Rafaelillo: «Aunque me persiguen algunas molestias, no me van a impedir ponerme en la cara del toro como quiero y como debo»

Se dice y se repite, como un mantra, que los toreros exponen sus vidas en el ruedo. Que la muerte, aun siendo tabú en tiempos de pandemia, es junto con la vida y la eternidad esencias ineludibles en el rito de la tauromaquia.

Rafael Rubio ‘Rafaelillo’ (Murcia, 1979) soporta desde el 14 de julio de 2019 y para siempre la marca de esa asfixia que provocó la embestida colérica de un toro de Miura. El parte médico no dejaba lugar a dudas: «neumotórax izquierdo que ocupa aproximadamente el 50% de la caja torácica izquierda. Neumotórax derecho que ocupa aproximadamente un tercio de la caja torácica derecha», además de «múltiples fracturas costales».

El shock de este capítulo, el más trágico de su larga y complicada carrera como torero, sigue patente. Ahora, lo que espolea a Rafaelillo, pero sobre todo a Rafael, es enfundarse nuevamente el vestido de torear. Entonces, habrá vencido definitivamente a esa sombra que le sigue embistiendo desde aquella última cita en el coso de Pamplona.

Me cuesta preguntarle esto teniendo en cuenta los tiempos que corren, pero ¿cómo se encuentra?

Rafaelillo: Preparado y dispuesto para afrontar mi profesión como Dios manda. Todo tiene un proceso y un tiempo de recuperación, y es cierto que casi dos años después he comenzado a recuperar las sensaciones necesarias para poder afrontar mi reaparición cómo lo estoy haciendo. Aunque es cierto que me persiguen algunas molestias que arrastraré durante el resto de mis días, no me van a impedir ponerme en la cara del toro como quiero y como debo. 

Ha vuelto a vivir durante estas últimas semanas entre infinidad de horas de viaje, de nervios y ansia durante su preparación de cara al compromiso del sábado. ¿Le ha resultado extraño volver a sentir ese hormigueo?

Lo echaba de menos. Es bonito. La responsabilidad, la ilusión, los miedos, la incertidumbre, los kilómetros. El sentirte torero, al fin y al cabo, es necesario. Aprender a vivir con esas sensaciones, todas unidas, es muy especial. Un cóctel del que nos nutrimos los toreros. Cuando no lo sientes de este modo, te invade un vacío horroroso.

¿Qué es lo que más ha disfrutado?

Todo. Absolutamente todo, pero me quedo con el cariño que me han demostrado grandes amigos. Nunca me han dejado solo. El respeto con el que me han tratado desde ganaderos hasta los medios de comunicación. Me he sentido muy arropado y valorado. Esto es primordial. 

¿Y qué es lo que más a extrañado durante este tiempo fuera de casa?

Estar fuera de casa. He añorado muchísimo a mi mujer y a mis hijas. La vida del torero es dura, esto no es un secreto. Por muy bien que te encuentres atendido, la familia siempre ocupa el lugar central de tu vida. Dejas lo que más quieres. Es duro, sí. Y después de este periodo de confinamiento, mucho más. Es curioso, porque durante ese tiempo de encierro forzoso echas en falta lo que no tienes, y cuando por fin llega ese momento, el de viajar y sentirte torero, añoras con fuerza lo que disfrutabas tiempo atrás. La mente del ser humana es un misterio. Creo que somos un poco egoístas.

Sois una familia muy unida, ¿no?

Desde luego. Y esto es primordial. Aunque tengamos momentos de todos los colores, como todas las familias. Es muy bonito lo que hemos conseguido gracias a Aki, mi mujer. En este sentido tengo que ser muy franco. Mi esposa es una mujer especial. Entender y acoplarse a la vida de un torero no es tarea fácil, y ella ha sabido acompañarme y apoyarme en todo momento. Sin ella no estaría aquí.

¿Cómo se le dice a una esposa: “creo que esto es el fin”?

No lo sé. No quería decirle que quizá no la iba a ver más, pero al llegar a la enfermería de la plaza de toros de Pamplona sentía que me iba apagando como una vela. No sabía lo que iba a ocurrir. Me invadió mi parte humana y tan solo quería decirle a mi mujer y a mis hijas que las quería. Fue un acto de marido y de padre.

¿Quién era Rafael antes de aquel 14 de julio?

La misma persona que es ahora, pero, al mismo tiempo, un tanto distinta. Experiencias de este calado te forjan como ser humano y como hombre. 

¿Y quién es ahora?

Una persona empeñada en vivir el presente.

