OPINIÓN: “MÁS REPUGNANCIA” por José Luis Valdés

Hace apenas tres días sufrí un leve achuchón cardíaco. Una vez cancelada felizmente mi reserva en el tanatorio, me dispuse a seguir escrupulosamente el consejo de mi cardiólogo de evitar el estrés innecesario. Pero las noticias que nos llegan de la Escuela de Tauromaquia de Murcia no me ayudan absoluto, pues no son nada tranquilizadoras. Esto me ha hecho recordar que de todos los artículos que he escrito para El Muletazo hay uno antiguo del que me siento especialmente orgulloso, pero que curiosamente nunca llegó a publicarse. Se titulaba “Repugnancia”. ¿Me siguen?

 Lo escribí en julio de 2015 y lo remití por email a nuestro antiguo y añorado director Antonio González Barnés. Cuando lo leyó, él también se estresó mucho, tanto que decidió consultar con un abogado. Ante la gravedad de los hechos relatados -presuntos, siempre presuntos, mis queridos niños-, el abogado le dijo que mejor pusiera el caso en conocimiento de la Fiscalía.

 Mi intención al escribirlo era alertar a los padres para que extremaran la vigilancia sobre sus hijos y también animar a las posibles víctimas a denunciar los hechos.

 Cinco años después, ¡CINCO!, las circunstancias han cambiado a peor; ha habido varias denuncias en comisaría y unas actuaciones policiales que ya veremos dónde acaban. Pero ahora, cuando muchos se rasgan las vestiduras y alegan ignorancia de este secreto a voces, creo que ese artículo premonitorio tiene aún más interés y por eso hoy quiero compartirlo con ustedes.

 Además de aficionado, como pediatra que soy (y por otras circunstancias personales que ustedes podrán imaginar fácilmente), estoy especialmente sensibilizado con este asunto que afecta a menores y siento aún más repugnancia, mucha más, de la que sentía por entonces. Me cabe el consuelo, insuficiente desde luego, de que he hecho todo lo posible por cortarlo. Insisto para que no haya dudas: “to-do”. Lamento no haber contado con la colaboración de otras personas para que esto se hubiera podido parar mucho antes.

 De momento, urge una rueda de prensa para que el más directo responsable de la Escuela, Pepín Liria, dé explicaciones públicas y dimita a continuación antes de levantarse de la silla o, en caso contrario, sea cesado fulminantemente. Y si de paso devuelve la Medalla de Oro de la Región, pues aún mucho mejor. Pero ya mismo, porque mañana seguramente será tarde…

 Por último y antes de que lo lean, queridos amigos, quiero dirigirme muy especialmente a todos los menores que hayan podido sufrir en impotente y dolorosa soledad algún tipo de abuso en su lucha por alcanzar ese difícil sueño de ser toreros. Les expreso mi más sincero apoyo y mi más absoluta solidaridad. Desde aquí les animo a rebelarse, a no callar, a confiar en la policía y en la justicia, y que denuncien sin ninguna vacilación todos los abusos de los que pudieran haber sido víctimas. Espero que con la ayuda de sus familias superen lo mejor posible esa tremenda experiencia y que no cejen en su bonito empeño, en la seguridad de que hoy todos los taurinos de bien estamos con ellos.

 Y, por favor, que nadie me diga ahora que yo era el único que lo sabía porque no, no es verdad.

“REPUGNANCIA” (escrito el 16 de Julio del 2015)

Esto que hoy les cuento desgraciadamente no es un relato inventado, sino uno de esos casos con los que convivimos a diario sin darnos cuenta hasta que se destapan en los medios de comunicación. Fue un comentario infantil, sin tener conciencia de la verdadera gravedad de aquellas palabras. No en vano la niña, aunque ya estaba bastante desarrollada, tenía tan sólo trece años:

-“Ese hombre me envió un WhatsApp pidiéndome fotos en biquini.”

 ¿Qué hace un tipo de su edad con teléfonos de niñas de trece años en su agenda? Desafortunadamente ya habían pasado varios meses y el repugnante mensaje había sido borrado. Entonces el padre comprendió su maldita insistencia en invitarle a algunos eventos taurinos camperos:

-“El domingo Fulanito mata un becerro a puerta cerrada. Es un chaval que promete mucho y tengo el gusto de invitarte. No olvides traerte a la niña.”

 Hijo de la gran puta. Tuvo ganas de matarlo. Pensó en presentar una denuncia, pero no disponía de más pruebas que el testimonio de una cría a la que no quería hacer pasar por un calvario de trámites judiciales de resultado incierto. Así que decidió extremar la vigilancia y apartarla de aquel asqueroso individuo.

 Se tragó su propio vómito hasta que tiempo después salió de nuevo su nombre en una pequeña tertulia. No pudo aguantar su asco y les contó a los presentes lo sucedido. Para su sorpresa, alguien le dijo:

-¡Ah! ¿Pero no lo sabías? Esa es su debilidad y lo sabe mucha gente. Fue muy sonado el incidente que tuvo con el abuelo de una conocida torera -no pongo el nombre para no comprometerla-, pero todo quedó en nada por falta de pruebas -otra vez la falta de pruebas-. Era la palabra de uno contra la de otra.

– O sea, que hay más casos…

-Ya ves; dicen que está enfermo; que está en tratamiento psiquiátrico…

 Hace unos días, en la presentación de los carteles de la feria, ese mismo padre se lo cruzó y se limitó a ignorarlo como se ignora a una cucaracha. Empezó a convencerse de que era un tema ya casi superado. Que lo mismo el tratamiento ya le tiene controlado.

 Pues no. Para su sorpresa e indignación ayer le llegó una nueva noticia. Según le informa un buen amigo, ahora el sinvergüenza, que no es fisioterapeuta ni nada parecido, se dedica a darle masajes a los chavales con la excusa de evitar supuestas sobrecargas musculares, especialmente -qué casualidad- de los abductores, músculos estratégicamente situados junto a los genitales.

 Estoy convencido de que sus responsables jerárquicos conocen el caso perfectamente y no pueden seguir mirando hacia otro lado si no quieren ser sus cómplices. El escándalo puede estallar en cualquier momento, en cuanto alguna de sus nuevas víctimas lo comente con sus padres y venza el miedo a ver frustradas sus ilusiones, probablemente el mismo miedo que les mueve a aguantar los sobeteos. Entonces quizás llegue la necesaria denuncia ante los tribunales y algunos -no sólo él- tendrán que dar bastantes explicaciones.

 Desgraciadamente el padre ya no tiene la prueba en el caso de su hija, pero, cuando eso suceda, seguro que acudirá gustoso como testigo. Aparecerán más víctimas y la acumulación de testimonios similares e independientes será la prueba que le condene.

 Mientras tanto pido y espero que quien corresponda abra una urgente investigación que permita apartar a ese repugnante malnacido de los chavales.

 Y que los masajes se los dé a su dignísima madre.

Por José Luis Valdés.

* El Muletazo no comparte necesariamente la opinión de sus colaboradores, siendo las opiniones exclusiva responsabilidad de quienes las firman.