Francisco Abril, responsable de los Asuntos Taurinos: «Nuestra intención es la de garantizar más de un tercio de aforo en las plazas de toros»

La pandemia nos está dejando algunas decisiones tremendamente insólitas y arbitrarias que siguen desterrando paulatinamente a la tauromaquia de una presencia social que necesitará de un proceso de redención, tan imperioso como lúcido, y del que aun no sabemos si seremos capaces de administrar como sector. El último capítulo, ya lo saben: el espaldarazo del Gobierno de Moreno Bonilla a La Maestranza y al toreo.

La acomplejada ‘política del avestruz’ de la que hemos sido testigos a escasas horas del finalmente truncado inicio de la (no) Feria de Abril de Sevilla, nos puede ofrecer un pronóstico más o menos certero sobre la parsimoniosa e ineficaz acción política a la hora de facilitar al empresariado taurino su labor en tiempos de COVID.

Con estas pistas no es difícil entender la amarga reflexión: estamos solos. El coraje de José Muñoz de Maya, director de ‘Tauromagia’, no debe de confundirnos. Porque la meta no es el principio de la carrera, o lo que es lo mismo, la determinación política debe surgir antes de que lo haga la extrema necesidad. Facilitar que valientes como de Maya apuesten por devolverle el esplendor a tantas plazas de toros que continúan olvidadas, no parece entrar —de momento— en los planes del Gobierno regional de López Miras.

En el día de ayer, durante el acto de presentación de la primera corrida de toros que se celebrará en la Región tras más de año y medio de sequía, pudimos escuchar a Francisco Abril, director general de Administración Local y responsable de los Asuntos Taurinos en Murcia. Lejos de definir cuál es la situación administrativa ante este estado de desamparo que vive la tauromaquia, Abril se limitó a adelantar algunas conjeturas que no aportan apenas seguridad, ni tampoco optimismo. 

«Estamos intentando dar certidumbre a los proyectos taurinos, pero dependemos de la evolución de la pandemia. Nuestra intención es la de garantizar más de un tercio de aforo en las plazas de toros», aseguró en un momento de su intervención Francisco Abril.

Para llegar a esta circunstancia, es imprescindible conocer como funciona el sector taurino: sus tiempos, sus particularidades, sus ahogos. La tauromaquia necesita de precisión. De seguridad y de certeza. Negociando (seamos optimistas) a finales de junio las medidas para regir los espectáculos taurinos, ¿se está facilitando la labor a Ángel Bernal a la hora de confeccionar una Feria de Septiembre con las mínimas garantías? ¿O, quizá, se contribuye a que la feria de Blanca pueda licitarse con total transparencia? ¿Y qué pasa con la Feria Taurina del Arroz? ¿Será viable organizar novilladas en Yecla en menos de un mes con un aforo ridículo?

Abril también llegó a afirmar que «la Administración no ha enfrentado todavía nuevas medidas porque no les había llegado ninguna solicitud formal para organizar espectáculos taurinos». Bien, ahora ya existe esa situación. El reloj ya está en marcha. Aunque no lo olviden, la realidad hoy es esta: con 500 personas la tauromaquia se muere. Y la pregunta es la siguiente: ¿hasta cuando aguardaremos? De momento sólo nos queda aplaudir la valentía, el arrojo y la afición descomunal de dos cehegineros apellidados de Maya.

Antonio José Candel / @AntonioJoCandel