediante un monumento.

         Todas estas condiciones se dieron cuando Islero se llevó de este mundo a Manolete. Sa tumba, realizada en 1951 por el escultor valenciano Amadeo Ruiz Olmos, está concebida sobre una amplia base de granito gris y una estructura vertical de lo mismo, concebida como retablo cabecera. Preside este un relieve en mármol de la Virgen de Soledad, flanqueada por dos figuras de mujer alegóricas en bronce. Una representa a la Córdoba antigua, que ofrenda flores al diestro caído y la otra representa a la Córdoba moderna que sostiene en sus manos un último laurel al héroe desaparecido. Remata la tumba un crucifijo, en mármol blanco, que se inspira en el Cristo de los Faroles, al que tanta devoción había tenido el torero.

         Manolete yacente es esculpido en mármol blanco de Carrara, sobre un capote de paseo y con las manos entrelazadas descansando sobre el pecho. Cubre al torero, cuyas facciones están muy bien conseguidas, una sábana que lo cubre parcialmente, esculpida con tanto realismo que puede adivinarse la silueta del torero.

         En la Tertulia del Tentadero, en Javalí Nuevo, recordamos el lunes al Califa cordobés de una forma especial, gracias al detalle que tuvo con nosotros un sacerdote, gran aficionado, que tuvo el detalle de traernos dos capotes de brega de Manolete que consiguió en una subasta y que conserva como lo que son, una joya.

         Todos tocamos con unción estos capotes. Era una sensación especial saber que habían estado en sus manos y ahora estaban en las nuestras gracias al detalle que tuvo con nosotros un cura torero, asiduo a nuestras tertulias de los lunes.

         Los miembros de la Tertulia asumimos el compromiso de preparar una conferencia sobre Manolete y llevarla a todas las peñas y clubes que nos lo soliciten, donde iremos con mucho gusto acompañados de los capotes del monstruo cordobés.

 HAY QUE MOVERSE.

Por Juan Vicente Rubio

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