En Jaén desarrolló el grueso de su personalidad como torero. Jaén como cuna; Jaén como renacimiento. El estoicismo siempre resultó peculiar en el temperamento de Rafaelillo, y puede que, en parte, sea el origen de su resurrección como torero. Ahora, y en medio de la lucha contra el virus chino, todo ha cambiado de manera radical. Las grandes ferias siguen siendo una gran incógnita, las plazas de provincia dependen de demasiadas circunstancias (en ocasiones políticas ¡uy!) y ganarse un puesto en los carteles se ha convertido en una arbitrariedad más impredecible que nunca.

Jaén, la tierra que le vio crecer, será también la que le vea resurgir. ¿Qué emociones provoca esta casualidad?

Reaparecer en Jaén ha sido una circunstancia muy motivadora. También lo era la tarde del pasado mes de abril en Arles (Francia), donde me iba a reencontrar además con Miura y ante una afición a la que le debo tanto, pero Dios ha querido que sea de esta manera. Además, no estaba ni al 60 por ciento de mis capacidades físicas. Ahora siento que me he reencontrado conmigo mismo y eso me hace aún más fuerte. Cancelada por circunstancias evidentes la opción de Arles, solo pensaba en que fuera algo especial. Mi apoderado, Martínez Erice, me habló de esta posibilidad y no abarcaba en mí más ilusión. Jaén lo es todo para mí. Allí me formé como torero. Me acogieron con 12 años y desde entonces una parte de mí es jienense. Se trata de un volver a empezar. Además, el cartel no puede ser más bonito. Con una ganadería legendaria como Victorino, con una corrida de toros preciosa, y con dos toreros y amigos a los que valoro y admiro muchísimo como son Lamelas y Pinar. La tarde reúne todos los condicionantes para ser una gran tarde de toros. 

¿Le obsesiona alguna cuestión en particular?

¡Poder ser yo! Tengo dos toros de Victorino, y dentro de lo que eso significa, espero poder exprimir mis posibilidades al máximo para ofrecer una tarde importante. No voy con ninguna obsesión ni con nada premeditado. 

Tras su retorno a las plazas, y de haber conquistado nuevamente la admiración de todo el orbe taurino, es posible que no halle la recompensa a la altura de su hercúleo esfuerzo. ¿Puede ser esta su única actuación de la temporada?

No, ni mucho menos. No creo que vaya a ser una temporada tan dura como la de 2020. Tampoco va a ser ni mucho menos normal, pero soy optimista. Las corridas que se han dado se han podido ofrecer con unas medidas sanitarias ejemplares. Estoy convencido de que entre todos reactivaremos el sector taurino. Es importante que poquito a poco conquistemos la progresión hasta alcanzar la normalidad. Dios quiera que puedan venir muchas más tardes.

Durante este atípico 2021 tiene más motivos para imponer su ley en el ruedo. Cumple 25 años como matador de toros. ¿Podrá celebrar su aniversario vestido de luces?

Ojalá. Es mi deseo, que duda cabe. Ya estamos luchando por ello.

Murcia, septiembre, La Condomina, Miura. ¿Qué tarde sería para usted la soñada?

¡Uf! No lo sé. Ojalá pueda ser en la feria de Murcia y en La Condomina. Pero debemos de ser cautos. Las circunstancias de aquí a septiembre pueden variar y, por tanto, nos incapacita a la hora de adelantar acontecimientos. Pero ojalá pueda disfrutarlo con los míos, en mi tierra. Es un año extraordinariamente especial para mí como torero y como persona.

Analizar el pasado es un juego de niños comparado con predecir el futuro, pero ¿qué aguarda en estos momentos el destino para el mundo del toro?

Soy una persona optimista. Tenemos que seguir uniéndonos, y en este sentido debemos de reconocer la labor de la ‘Fundación del Toro de Lidia’. Esta circunstancia constante de amenaza que vivimos tiene que servirnos para poner en valor todas nuestras fortalezas. A nivel cultural, económico, ecológico, social, etc. Lo que más me preocupa es la deriva política. Si ellos (los políticos) nos respetan y hacen prevalecer la democracia, el mundo del toro tiene un gran futuro. Lo creo así. Somos un país maravilloso en el que disfrutaremos de la posición que merecemos. A partir de aquí: respeto. Tenemos la profesión más maravillosa del mundo que demuestra diariamente los valores más preciosos de la vida.

¿Y para Rafaelillo?

Solo lo sabe el de arriba. Lo único que tengo claro es que la vida me ha enseñado a vivir en el presente. Lo que Dios me tiene deparado, nadie lo sabe.

Antonio José Candel @AntonioJoCandel