EL MAESTRO DEL TIEMPO EN MURCIA: BRONCAS, ALMOHADILLAZOS Y UNA FAENA MEMORABLE

Cuando el maestro del tiempo pisaba Murcia el cerote salía de su cuerpo a resoplidos con la misma fuerza que la lava sale del volcán de Cumbre Vieja. Parecía intuir que esta zona no era para él. Sentía que las musas, esas que lo llevaron al olimpo del arte al cuadrado, estaban prisioneras en esta tierra; que los relojes caminaban más rápido de lo establecido, y que pararlos a esa velocidad era toda una osadía; además de que las esencias, su denominador común que llevaba por bandera, perdían su carismática atracción. Sus caras eran como las de  Superman alrededor de un campo de kryptonita. Murcia nunca fue de Curro Romero y el torero lo sabía.

Aquel 10 de septiembre del año 2000, cuando al mítico faraón ni se le pasaba por la cabeza que iba a ser la última tarde en la que se iba a enfundar un terno de luces (se retiró en La Algaba en octubre), en el patio de caballos de La Condomina preguntó al viento: «¿Es que no se puede tener un momento tranquilo en esta plaza de toros?»

Pasado el acontecimiento donde tomó parte junto a Pepín Jiménez y “El Juli”, el tiempo le contestó que no y un almohadillazo en la cara se lo refrendó.

Romero debutó como matador de toros en la plaza de toros de Murcia el 9 de septiembre del 1961. En aquella ocasión se anunció junto a Antonio Ordóñez y Miguel Mateo “Miguelín” (que sustituía a “El Viti”) para lidiar toros de Pablo Romero. Su presentación no fue lucida en lo global, pero destacaron las tres verónicas y la media que recetó al tercer toro del festejo. Fueron tan diferentes, tan especiales, que le sirvieron para repetir al año siguiente.

El 7 de septiembre de 1962, el de Camas se anunció junto a Jaime Ostos y Gregorio Sánchez en la lidia de reses de Peralta. Ese día La Condomina tributó al sevillano una de las broncas más fuertes y desagradables que se recuerdan para agradecerle su anodina y poco comprometida actuación. Ya saben, Murcia de cara es una gloria, pero cuando la moneda gira, su cruz va llena de ese malaje de la palabra que hiere al corazón.

Al artista se le atravesó aquel desconcierto como un sorbo de cerveza caliente y tardó mucho tiempo en volver.

Por si fuera poco, dos años después, en Lorca, se volvería a repetir tan desagradable suceso en la lidia de toros de Juan Alonso Orduña en compañía de Zurito y Luis Parra “Jerezano”. Curro deslumbraba a Sevilla, se hacía dueño de su trono torero, convencía en Madrid, y sin embargo ponía de los nervios a la Región de Murcia y a todos los aficionados que no comprendían como un torero de tan corto valor disfrutaba de sitio en los carteles.

Pero dicen que a los artistas hay que esperarlos, que nunca se sabe cuándo pueden sacar ese pincel de la distinción, de la belleza, de lo extraordinario. Romero tuvo ese día en Murcia cuando nadie lo esperaba. Le llegó en 1988, en la plaza de toros de Sutullena. Todo el mundo quería lanzarle a la hoguera antes de tiempo, pero consiguió con su capote y con su muleta minúscula llenar de romero las solapas. El faraón armó la marimorena. Lo de menos fueron los despojos que paseó. El poso y la gracia quedaron ahí. Por fin Murcia veía las virtudes del maestro del tiempo. El círculo del arte se completaba.

Curro pidió volver a Lorca en el 89 para intentar repetir el éxito, pero  esta vez, no le salieron las cosas. La tarde era de brutal expectación, con Pepín Jiménez y José Ortega Cano en el cartel frente a toros de Torrestrella y Hermanos Sampedro. Mientras que los murcianos salieron a hombros, los que llegaron a la plaza con el romero en la solapa se lo quitaban disimuladamente. Si lo que ejecutó el de Camas esa tarde lo hubiese realizado otro torero, se lo hubieran llevado a comisaría.

Pese a todo lo vivido, que forma parte de la carrera tan singular de este grandioso torero, Curro y Murcia se respetan.

Ahora el genial artista de las medias que eran enteras ha cumplido la friolera de 88 años. Su pelo, teñido en plata, ha hecho que su leyenda sea más alargada, que se convierta en el abuelo de todos y que sus anécdotas taurinas y su filosofía de vida (reflejada en la película documental “Curro Romero: Maestro del tiempo”) nos arropen en torno a una afición de la que debemos estar orgullosos, por el pasado, por el presente y por lo que nos queda por vivir.

Porque cómo él dice, debemos hacer que la tauromaquia sea eterna, para reírnos, pero también para emocionarnos y defender nuestras señas de identidad.

*El documental de Curro Romero se estrena el próximo jueves por la noche en Canal Sur Tv.

Por Fran Pérez @frantrapiotoros

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