LA MARCHA SILENCIOSA DE UNA AFICIONADA EJEMPLAR

Su afición por el toro le sirvió en multitud de ocasiones para despejar la mente y olvidar los problemas que a veces le deparó la vida. La Tauromaquia fue siempre su pasión.

Aficionada respetada y querida por quienes sabían de su exigencia a la hora de presenciar un espectáculo taurino, jamás se dejó engañar por quienes presumen falsamente de ser grandes entendidos de un arte en horas bajas.

Defensora del asociacionismo cultural taurino, siempre presumió de haber nacido en Blanca, el pueblo que tanto amó a pesar de su «exilio».

Isabel Molina, marchó a Sevilla por Amor, dejando atrás tardes de gloria en La Condomina o en la coqueta Deseada, sin olvidar por supuesto su feria de novilladas en honor a San Roque.

El guión que Dios le tenía preparado le hizo cambiar de escenarios, La Maestranza pasó a ser la plaza donde disfrutó del capote de Morante o la valentía de Rafaelillo las tardes de Miura.

Hace sólo unos días su inmenso y joven corazón se paró como se para un reloj antiguo, dejando un reguero de buenos recuerdos entre quienes tuvimos la inmensa suerte de quererla como a una hermana. Cuanto aprendí de ti, cuanto me ayudaste cada vez que te necesité, cuantas veces me animaste a seguir escribiendo de toros…

Ahora sólo me queda tu recuerdo, una sensación amarga porque he perdido a mi amiga del alma.

D.E.P. 

Por Jesús Cano Melgarejo

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