“PIDE  QUE  EL  CAMINO  SEA  LARGO…” por Marcial García

Te propuse, casi como un juego y un mandato, la lectura de los versos del viejo alejandrino, porque pocas cosas hay que reflejen mejor el periplo vital. Y mucho más aún cuando ese periplo está lleno de escollos, temporales, sirenas, lotófagos y los hijos del fiero Poseidón, dispuestos a cobrar en sangre, de la de verdad, el sueño largamente acariciado.

            Creo que lo entendiste, como se entiende el recto camino, por más proceloso que sea. Cuando se entiende que cada palada de remo, que cada vela arriada no es nada, ni en buen o mal destino, sino que uno tras otro, con el ritmo, con la pausa, son lecciones de navegación, para acortar millas, pero sumar experiencias. El consejo del alejandrino así lo implora.

            Cinco años de experiencia no son muchos. Es cierto. Pero en tan breve espacio, Cronos te ha probado en tu voluntad y en tu experiencia. Te ha dado tiempo a enfrentarte a todo tipo de adversarios, aviesos casi todos, porque el que navega entre dos aguas va a encontrar más taimados que francos, más agachadizos que de los que dan la cara. También conoces el trato del doblez y las dobles intenciones. De las envidias, de las zancadillas, de los vetos…

            Pero también te ha dado tiempo de recibir enseñanzas de buenos y desinteresados sabios egipcios; de oler fragancias que purifican y embriagan, para perfumar de arte el largo camino que aún te queda por surcar, para gloria de Dios y deleite de los simples mortales. Cinco años, dan para mucho.

            Se cerraron cielos por negros nubarrones de tormenta. Tronaron los malos augurios. Graznaron las gaviotas vocingleras pero tú, Odiseo renovado, has sacado instinto de viejo lobo de mar, elegancia de olimpiónico y decisión de viejo héroe de leyenda épica y, uno a uno has hecho callar, sin necesidad de izar dedo amenazante o conjurar las sombras del Hades.

            Sí. Cinco años de una tarde de Esperanza, esperanzado de dulce y oro, en la tierra que te acogió, porque las aguas andaban encenagadas y pestilentes en la tuya. Si, ya lo estaban. Cinco años, digo, que tantos esperábamos con ansias de triunfo y de gloria. Cinco años en que ha pasado de todo. Cinco años de luces y algunas sombras. Cinco años de sufrir en las carnes esas otras cornadas que duelen más de las que ya marcan la geografía de tu cuerpo.

            No desmayes, Odiseo de luces, ya sabes, o lo presientes, qué es el camino, qué pérfidas sirenas amagan detrás de cada peñasco, qué busca cada una de las múltiples y prolíficas cabezas de Scila o de Caribdis, qué pretende Circe o Nausicaa… pero también sabes que sucede a los que devoraron las vacas del sol, o a los que sucumbieron a los cantos de las pérfidas sirenas, esas de garras de rapaz, que embelesan a los ilusos que no supieron poner tapones de cera a sus oídos o pedir que les amarraran con maromas al mástil.

            Cinco años, sí. Cinco años como como cinco montañas de mármol y bronce. Esas que forman tu irreductible voluntad. Cinco años, como cinco columnas de cuarzo y topacio, que sostienen el alto templo de tu concepto del arte. Cinco años que han dado seguridad a los que apostamos por tí. Cinco hermosos años de vivencias, confidencias y esperanzas, que no se mustían ni marchitan. Que se afianzan en tus progresos y seguridades. Que se conduelen en tus bajas horas y se enfurecen en las malas artes que, a veces, pretenden abocar sobre tu camino.

            Enhorabuena por esos cinco años, andados sin prisa ni pausa. Enhorabuena por tu manera de fortalecer tu decisión. Enhorabuena por afianzar en la fe de tu camino. Y, enhorabuena por los éxitos que aguardan. Porque la justicia divina existe. Porque lo mereces. Y, porque lo presentimos en la estela de tanta dedicación y porfía, que, con humildad y tesón, gobiernan tus manos aferradas al timón que marca la singladura.

            Por muchos años, torero. Por muchos años, querido amigo, porque “tu pensar es elevado,/ … selecta / es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo”.

(Albacete, 8 de septiembre de 2016- Calasparra, 8 de septiembre de 2021)

Por Marcial García García