MORIR DE AMOR EN UNA PLAZA DE TOROS

El amor es ese sentimiento que nos impulsa a hacer cosas que pensadas fríamente seríamos incapaces de ejecutar. Se preguntaran que qué hacemos hablando de esto en un medio taurino, que no viene a cuento, pero verán como la historia que les vamos a contar hoy día de San Valentín, día de los enamorados para muchos, y de los tontos para unos cuantos, si tiene relación con la temática de nuestra página web.

Seguro que serán de los que algunas veces se han calentado las entendederas para buscar un regalo que guste a la persona que te complementa en un día señalado. Un presente que se salga de lo habitual y que sorprenda de manera grata. Eso es lo que tenía en la cabeza el protagonista de este artículo, el lorquino José García Alcaraz, más conocido como “El Pollo”.

Corría el año 1898. Lorca estaba en plena celebración de sus fiestas de septiembre y la entonces joven plaza de toros de Sutullena celebraba su feria taurina. Como era normal, a los festejos taurinos reales que se celebraban allí no les faltaba detalle. Uno de los elementos más llamativos eran las moñas que se les colocaban a los toros. Normalmente estas se confeccionaban por damas de la alta sociedad que aprovechaban esta circunstancia para mostrar su esplendidez y buen gusto.

Además, en la torería de la época se había puesto de moda la suerte de “arrancar la moña”. Esa suerte consistía en quitarle al toro ese elemento a la salida de una suerte y inmediatamente después ofrecérselo a una persona principal, normalmente del género femenino, algo que causaba el clamor entre los públicos.

Con la plaza llena para ver a Fuentes y Algabeño despachar una corrida de toros de D. Félix Gómez, José García seguía pensando en cómo sorprender a su amada.

Salió el primer animal de la tarde sin la moña. Resultó que el mozo de toriles había estado desafortunado en su colocación y no logró ponerla sobre el morrillo del toro con fuerza. El adorno se precipitó al suelo del chiquero y allí estaba, esperando a que al enamorado aficionado lorquino se le encendiera la bombilla. Y así fue. “El Pollo” deseó la moña para su novia y corrió presto a cogerla.

Mientras que la gente estaba pendiente de la suerte de varas, el aficionado con sigilo fue hasta la meseta de toriles, abrió la trampilla del chiquero y se coló por ella para tratar de coger el deseado regalo.

La tarde siguió su curso. Tocaron los clarines para que saliera el segundo toro de la tarde, de nombre “Caramelo” para “El Algabeño”. El torilero abrió la puerta y salió un toro como un tren, pero antes de cerrarla la gente se echó las manos a la cabeza. Detrás del toro había salido también un hombre magullado, lleno de babas de rumiante y temblando. A la altura de su pecho sujetaba con la mano izquierda la moña del primer toro. El hombre estaba ido, blanco como la cal.

No era otro que nuestro ya conocido José García, que llegó a tablas y pidió un vaso de agua a la vez que era socorrido por varios curiosos que querían saber porque había salido de la puerta de los sustos.

Las miradas no se dirigían a la lidia de “Caramelo”, todo el mundo estaba pendiente del estado de ese hombre. “El Pollo” con la voz entrecortada explicó a los que lo auxiliaban que se había equivocado de trampilla. Se precipitó encima del segundo toro que estaba acostado y el animal estuvo intentando echarle mano durante más de diez minutos hasta que le dieron suelta. García relataba su suerte, y esos minutos que se le hicieron eternos. Se refugió en un ángulo irregular del chiquero donde el toro no alcanzaba a darle con las astas, ya que era ancho de cuna, pero si lo alcanzaba con el hocico. El toro lo intentó todo para limpiarse al invitado inesperado en el chiquero, pero no lo consiguió.

Cuando “El Pollo” ya respiraba en el callejón, y poco después de comentar la hazaña, cayó redondo al suelo. Su corazón no podía más. Se lo llevaron a la enfermería donde le hicieron de todo para conseguir mantenerlo con vida. Pero el infarto era de gravísimas consecuencias.

En los delirios, en la enfermería, antes del fatal desenlace, donde sujetaba aun con fuerza la moña, se le escuchó decir: “Que se la lleven luego a mi novia, le gustará mucho, porque es muy bonita. Más bonita es ella…..”

Y José García subió al cielo, por amor y por un susto de muerte.

@elmuletazo