«RAFAELILLO, MEDALLA DE ORO DE LA REGIÓN DE MURCIA», POR JOSÉ LUIS VALDÉS

Todos sabemos que cruzando el Puente se llega al Barrio, ese puente de los Peligros y ese barrio del Carmen que, por ser ambos tan castizos, para nosotros los murcianos no necesitan de más apellidos. Igual que también sabemos que el torero del Barrio es Rafaelillo, alguien que tampoco precisa apellidos –y que me perdonen sus padres a quienes tanto quiero- para ser reconocido en todo el planeta taurino.

 A estas horas estará velando armas como tantas tardes de toros con los nervios de la espera en la intimidad del hotel. Porque este lunes va a recibir un merecido homenaje organizado por la Comunidad. Por las limitaciones de aforo que impone la situación sanitaria actual, solo unos cuantos privilegiados vamos a poder asistir, pero intentaremos transmitirle el cariño que todos ustedes, queridos lectores, a buen seguro le profesan.

 Han pasado ya veinticinco años desde aquella lejana tarde en que Opereto saltó al albero de la plaza de la Condomina para que tomara la alternativa siendo un crío, y hace tan solo dos que el miura Trapajoso lo reventó contra las tablas en Pamplona. “Cuatro segundos” era el título del artículo que entonces publiqué en El Muletazo por este hecho, porque fueron tan solo cuatro interminables y dramáticos segundos el tiempo récord que tardó en llegar al quite Pascual Mellinas con su capote salvador, pero que bastaron a aquel marrajo para ponerlo al mismísimo borde de la muerte.

 Después de esos veinticinco años de lucha, dentro y fuera de las plazas, hoy comparece ante nosotros lleno de cicatrices, no solo en su cuerpo -esas son las que dejan los toros y son las más visibles-, sino también en el alma, más profundas y escondidas.

 Sin embargo, todas ellas las ha sabido afrontar con pundonor y dignidad, y todas también le han servido para forjar su gran calidad humana. Así, tras una trayectoria ejemplar y sin ningún escándalo, se ha ganado merecidamente el respeto, la admiración y el cariño de todos los públicos y también el de los compañeros (de los que lo son, claro) en un mundo tan complicado como el taurino. Respeto, admiración y cariño como torero y, aún más importante, como persona, porque -en su caso sí- el torero y el hombre son inseparables y van juntos de la mano.

 Ahora que el paso del tiempo nos acerca irremediablemente a la retirada del torero, aunque el héroe descanse (porque un torero nunca deja de serlo) podremos consolarnos con la satisfacción de que el hombre disfrutará de más tiempo junto a Aki, Claudia y Valeria, que ellas también se merecen un respiro.

 Y si en aquel artículo de hace dos años solicité la medalla de Oro de la Región para Rafaelillo, confío escuchar ahora el anuncio de su concesión en boca de nuestro presidente López Miras.

 Porque esa medalla prendida junto a su gran corazón simbolizará nuestro afecto, el cariño de todos los murcianos, que es la mejor forma de devolverle humildemente a Rafaelillo todo lo que nos ha dado a lo largo de su carrera.

 Creo que va a ser una noche muy emotiva para todos, sin duda. Así que, querido Rafa, como tantas veces ha hecho, dile a tu hermano Ramón que te vaya apretando bien los machos…

 Y recibe mi mejor abrazo, Maestro.

Por José Luis Valdés