“HERMOSA SINGLADURA” por Marcial García

“…Pide que el camino sea largo…

Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino…”

            Unos versos de Kavafis han servido para mantener muchas largas conversaciones, muchas hermosas vivencias con el amigo, en torno a nuestra locura común, sobrecargada de la admirada devoción a una entrega sin doblez de un destino de vida… Y un destino querido hasta la desesperación, porque creo que sería capaz de vivir sin respirar… pero necesita vitalmente sentir el aliento del toro en sus ventrículos, en sus aurículas, en sus capilares.

            A pesar de que estos tiempos no son adecuados para la lírica, vientos propicios soplan sobre un velamen a medio desplegar. Se ha retomado de nuevo la derrota, el rumbo ilusionado  hacia el destino marcado a fuego en los ijares. Y buena culpa del rumbo retomado la ha tenido Oscar, el amigo, el gestor recuperado tras la difícil temporada, pasada en hueco.

            Me gusta este tándem. Y me gusta, porque conozco a los dos lo suficiente para saber que, superados acontecimientos pasados, si acaso los hubo, el andar de nuevo juntos los duros caminos de esta profesión de locos, recupera ilusiones y complicidades. Además, les une a ambos amistad y confianza, algo imprescindible en estos intercambios de poderes. La humanidad de Oscar le permite compartir apoderamiento con Rocío, sin que interfiera en la gestión de ambas carreras. Este escribidor, colega en funciones educativas con él y que ha compartido pasión por el arte indeleble que derramaba en los ruedos un rubio coletudo lorquino, tiene fundadas esperanzas en su difícil gestión, porque este chico sabe desenvolverse con habilidad en este piélago de piratas.

            Por eso creo que ambos pueden abrir ventanas que parecían cerrarse.

            Nunca fue fácil el camino de un torero. Y mucho menos en estos tiempos próximo-pasados, cuando cualquier posibilidad, no ya de ascenso, sino de simple comparecencia en un ruedo, está mediatizada por los mangoneantes de la “cosa”, que imponen a sus protegidos, cerrando a cal y canto el camino a cualquier otro, sobre todo si se apunta viento fresco.

            Pero, mire usted por dónde, llega el pánico por el bichejo y el tinglado se trastabilla. Todos los grandes “dones” se dan cuenta que las nuevas formas que impuso la pandemia también les cerraron el chiringuito, con todos sus negocietes, componendas y apañijos.

            A partir de este momento, todos saben que las cosas no van a ser igual. Y cundió el pánico, agravado por la desastrosa actitud de un ministro desnortado y un sector de los gobernantes claramente abolicionistas. Se suspendieron ferias, se quedaron toros y novillos en los cercados, se quedaron sin trabajo, no solo los que se visten de luces, sino también los que viven de los flecos y complementos de este motor económico, incomprensiblemente ignorado por las distintas administraciones. Y el futuro se hizo más negro para todos. Y los falsos profetas comenzaron a predicar el regeneracionismo, que pronto mostraría sus verdaderas alas, empezando a mover los hilos para que nada cambiara.

            Pero este parón y esta falta de soluciones justas y realistas, ha servido, además de para que se pierdan cientos de festejos, para que se abran resquicios de esperanza de que esto se avente, limpie y sanee, para que pasen por ellas los que llevan la levadura renovada de la vieja liturgia, para que enciendan la ilusión de una afición moribunda, mostrando su arte y su verdad.

            Por esos caminos anda mi amigo. Ése que mece los versos del viejo alejandrino que habla de seguir el largo camino hasta la Ítaca añorada, como hoy le he visto mecer su capote poderoso, cómo ha moldeado dificultades de los astados, reconduciendo trazados a voluntad, con mano poderosa y honda…

            Disfruté mucho contemplando las imágenes de sus andanzas por tierras andaluzas de fin de semana. Son imágenes que trasminan mucha esperanza. Pero mucho más me alegré cuando, bien entrada la noche del lunes, mi amigo me invitaba a acompañarle a Soto de la Fuente, dónde le reclamaba la generosidad del ganadero para tentar y lidiar un toro a puerta cerrada, como en su día le había prometido.

            Una mañana entoldada, con aromas de primavera de la sierra sevillana, ha sido el escenario para reafirmar esperanzas, comprobar que la rotundidad en las formas, no marchitan la frescura de la inspiración. Que sigue el diálogo sin  palabras, el tempo y el modo con que sigue interpretando esa música callada que pregonara Bergamín, que da sentido y aromas a la creatividad, al chispazo inesperado del fuego de Prometeo que anida en su corazón y su cabeza.

            Larga y hermosa singladura se confirma. Esperanzadas pulsaciones se adivinan en la mirada glauca de este Odiseo que escruta decidido el horizonte que le conducirá a la meta, sin que deriven su rumbo ni cantos engañadores de sirena ni espumosos bramidos del salvaje Poseidón. Templando a golpes de martillo y voluntad un irrenunciable destino. Oteando, cargado de enriquecedoras experiencias, la meta soñada.

Por Marcial García García

Fotos: J. Romero y Marcial García