OPINIÓN: “A LA INJUSTICIA SE LE DICE INJUSTICIA” por Fran Pérez

Si José Álvarez “Juncal” tuviera que pasear su torería en estos tiempos donde su gran pasión está siendo perseguida, se hubiera plantado frente a la Ministra de Trabajo para dejar la retahíla de sinónimos que le enseñó aquel periodista homosexual que encontró la muerte en Antequera y que firmaba sus crónicas como “Arponcillo”.

A Yolanda Díaz le dejaría claro, como se lo dejó a Luis Miguel Calvo al pie de la cama, aquello de que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. “A la injusticia se le dice injusticia”. Y con voz de un murciano de la Cuesta de Gos seguiría pregonando: “Favoritismo, inmoralidad, atropello, abuso, componenda, desafuero, iniquidad, privilegio, sinrazón, tropelía y parcialidad”.

Eso es lo que está cometiendo el Gobierno de España con los profesionales del toro. El Ministerio de Trabajo los está excluyendo de las ayudas excepcionales por las crisis del coronavirus a los artistas de espectáculos públicos alegando que no pertenecen a este régimen, saltándose a la torera diversos reales decretos y leyes que los incluyen dentro de él y omitiendo la advertencia del Ministro de Cultura, afirmando que los lidiadores están en lo cierto.

Los trabajadores del mundo del toro no piden nada raro. Solo que se les equipare con los trabajadores de otras culturas que si están recibiendo la ayuda del Ministerio de Podemos. La llamada “igualdad” que vende el Gobierno de coalición y que también debería existir en estos casos laborales.

Todo lo que tenga que ver con Podemos jamás se entenderá con algo que tenga que ver con la fiesta de los toros, por el simple hecho de que el partido político está financiado por lobbies antitaurinos. Iglesias tiene que seguir mendigando la paga de los suyos (él la tiene ya asegurada de por vida), como lo hacía el mencionado “Arponcillo” con “Juncal”, para mantener su tinglado y hablar bien de los temas de todo aquel que le proporciona beneficio.

Pero su rentable invento político está en plena desaparición. La gente cada vez se aparta más de ellos porque sus palabras nada tienen que ver con sus hechos. A la desesperada están tratando de salvar el barco. En las elecciones de Galicia y en el País Vasco el agua ha entrado en el partido como en el Titanic, y no se pueden permitir perder más votos, ni pasta externa, si quieren seguir mamando de la teta.

Y es aquí donde aparece el miedo. Ese es capaz de darle a todo la vuelta. De la valentía de ejecutar los “escraches” y venderlos como arma contra la crisis al victimismo de recibirlos en sus propias carnes y llamar a la legión de periodistas afines para decir que comuniquen que los subalternos son muy malos y gritan cosas. Como el viejo dicho murciano, “no se puede orinar hacía arriba que luego te cae todo encima……”Ed2bB91XoAIQNo2

No me enorgullezco de lo que pasó en Toledo el pasado viernes, pero el grito desgarrador de los subalternos son el hambre y la desesperación hechas sonido. Es condenar a las personas a que cambien su modo de vida, lo que saben hacer, con lo que pagan sus deudas y sus facturas a fin de mes, sin justificación alguna. El mundo del toro dejará de existir cuando no haya nadie capaz de luchar por él, o cuando los que lo integran lo rematen desde dentro, pero no por el capricho de supervivencia de un partido político que ha perdido el norte.

Imaginaos lo qué pensaría el poeta de Fuente Vaqueros con apellido de localidad murciana, ese que dijo que “la fiesta de los toros es la más culta que hay en el mundo”, y que fue asesinado junto a Francisco Galadí y Joaquín Arcollas  (dos banderilleros anarquistas que defendían los derechos de los trabajadores de la época), al comprobar que 84 años después en Víznar, los que sujetan los fusiles, señalan con el dedo, comparten ideas con los del tiro en la nuca y ejecutan las libertades son los que antes consideraba como sus camaradas.

Muchos ya hemos tomado nota.

Fran Pérez @frantrapiotoros