OPINIÓN: “GENEROSIDAD PARA CRECER EN LA ADVERSIDAD” por Marcial García

“En las adversidades sale a la luz la andreia (valor varonil)”.

Aristófanes 

En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tú mismo.

Cicerón. 

“La adversidad tiene el don de despertar talentos en la prosperidad hubiesen permanecido durmiendo”.

Horacio

            Esta tarde de jueves he vuelto a “La Losica”, con temblor en las manos. Un temblor que nace de la preocupación, no del miedo ni la desconfianza. Desde hace muchos años esta casa significa mucho para mí. En ella encontré el cariño que es muy difícil encontrar y a la persona que quiero y me ha querido entrañablemente. Nos unió, hace años la admiración por un torero y nos lo mantiene otro por el que apostó con toda su alma desde los comienzos. “Este chiquillo tiene ángel -me decía apasionado- Y eso es muy difícil encontrar”. Y apostó fuerte. Pero un mal viento nos lo alejó un día aciago.

            Por eso vuelvo a la casa, desde entonces, con un escalofrío de amistad malograda, aunque Antonio y familia me sigan dispensando un cariño casi inmerecido. Esta tarde, además, con los malos vientos que soplan y la esperanzas truncadas, sé lo que se pone en juego, sobre todo de cara a la reafirmación de lo que los tiempos niegan. Por eso mi temblor es más acusado. Y eso no quiere decir que no confíe en la voluntad de ser y estar del amigo que rumia su destino, sino mi propia duda de lo indudable: un don de Dios, estampado con su dedo, y una inquebrantable voluntad de alcanzar un irrenunciable destino.

            Entre otras muchas virtudes, el ganadero ha heredado el carácter paterno de esa rara avis que es la bonhomía y la fidelidad a los sentimientos. Lo sé por la vivencia de lo que a mi humilde persona se refiere y lo volví a revivir en tiempos cercanos.

            Acompañado de Filiberto, hace unas mañanas, nos desplazamos a la finca con el propósito de compartir inquietudes de estos tiempos de cenizas y beber el vino y la amistad que en la casa se derrochan. Visitamos los cercados, recibimos confidencias de temores, sopesamos proyectos truncados y rumiamos la esperanza desesperanzada.

Fili ¿te gusta ése? -dijo, señalando un eral adelantado en uno de los cerrados.

¿Y ése? -señalando un toro de buenas hechuras en otro cercado.

Cuando pasen unos días, metido agosto, preparamos todo y los matas -señaló con el gesto de generosidad heredado, y la ilusión en las pupilas.

            Y la tarde del jueves, 13, se cumplió lo previsto.

            A pesar de los inciertos tiempos que corren, el torero fortalece su voluntad con ejercicio de RESILENCIA, esa hermosa y desconocida palabra que nombra el esfuerzo y aferramiento de voluntades para superar adversidades. Y la de ahora, para el mundo del torero lo es. Pero, lejos de caer en pesimismos derrotados y frustrantes desesperanzas, como un hoplita heleno o como un corredor de fondo, callada y continuamente, ha estado fortaleciendo su cuerpo y su voluntad. Muchas horas de esfuerzo físico, para tensar y afilar el músculo; muchas horas de paseos y soledades consigo mismo, repasando su vocación irrenunciable y meditando en los periplos que ha de seguir en su irrenunciable camino a Ítaca. Uno goza del privilegio de la intimidad y lo sabe. Por eso, a pesar de sus temblores, atesora la firme convicción del amigo y la esperanza en la ayuda divina, no para obtener el regalo, sino para perseverar en lo recibido.

            Y vaya si lo ha sido.

            Desde que me comunicó la convocatoria, vi en él la decisión y la ilusión. Locuacidad, confianza y ganas de compartir su euforia. La compañía de sus colegas, de su familia, de sus amigos… Una selección querida ante la que desarrollar todo lo atesorado en estos tiempos, donde manifestar el progreso y la madurez técnica, la confianza en las dificultades superadas y, sobre todo, ese dar palmaria fe de su decisión y vocación inaparcable, inalienable, irreductible…

            Y, con la solemnidad de una tarde venteña, todo ha ido surgiendo con la perfección soñada: pasos medidos, firmeza de maestro consagrado, ilusión de debutante bozaleño… y, uno a uno, los distintos momentos del sagrado rito se han ido desgranando: lances firmes o delicados de capote; mandato y temple de muleta, probando distancias, templando arreones, prolongando embestidas y ejecutando fulminante el volapié, mientras su voz ha mandado en la lidia con autoridad de viejo senador romano y cuerpo de joven atleta olímpico.

            El aliento sobrecogido de los asistentes, ha dejado escuchar el jadeo del toro, la respiración agitada y acompasado del torero, el reburdeo lejano de los toros en los cercanos y el clic-clic-clic de la cámara de Laforet. Ha sido el propio ganadero el que ha recordado que se puede -y debe- aplaudir, haciendo que las palmas atruenen con vuelo nervioso de palomas…

            Una hermosa vivencia para todos. Una reafirmación de muchas cosas y una satisfacción contenida y gozada del torero.

            Comentando con Fran Pérez el evento, me recordaba que éste sería el año soñado para Filiberto. Lo es, querido Fran. Lo es porque por encima de los triunfos en cosos está, como dicen las citas de arriba, el triunfo sobre uno mismo y sus inquietudes. Largos años quedan por delante para que -Dios mediante- el oro fino de este torero brille con luz propia sobre las mediocridades, los “rivayvals” vergonzantes y la cosa nostra. Dios y el tiempo se lo deben. Y Dios es Justo y Todopoderoso.6-1-1710111213Texto y Fotos: Marcial García García