LOS HUEVOS DEL AVESTRUZ

De todos los animales de la naturaleza es el avestruz el que tiene los huevos más grandes. Desgraciadamente el tamaño de sus huevos no va parejo con el de su cerebrito, que apenas abulta como uno de sus ojos. Es por eso que dicha ave tiene el dudoso privilegio de ser universalmente conocida como la más estúpida de la creación.

 Calculen, amigos lectores, cómo será de estúpida que cuando no ve nada a su alrededor porque se pone ciega –me refiero a cuando le colocan un saco en la cabeza, por ejemplo-  ya puede cualquiera montarse encima o agarrarla del cuello que no se inmutará porque si no ve no siente el peligro. De ahí el mito de que meten la cabeza en un agujero cuando tienen miedo.

 Y es que los huevos no sirven para pensar, y a un cerebro del tamaño de una nuez no se le pueden pedir demasiados alardes de inteligencia.

 Todo esto viene a cuento por el reciente homenaje que recibió el querido, admirado y respetado Rafaelillo, que ha sido sin duda alguna el protagonista de la semana. El presentador del mismo remarcó que el 99% de todos los toreros murcianos se había sumado a dicho homenaje. Al recordar a los ausentes, todos pensamos en nuestros queridos Paco Ureña y Pepín Jiménez, que enviaron dos cariñosos mensajes, o en mi buen amigo Alfonso Romero hijo, que estaba de viaje en el extranjero pero muy bien representado por su padre, pero afortunadamente no creo que se echara de menos a nadie más. El presentador destacó especialmente la presencia del maestro Ortega Cano, “el torero más importante que ha dado Murcia en su historia”, que recibió como respuesta el entrañable aplauso de todo el público puesto en pie.

 Pues despechado y resentido por ese comentario, recomido hasta el páncreas por la envidia, un torero del que no me sale el nombre, otrora también importante pero hoy en lamentable y patético declive personal, ha publicado en Instagram unas frases bastante ofensivas contra todos los asistentes al homenaje y, especialmente, contra el maestro Ortega Cano, ¡precisamente su padrino de alternativa!, circunstancia que añade especial gravedad a sus palabras.

 A falta de mejores argumentos, el desdichado -que incomprensiblemente aún ostenta la Medalla de Oro de esta región- ha exhibido su tamaño testicular para cargarse pretendidamente de razón. Así, acompañaba los zafios comentarios con una foto personal y su paquete genital en un vergonzoso primer plano. Aunque después los ha borrado, la imagen y el texto corren como la pólvora; bueno, y ya que estamos, con la velocidad de un avestruz desmelenado.

 Yo no sé si el tamaño de sus gónadas se debe a un hidrocele, una torsión, una hernia, una orquitis venérea o a cualquier otra ignota etiología, pero ciertamente sí es abultado, sí.

 Por contra, no aporta prueba documental alguna del tamaño de su cerebro funcionante. Sin embargo y a pesar de ello, creo que visto lo anterior podemos afirmar con total rotundidad y sin temor a equivocarnos que, una vez alcanzada la pubertad, cualquier tontucio avestruz le supera en volumen en ambos casos.

Por José Luis Valdés Belmar