OPINIÓN: “CONTUMAZ IRRESPONSABLE” POR MARCIAL GARCÍA

El dicho “mantenerse en sus trece (XIII)” proviene de una contumacia: la de Pedro de Luna, Benedicto XIII, papa de Roma. Dicho papa (que no antipapa, como lo sigue declarando la oficialidad romana), fue elegido en tiempos difíciles y duros, pero de forma canónica. Con el apoyo de los reinos católicos, comenzó su reinado en Avignon, pero, por disidencias y conveniencias, fue quedándose solo, resistiendo a insidias, intrigas e intentos de asesinato, varios, por los que se autoproclamaban defensores de la verdad. Desde su fortaleza de Peñíscola, Benedicto siguió en su legalidad, impartiendo excomuniones a diestro y siniestro.

            El señor ministro de ¿Cultura?, Rodríguez Uríbes, debió de leer -mejor escuchar- algo sobre el tema, pero no, no debió entender demasiado bien el mensaje. Martínez de Luna -Benedicto XIII- defendía la canonicidad de su elección, porque fue legal y real. Después, las conveniencias de los poderosos, sobre todo de la Francia que le hospedaba y de la Roma que le había perdido (lo más parecido a la Gran Prostituta del Apocalipsis), intentaron reconducir el asunto a su conveniencia. Para ello no pararon en elecciones anticanónicas, atropellos a la fe y a la legalidad y a todo cuanto fuera preciso, veneno incluido, para doblegar al testarudo aragonés y que dejara el anillo del pescador y el timón de la zozobrante nave de Pedro. Él siguió fiel a su titularidad y aguantó carros y carretas, deserciones e infidelidades… y murió papa. El caso de Uríbes, es muy otro. Y, lo que en Benedicto fue irreductibilidad, en el ministrito es contumacia.

            El señor acarterado ha demostrado en varias ocasiones su falta de tacto y su falta de reflejos políticos. Llevado de su desnorte, amparado en la falta de olfato del presidente, de la animadversión del vicepresidente coletudo, y de la falta de valentía y oportunismo de algunos buenos aficionados del gabinete, con la vicepresidenta a la cabeza, ha sabido echarse encima a todo el mundo del toro por su inoportunismo e irresponsabilidad en la gestión de muchos problemas que corresponde a su ministerio, con la Tauromaquia a la cabeza. Pero, además de las meteduras de pata y dejaciones de obligación, el tal (que como individuo está perfectamente justificado, pero no como ministro del ramo), no ha dejado de crear confrontaciones y desencuentros en estos tiempos difíciles y clarificadores. Con rara habilidad, ha sabido concentrar en su persona todas las justas reivindicaciones del mundo del toro, al que ignora y menosprecia. Este escribidor ya le mandó aviso a navegantes en forma de “carta abierta”, al tiempo que buenos aficionados de las altas esferas del partido le llamaban a la cordura y conciliación en estos tiempos apocalípticos.

            En un momento, el señor de la cartera parecía que entraba en razones, recibiendo a distintos representantes, más o menos autorizados y legitimados, para estudiar sus peticiones y tratar de entender los muchos memoriales de agravios recibidos. Pero, la alegría dura poco en la casa del pobre.

El Ministro de Cultura en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla acompañando a su majestad el Rey en los premios taurinos de la temporada 2019

            Hete aquí, que en plena “farsa de recuperación” (el entrecomillado es mío), en un periódico de tirada nacional, siempre buscando minar el suelo a los “sociatas”, va y entra al trapo (sí, con este símil taurino) y vuelve a cagarla con una respuesta impropia de quien tiene la responsabilidad del asunto, que juró defender. Lógicamente, como Caifás, muchos sumos sacerdotes de la falacia y el oportunismo se han rasgado ostentosamente las vestiduras. Y el ministrito, otra vez, con sus sebáceas posaderas al aire, no solo para recibir las azotainas que por tontaina merece, sino cosechando improperios para el gobierno y para el partido que dice representar, en el que, como en toda la sociedad española, hay estupendos y fieles aficionados, irreductibles devotos (como el que suscribe) y contrarios a la milenaria liturgia.

            No andan los tiempos para vaguedades. El señor ministro, mejor, ministrito, debe de andar un poco desorientado o gagá. Si es lo primero, los asesores, que tendrá bien pagados, debían aleccionarle; los santones del partido, advertirle que cada vez que la caga, junto con el truño, se van por el escusado unos cuantos cientos de miles de votos, entre los que algún día -espero que no- podría ir el mío; y los buenos aficionados de la cúpula del partido, que los hay, reconvenirle su estulticia. Pero, honestamente, creo que ya va siendo tarde. Y, si, como me temo, fuera lo segundo, lo mejor que podría hacer, por la cultura y por su propia persona, es largarse a un lugar de reposo y cura, para que no se resquebraje más esta grieta abierta entre los seguidores de algo que es patrimonio inmaterial y la incompetencia y contumacia de alguien que es incapaz de comprender algo tan complejo e importante como lo que aquí está en juego, que, además, es de su competencia y obligación.

            Por todo ello, antes que el abismo abierto sea mayor y trague a buena parte de los que creemos que socialismo es libertad y defensa de las libertades, el ministrito contumaz e irresponsable haría un gran servicio a la cultura y al PSOE yéndose a casa -a ser posible sin pensión del cargo-descargo ministerial- a leer sobre la sexualidad de la mosca blanca del olivo y el “mantenerse en sus XIII” del papa Luna.

            Y no le mando directamente a dónde me inclina mi sentimiento, porque aún me queda un poco de paciencia hacia la oveja descarriada.

            Estudie la historia de la tauromaquia. Repase la trayectoria de tantos buenos aficionados del partido. Y, por respeto a una y otros, déjenos en paz y no nos eche encima los malos frutos que traerá su irresponsabilidad contumaz.

(Terminado el artículo, recuerdo una foto con cuatro históricos del PSOE: Yáñez, González, Múgica y García Bloise, aferrados a taurinos capotes. Creo que, en su día, sirvió para que dichos líderes manifestaran desde El País su taurinismo. Esta foto hace bueno, una vez más, el viejo adagio latino: O tempo, o mores!)

Por Marcial García