¡YA ESTOY AQUÍ!

A principios de octubre tuve un serio problema de salud: un ictus fulminante por el que estuve, como dice mi hermano, “más p´allá que p´acá”. Por eso decidí cortar mis colaboraciones con este digital.

                Ahora, que, a Dios gracias y a mis galenos, he vuelto para seguir dando matraca, he decidido daros a conocer mi estado de ánimo. Aquí está:

                No voy a contaros mi historial clínico, pero sí, deciros que hay mucha gente formidable, que merece la pena. Gracias a todos ellos. Su aliento ha sido mi mejor medicina.

                Durante este tiempo he tenido la suerte de contar con el apoyo inestimable de mi gente cercana, que han dado la talla. Dios, se lo pague y se lo anote en el Libro de la Vida.

                También la gente del toro. Ahí han estado quienes tenían que estar. Su preocupación es de destacar. Sus atenciones, también. ¡Gracias a todos!

                Mis compañeros de “El Muletazo”, dando la talla. Delicadeza y preocupación.

                Visitas: restringidas, como exigía el caso y la COVID. Las normas así lo marcaban.

                Desde la primera decena de diciembre, estoy en casa: rehabilitación y volver a la rutina diaria. He dedicado todo mi empeño en readaptarme a mi nueva situación, que, espero, no altere mis principios de buen aficionado, en estos tiempos de cenizas, pero, cuajados de esperanzas.

                Echo de menos mis salidas al campo bravo, como acompañante de Filiberto, mi debilidad, como pude hacer la temporada pasada. Me ha prometido que seguiremos haciéndolo, para poder seguir compartiendo sensaciones y emociones. Planificando futuro, siempre desde la admiración y el respeto. En lo que va de año ya ha hecho varias salidas, de las que este digital ha dado cumplida cuenta.

                Espero que se serenen las aguas de la tauromaquia. Para ello es necesario mucho temple y buena mano, izquierda, sobre todo.

                También es de desear que nuestros toreros se den cuenta de que las cosas han cambiado y más que lo van a hacer: ya no valen los viejos modos, de figuras que no pasan de figuritas; de montajes para bobos; de malas componendas de los capos del tinglado… Más bien es tiempo de verdades, que cada uno defienda la suya y la afición exija compromisos, a unos y otros. Ya no vale el “sota, caballo y rey” de siempre. Ahora, no. Por lo menos si queremos que esta vieja liturgia continúe. Tomen nota todos: HAN NACIDO NUEVAS FORMAS.

                Y yo, que he regresado del averno, estoy dispuesto a seguir dando guerra y a esperar:

-Esperar compromisos de los buenos toreros, que los hay.

-Esperar que despunten nuevas promesas, que las hay.

-Esperar nuevas formas de montar los espectáculos, que las hay (y si no, habrá que inventarlas)

-Esperar la magia del arte, de este juego de vida y muerte, que la hay…

                Vamos, pues, a por la nueva temporada, con ilusión y con esperanza. Que cada cual cumpla con su cometido: los toreros, a torear; los empresarios, a montar espectáculos dignos; y, los aficionados, a rellenar el cemento, pero también a dar nuestro punto de vista, crítico y constructivo.

                De esta manera tendremos toros para rato. Y, como decía “Juncal” en su memorable intervención: los arquitectos a diseñar plazas de toros, los músicos, a componer pasodobles…

                ¡Larga vida a los toros y su liturgia de vida y muerte!

                Nos vemos, espero que con salud, por esos ruedos del mundo.

Moratalla, el día del santo de mamá.

Por Marcial García García

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